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Articulo extra BIOGRAFIA DE ABRAHAM

Biografia de Abraham

Abraham es el primer personaje bíblico cuyos datos biográficos permiten ubicarlo, aunque en forma limitada, en una época histórica. Los erúditos de historia bíblica consideran que Abraham—llamado originalmente Abram, hasta que Dios le cambió su nombre cuando tenía noventa y nueve años de edad— vivió durante el Siglo 19 A.E.C.
 Abraham fue el primer patriarca, el antepasado tradicional de los hebreos, árabes y otras naciones. Su historia está relatada en los capítulos 11 al 15 del libro de Génesis.
Abraham fue un hombre de muchas facetas. Llegó a Canaán como inmigrante, pero cuando murió dejó grandes riquezas. Fue respetado y honrado por reyes, quienes lo trataron de igual a igual.
Amaba a su esposa y generalmente accedía a hacer todo lo que ella le decía, pero también fue un guerrero valeroso, cuando la ocasión lo exigía, como lo probó cuando persiguió y derrotó a la coalición de cuatro reyes que habían capturado a su sobrino Lot.
Su fe en Dios le hizo aceptar, en silencio y sin protestas, el comando divino de sacrificar a Isaac, su hijo amado, pero no fue obstáculo para que discutiese y regatease con Dios por la vida de los habitantes de Sodoma, a pesar de que estos le eran completamente desconocidos.
Abraham nació en Ur de los Caldeos, una ciudad de Sumeria en el valle del Eufrates, cerca al Golfo Pérsico, en una región que hoy pertenece a Irak. Fue la décima generación desde Noé, a través de la descendencia de Shem. Su padre se llamaba Teraj, y sus hermanos fueron Najor y Harán.
Abraham, cuando aún residía en Ur, se casó con Sarai—cuyo nombre, años después, Dios cambió a Sarah—. Su hermano Najor se casó con su sobrina Milcah, hija de Harán.
Cuando su hijo Harán murió, Teraj viajó con Abraham, Sarai y su nieto Lot, hijo de Harán, a la ciudad de Harán, que estaba situada entre los ríos Tigris y Eufrates, en el norte de Aram, hoy territorio turco cercano a la frontera con Siria.
A la edad de setenta y cinco años Abram recibió un mensaje divino ordenándole que abandone la ciudad, con la promesa de que sus descendientes serían una nación. De inmediato, acompañado de su esposa y de su sobrino Lot, Abraham viajó a la tierra de Canaán, que Dios prometió sería de él y de sus descendientes.
Abraham llegó a la ciudad canaanita Shejem—hoy llamada Nablus—donde construyó un altar al SEÑOR. Allí Dios le repitió su promesa de dar el país a sus descendientes.
Abraham continuó de Shejem a Bet-El, donde armó su carpa cerca a la ciudad y construyó un altar. Luego de una corta estadía continuó hacia el Negev en el sur, y luego, forzado por la hambruna que reinaba en la zona, continuó hacia Egipto.
En el camino a Egipto, Abraham, temeroso de que los egipcios lo matasen para apoderarse de su bella esposa, acordó con Sarai que la presentaría como su hermana, y no como su mujer.
Los egipcios que la vieron admiraron su belleza y cantaron sus alabanzas al Faraón. Este la hizo traer a su palacio, compensando a su "hermano" con generosos regalos de ovejas, bueyes, asnos, camellos y esclavos.
El Faraón descubrió que había sido engañado cuando Dios lo castigó a él y a toda su familia con plagas y enfermedades por haber traído a la esposa de Abraham a su harén. El Faraón ordenó que trajesen a Abraham a su presencia, le devolvió Sarai, y expulsó a la pareja de Egipto.
Abraham―ahora un hombre próspero, rico en ganado, plata y oro―regresó a Canaán con su esposa y su sobrino Lot, y se estableció cerca de Bet-El.
Lot, quien también se había enriquecido y era dueño de rebaños y carpas, continuó viviendo con su tío Abraham. Esta proximidad causó problemas entre sus respectivos pastores, quienes empezaron a disputarse las limitadas áreas de pastoreo que había para los animales de sus respectivos amos.
Abraham, buscando una solución para el problema, le propuso a Lot que se separasen amigablemente, y que el sobrino escoja donde vivir. Lot escogió el valle del Jordán, entre las ciudades de Sodoma y Gomorra, donde había agua en abundancia. Abraham, por su lado, fue a vivir a la planicie de Mamre, cerca a la ciudad de Hebrón, y allí construyó un altar a Dios, quien nuevamente le prometió otorgar toda la tierra que Abraham veía, a él y a sus descendientes.
