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Mi Enfoque #361

Articulo extra:
El Rey Saúl, la trágica historia del primer rey de Israel

En este número:
La creencia compartida por judíos y antisemitas
El partido Balad
¿Próximo nuevo "round" en la guerra de Hamás contra Israel?
La frase "Apartheid Israelí" es un oxímoron
Buenas y malas noticias: La condena palestina al acto terrorista y el informe de la agencia Reuters

Me escribe un admirador del periódico Haaretz
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El Rey Saúl, la trágica historia del primer rey de Israel
Mi Enfoque #361, Marzo 25, 2011, por David Mandel, www.mandeldavid.com

Siglo 11 A.E.C. Saúl, el primer rey de Israel, era hijo de un respetado y acomodado benjamita llamado Kish. Saúl tenía treinta años cuando fue elegido rey, y reinó durante cuarenta y dos años.
La Biblia menciona el nombre de una esposa de Saúl, Ajínoam, hija de Ajímaatz. Tres de sus hijos, Jonatán, Yishvi—también llamado Abinadab (I Samuel 31:2)—y Malqui-Shua murieron con su padre, luchando contra los filisteos en la batalla de Gilboa. Un cuarto hijo, Ish-Boshet reinó brevemente después de Saúl, y murió asesinado.
Saúl tuvo dos hijas, Merab y Mijal. Merab se casó con Adriel, y tuvo cinco hijos que fueron entregados por el rey David a los gibeonitas, quienes los ahorcaron para vengarse de Saúl. Mijal primero fue esposa de David y luego de un hombre llamado Paltiel.
Saúl tuvo una concubina llamada Rizpah, hija de Ayah, con la cual tuvo dos hijos, Armoni y Mefi-Boshet, que también fueron ahorcados por los gibeonitas.
La Biblia describe a Saúl como un joven buen mozo, de carácter modesto y humilde, que se tornó en un líder valiente y decisivo, como lo demostró en más de una batalla.
En sus últimos años, sufrió de depresión y paranoia obsesiva. Su enfermedad mental le cambió el carácter y lo impulsó a realizar actos violentos y crueles, rayanos en la locura, tales como lanzar una jabalina contra su hijo Jonatán, o masacrar a los sacerdotes de Nob por sospechar que conspiraban con David contra él.
La primera mención de Saúl en la Biblia lo presenta buscando unos asnos que se le habían perdido a su padre. Esto sucedió cuando los israelitas querían reemplazar el gobierno de los Jueces por una fuerte autoridad central que uniese a la confederación de las tribus, para poder resistir la presión de las naciones vecinas, y, especialmente, para librarse de la dominación de los filisteos.
Saúl y su sirviente, buscando a los animales perdidos, llegaron a la región de Zuf. Allí Saúl le dijo a su criado, "Regresemos, porque probablemente mi padre, en vez de seguir preocupado por los asnos, estará empezando a preocuparse por nosotros."
"Hay un hombre de Dios en ese pueblo, que es muy estimado y respetado todo lo que dice se cumple. Vayamos allá, y tal vez él nos diga donde podemos encontrar los asnos", sugirió el sirviente.
"Antes de ir, ¿Qué crees que le deberíamos traer al hombre? La comida que teníamos en nuestras bolsas ya se acabó, y no tenemos nada para darle de regalo", dijo Saúl.
"Tengo unas monedas de plata, que se las podríamos dar al hombre de Dios para que nos diga que hacer", contestó el sirviente.
"Buena idea, vayamos", dijo Saúl y se dirigieron al pueblo donde se encontraba el hombre de Dios. En el camino encontraron algunas jóvenes que iban a sacar agua, y les preguntaron, "¿El vidente está en el pueblo?"
"Sí, está mas adelante. Apúrense porque ha venido al pueblo a participar en un sacrificio que harán hoy en el santuario. Tan pronto como entren al pueblo, lo encontrarán antes de que él suba al santuario para comer. La gente no comerá hasta que él llegue, porque él debe bendecir el sacrificio, y luego los invitados comerán. Vayan de inmediato, y lo encontrarán", contestaron ellas.