En esa época Quedorlaomer, rey de Eilam, tenía varios vasallos. Bera, el rey de Sodoma, era uno de ellos. Luego de servir a Quedorlaomer durante doce años, Bera, y otros cuatro reyes—Shinab, rey de Adma Shemeber, rey de Zeboim Birsha, rey de Gomorra y el rey de Bela—se rebelaron y formaron una alianza.
Quedorlaomer y sus aliados—el rey Amrafel de Shinar, el rey Arioj de Elasar, y el rey Tidal—lucharon contra los rebeldes en el valle de Siddim, en la región del Mar Muerto, y los derrotaron.
Bera y Birsha huyeron de la batalla y cayeron en los pozos de brea que había en el valle. Shinab y los otros dos reyes consiguieron escapar a las montañas.
Los vencedores tomaron un número de prisioneros, incluyendo a Lot, y se encaminaron de regreso a sus países, llevando con ellos todos los bienes de Sodoma y Gomorra que pudieron cargar. Uno de los cautivos consiguió escapar, y buscó a Abraham para informarle que su sobrino Lot había sido capturado y estaba siendo transportado a un país lejano. Abraham armó a trescientos dieciocho de sus sirvientes, y, con sus aliados Aner, Eshcol y Mamre, persiguió a los cuatro reyes, hasta que les dio alcance cerca de la ciudad de Dan. Allí dividió a sus hombres en grupos, espero a que caiga la noche para atacar a los enemigos, y los derrotó, persiguiéndolos hasta Hobah, cerca de Damasco. Abraham consiguió recuperar el botín, liberó Lot, a las mujeres cautivas, y a los otros prisioneros, a los cuales trajo de vuelta a Sodoma, junto con sus posesiones.
El rey de Sodoma salió de la ciudad para darle la bienvenida, acompañado por Malqui-Zedek, rey de Salem y sacerdote de Dios. Malqui-Zedek trajo pan y vino, y bendijo a Abraham, quien le dio diez por ciento del botín que había recuperado. El rey de Sodoma le dijo a Abraham que podía quedarse con todo el botín, pero Abraham no aceptó, diciendo que no quería darle un pretexto para decir que lo había enriquecido. Abraham aceptó recibir solamente lo que sus hombres habían gastado, pero le dijo al rey de Sodoma que donaba su parte a sus aliados.
Dios nuevamente se le apareció a Abraham, quien le mencionó que no tenía hijos, y que su sirviente Eliezer de Damasco era su único heredero. Dios le aseguró que sus descendientes serían tan numerosos como las estrellas en el cielo, que serían extranjeros en otro país, que sufrirían durante cuatrocientos años, pero que luego saldrían de allí con grandes riquezas.
La esposa de Abraham, Sarai, quien, hasta ese momento, no tenía hijos, decidió entregar su sierva, una muchacha egipcia llamada Hagar, a Abraham, como concubina, para así poder ella, por intermedio de Hagar, tener un hijo de Abraham. (De acuerdo a las costumbres de la época los hijos de las siervas eran considerados hijos de la esposa legítima)
El plan de Sarai dio un resultado distinto de lo que ella había esperado. Hagar quedó encinta, pero esto la hizo sentirse tan orgullosa que se olvidó de que era una esclava, y empezó a tratar a su ama Sarai con insolencia y falta de respeto. Sarai se quejó a Abraham del comportamiento de Hagar. Él le contestó que, ya que Hagar era su sierva, Sarai podía hacer lo que quería con la muchacha.
Sarai trató a Hagar con tanta crueldad que la joven huyó al desierto. Allí, en un oasis, encontró un ángel que le dijo que regrese a Sarai, y que tendría un hijo al cual llamaría Ismael, cuyos descendientes serían sin número. Hagar regresó y, meses después, dio a luz a Ismael. Abraham en ese momento tenía ochenta y seis años.
Trece años después, cuando Abraham tenía noventa y nueve años, Dios nuevamente se le apareció, y le dijo que su nombre ya no sería Abram sino Abraham, porque sería el padre de numerosas naciones.
Dios hizo un pacto con Abraham, y le prometió que él y sus descendientes poseerían la tierra de Canaán. Abraham, por su parte, como signo del pacto, se debería circuncidar, y que cada bebe masculino que naciera en su casa, o fuera adquirido de algún extraño, debería ser circuncidado a los ocho días de nacido.
Dios añadió que Sarai, desde ese momento, se llamaría Sarah, y tendría un hijo. Abraham se inclinó ante Dios, pero en sus adentros se reía pensando, "¿Un hombre de cien años como yo acaso puede tener un hijo? ¿Acaso Sarah, a los noventa años, puede dar a luz un bebe?"
"SEÑOR, ya tengo un hijo, Ismael", le dijo Abraham a Dios.
"También Ismael será bendito. Será el padre de doce príncipes y el antepasado de una gran nación, pero mi pacto eterno lo haré con Isaac, el futuro hijo de Sarah", le contestó Dios.
Ese mismo día, Abraham circuncidó a su hijo Ismael y a todos los otros hombres que vivían con él, incluyendo a los siervos.
En un día de mucho calor, Abraham estaba sentado en la entrada de su carpa, cuando vio que tres hombres se acercaban. Corrió hacia ellos y les ofreció comida y agua para que bebiesen y refrescasen los pies.
Los hombres aceptaron su ofrecimiento, y Abraham corrió de regreso a la carpa y le pidió a Sarah que de inmediato prepare pasteles. Luego, corrió adonde estaba el ganado, escogió un ternero tierno y gordo, y le ordenó a un sirviente que lo cocine. Cuando la comida estuvo lista tomó la carne del ternero, mantequilla y leche, y se los sirvió a los forasteros.
Luego de comer, los hombres le preguntaron a Abraham por Sarah, y él contestó que ella estaba adentro de la carpa. Uno de los hombres dijo, "Cuando yo regrese el año entrante, tu esposa Sarah tendrá un hijo."
Sarah, que estaba escuchando tras la puerta de la carpa, se rió de la absurda idea de que una pareja anciana, como ella y Abraham, pudieran tener un hijo.
Dios le dijo a Abraham, "¿Porqué se ríe Sarah pensando que es muy vieja para tener un hijo? ¿Acaso hay algo que sea imposible para mí? El año entrante, en esta misma época, regresaré y Sarah tendrá un hijo." Sarah, temerosa, negó que se hubiera reído.
Los hombres se levantaron y se dirigieron, acompañado por Abraham, a un sitio desde donde se veía Sodoma en la lejanía. Dos de los hombres continuaron hacia Sodoma.
Dios le dijo a Abraham que los pecados de Sodoma y Gomorra eran demasiado grandes para ser perdonados. Abraham discutió con Dios tratando de convencerlo de que no destruyese la ciudad, aún si solo se encontrasen en ella poca gente inocente. Dios le prometió a Abraham que no destruiría Sodoma si en esa ciudad se encontrasen diez personas inocentes.
No fue encontrado un solo inocente en Sodoma, y, por lo tanto, la ciudad fue completamente destruida. Unicamente Lot, el sobrino de Abraham, su esposa y sus dos hijas lograron escapar de la hecatombe que asoló la ciudad.
Abraham se mudó de la región de Hebrón al Negev, entre Kadesh y Shur, cerca a Gerar, una ciudad filistea situada al sur de Gaza, fuera de las fronteras de la Tierra Prometida.
Abraham recordó que, años antes, cuando fue a Egipto, había estado en peligro de ser asesinado debido a la belleza de Sarah. Por lo tanto, cuando estuvo frente a Abimelej, el rey de Gerar, recurrió al mismo engaño y presentó a Sarah como su hermana. Abimelej, impresionado por la belleza de la mujer, ordenó que llevasen a Sarah a su harem.
Dios castigó a Abimelej cerrando los úteros de todas sus mujeres, y se apareció al rey en un sueño, advirtiéndole que no toque a Sarah. Abimelej de inmediato envió a Sarah de regreso a Abraham le dio regalos de ovejas, bueyes y sirvientes, y le autorizó a que se establezca en cualquier parte de su reino. Abraham, en gratitud, rezó a Dios en favor de Abimelej. Dios curó a las mujeres, y la esposa de Abimelej tuvo hijos.
Sarah cayó encinta y dio a luz un hijo, a quien Abraham dio el nombre de Isaac. El bebe fue circuncidado ocho días después. Abraham, en ese momento, tenía cien años.
Transcurrió el tiempo e Isaac creció. Un día Sarah vio a Ismael, el hijo de Hagar, que se estaba burlando. Fue a quejarse a Abraham y le exigió que se libre de la esclava y de su hijo, y que quedase muy en claro que solo Isaac sería su heredero. Abraham, que amaba a su hijo Ismael, no quiso acceder a la demanda de Sarah, hasta que Dios le dijo que hiciese lo que su esposa le pedía, asegurándole que los descendientes que tendría, a través de Ismael, también serían una gran nación.