Entrando al pueblo, Saúl y su criado encontraron a Samuel, que estaba en camino al santuario. El día anterior Dios le había dicho a Samuel que el siguiente día encontraría a un hombre que salvaría a la nación de las manos de los filisteos. Tan pronto como Samuel vio a Saúl, Dios le dijo, "Este es el hombre que te mencioné él gobernará a mi pueblo".
Saúl, sin saber quien era Samuel, le preguntó, "Dígame, por favor, ¿donde está la casa del vidente?"
"Yo soy el vidente. Acompáñenme al santuario, y comerán hoy conmigo. En la mañana, antes de dejarte partir, responderé a todas tus preguntas. Respecto a tus asnos que se perdieron hace tres días, no te preocupes por ellos, porque ya han sido encontrados. Lo que Israel anhela eres tú y la familia de tu padre", dijo Samuel.
Saúl, desconcertado, protestó, "Pero, yo soy de la tribu de Benjamín, una de las más pequeñas de Israel, y mi clan es el más insignificante de todos los clanes de la tribu. ¿Por qué me dices a mí estas cosas?"
Samuel llevó a Saúl y al sirviente al comedor, donde se encontraban sentados cerca de treinta invitados. Hizo sentar a Saúl a la cabecera de la mesa y ordenó al cocinero que trajera la comida que había sido reservada, para servirla a Saúl. Después de cenar, Saúl y Samuel bajaron del santuario al pueblo, y fueron a la casa de Samuel, donde, durante varias horas, hablaron en la azotea. La mañana siguiente, Samuel despertó a Saúl y salieron del pueblo caminando juntos. Samuel le dijo a Saúl que su criado fuese adelante para que ellos pudiesen conversar a solas.
Tomó un frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Lo besó y le dijo, "El SEÑOR te unge para que gobiernes a su pueblo. Después de que me dejes, encontrarás dos hombres cerca de la tumba de Raquel, en el territorio de Benjamín. Ellos te dirán que los asnos que buscabas han sido encontrados, y que tu padre ya no está preocupado por ellos sino por ti, y se pregunta donde puede encontrarte. De aquí irás a la encina de Tabor, donde encontrarás tres hombres que están haciendo un peregrinaje al santuario de Dios en Bet-El. Uno de ellos estará llevando tres cabritos, el segundo tres panes, y el tercero un odre de vino. Te saludarán  y te ofrecerán dos panes. Acéptalos. Después de eso, irás a la Colina de Dios, donde hay una guarnición filistea. Allí, cuando entres al pueblo, encontrarás un grupo de profetas que bajan del santuario. Vendrán profetizando, precedidos por músicos tocando liras, panderetas, flautas y arpas. El Espíritu del SEÑOR se apoderará de ti, y te hará profetizar como ellos. Serás un nuevo hombre. Cuando estas señales se cumplan, actúa de acuerdo a la ocasión porque Dios está contigo. Después de eso, anda a Gilgal, antes que yo llegue, y yo vendré a ti. Haré sacrificios y quemaré ofrendas. Espérame siete días, y yo te daré instrucciones acerca de lo que tienes que hacer."
En el camino de regreso a Gibeah, Saúl encontró un grupo de profetas que estaban profetizando. El espíritu de Dios se apoderó de él, y también empezó a profetizar. Los que lo vieron quedaron asombrados y se preguntaron uno al otro, "¿Qué le ha ocurrido al hijo de Kish? ¿También Saúl está entre los profetas?"
El tío de Saúl lo vio, y le preguntó, "¿Adonde fuiste?"
"Fui a buscar los asnos que se habían extraviado, y, como no los encontré, consulté a Samuel", contestó Saúl.
"Dime, ¿qué te dijo Samuel?", preguntó el tío.
"Me dijo que los asnos ya habían sido encontrados", contestó Saúl, pero no le mencionó lo que Samuel le había dicho acerca del reino.
Todo lo que Samuel predijo se cumplió.