Abraham se levantó muy temprano en la mañana siguiente, le dio a Hagar panes y agua, y la despidió a ella y al muchacho. Hagar e Ismael lograron sobrevivir a duras penas la terrible experiencia de deambular por el desierto y casi morir de sed. Ismael adquirió destreza como arquero y se casó con una muchacha egipcia.
Algún tiempo más tarde, los sirvientes de Abimelej, rey de Gerar, se apoderaron por la fuerza de uno de los pozos de agua de Abraham. Abraham se quejó a Abimelej, que había venido acompañado por Ficol, el comandante de su ejército.
Abimelej negó tener conocimiento del incidente, y Abraham le entregó siete corderos como prueba de que él, Abraham, había excavado el pozo. Los dos hombres juraron un pacto de amistad, y Abraham nombró al sitio Beersheba, El pozo del juramento.
Dios decidió someter a Abraham a una prueba, y le ordenó que lleve a Isaac a la tierra de Moriah, y que allí, en la cumbre de un cerro, lo sacrifique. Abraham aceptó la orden de Dios sin discutir, y salió, montado en su asno, llevando con él a su hijo Isaac, a dos jóvenes sirvientes, y leña para la hoguera del sacrificio.
Después de viajar durante tres días llegaron a Moriah. Abraham les dijo a sus sirvientes que esperasen allí con el asno. Le dio la leña a Isaac, y él cargó el cuchillo y los carbones encendidos para prender el fuego del sacrificio.
Mientras caminaban, Isaac le preguntó a su padre, "Aquí están el fuego y la leña, pero ¿donde está la oveja para el sacrificio?"
Abraham respondió, “Dios suministrará la oveja para el sacrificio, hijo mío.” Ambos continuaron caminando en silencio.
Cuando llegaron al sitio que Dios había indicado, Abraham construyó un altar, y, con todo cuidado, colocó allí la leña. Luego amarró a Isaac y lo puso encima del altar. Alzó el cuchillo para matar al muchacho, cuando, de repente, un ángel lo llamó desde el cielo, “Abraham, Abraham.”
"Heme aquí", contestó Abraham.
"No levantes tu mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios porque no le rehusaste tu hijo, tu único hijo", le dijo el ángel.
Abraham miró a su alrededor y vio un carnero cuyos cuernos estaban enganchados en un matorral. Fue hacia el animal, lo tomó y lo sacrificó sobre el altar en vez de su hijo.
El ángel le habló a Abraham por segunda vez, "Por mi mismo he jurado, dice el SEÑOR, otorgarte mi bendición, ya que tu has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo. Tus descendientes serán tan numerosos como las estrellas en el firmamento y la arena que está en la orilla del mar. Tus descendientes poseerán las puertas de sus enemigos, y todas las naciones del mundo serán benditas por tus descendientes, porque tú has obedecido mi orden."
Abraham e Isaac regresaron al lugar donde habían dejado a los sirvientes, y retornaron a Beersheba.
Sarah murió en Hebrón a la edad de ciento veintisiete años. Abraham le compró a Efrón el hitita la cueva de Majpeláh, en las afueras de Hebrón, por cuatrocientos monedas de plata. Allí enterró a Sarah.
Isaac tenía cuarenta años y seguía soltero, Abraham, ya anciano, consideró que había llegado el momento de conseguirle novia. Como no quería que su hijo se case con alguna mujer canaanita, le pidió a Eliezer, su fiel mayordomo, que jurase solemnemente que no conseguiría una mujer canaanita para Isaac, y lo envió a Harán, donde vivían sus parientes, con instrucciones de traer de allí una novia para su hijo.
El mayordomo regresó con Rebeca, hija de Betuel y nieta de Najor, el hermano de Abraham. Isaac se casó con ella, y Rebeca fue un gran consuelo para él después de la muerte de su madre.
Abraham, después de enviudar, se casó con una mujer llamada Keturah. Con ella tuvo seis hijos: Zimrán, Yakshán, Medán, Midián, Yishbak, y Shuaj pero Isaac continuó siendo el único heredero legal.
Abraham murió a la edad de ciento setenta y cinco años. Sus hijos Isaac e Ismael lo enterraron en la cueva de Majpeláh, en Hebrón, al lado de Sarah.

 

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