Samuel congregó a todo el pueblo en Mizpeh, y les hizo formar filas por tribus y familias. La tribu de Benjamín fue escogida, y se le pidió que de un paso adelante. Luego, se escogió la familia de Matri, y de ellos la suerte cayó sobre Saúl, hijo de Kish.
El pueblo pidió que Saúl se presente, pero no apareció. Luego de buscarlo en todos los alrededores, lo encontraron escondido entre el equipaje. Lo trajeron a la presencia de Samuel, y todos pudieron apreciar que era una cabeza más alta que cualquier otra persona.
"¿Ven ustedes al que Dios ha escogido? ¡No hay nadie como él en toda la nación!", exclamó Samuel.
El pueblo lo aclamó, gritando con entusiasmo, "¡Viva el rey!".
Samuel explicó al pueblo las reglas de la monarquía, y las escribió en un documento que depositó frente a Dios. Luego, ordenó a todos que regresen a sus casas.
Saúl escuchó que algunas personas se burlaban de él y hacían comentarios denigrantes. No les prestó atención y regresó a su casa en Gibeah, acompañado de una banda de hombres valientes.
Najash, el rey de Amón, sitió Yabesh-Gilad, y exigió como condición para aceptar la rendición de la ciudad que todos los hombres se sacasen el ojo derecho. Los habitantes de la ciudad pidieron un plazo de siete días, después de los cuales, si nadie venia a salvarlos, aceptarían la cruel condición de Najash. Enviaron mensajeros a Gibeah para informar lo que estaba ocurriendo. Los que escucharon la terrible noticia lloraron desesperados.
Saúl regresó del campo y preguntó, "¿Por qué está llorando la gente?". Cuando escuchó lo que Najash exigía de la población de Yabesh, Saúl montó en cólera. Descuartizó dos bueyes, y envió mensajeros con los pedazos a todo Israel, diciendo, "Así haré al ganado de todo aquel que se niegue a seguir a Saúl y a Samuel en la batalla contra Amón".
La reacción del pueblo fue inmediata. 300,000 hombres de Israel y 30,000 de la tribu de Yehudah se reunieron en Bezek, y avisaron a los habitantes de Yabesh que los salvarían el día siguiente. Saúl dividió su ejército en tres compañías, atacó a los amonitas y los derrotó.
El pueblo recordó que algunos se habían burlado de Saúl, y los quisieron linchar. Saúl los calmó diciendo, "Nadie morirá hoy, pues el SEÑOR ha dado una gran victoria a Israel".
Para celebrar el triunfo Samuel reunió al pueblo en Gilgal, y allí ungió oficialmente a Saúl como rey de Israel. El pueblo ofreció sacrificios a Dios y celebró la ocasión con gran alegría.
"He cedido a ustedes en todo lo que me han pedido, y he instalado un rey sobre ustedes. Desde ahora, el rey será vuestro líder. Yo, de mi parte, ya estoy viejo y lleno de canas, pero mis hijos están todavía con ustedes. Yo he sido hasta hoy vuestro líder. Aquí me tienen. Sean ustedes testigos contra mí, en la presencia del SEÑOR, y de su ungido. ¿De quien he tomado su buey o su asno? ¿A quien he defraudado o robado?¿De quien he recibido un soborno? Acúsenme y pagaré lo que corresponda", dijo Samuel al pueblo.
"No nos has defraudado, no nos has robado, y nunca has tomado algo de alguien", exclamó el pueblo.
"El SEÑOR y su ungido son mis testigos de que hoy ustedes han declarado que no soy culpable de nada", dijo Samuel, y añadió, "Aquí está el rey que ustedes han escogido. Si ustedes temen al SEÑOR, le sirven y le obedecen, y no violan sus mandamientos, si ustedes y vuestro rey siguen al SEÑOR, todo irá bien. Pero si ustedes no obedecen al SEÑOR y no acatan sus mandatos, la mano del SEÑOR los castigará como castigó a vuestros padres."
Para reforzar sus palabras, Samuel rezó a Dios para que envíe truenos y lluvia, a pesar de que era la temporada seca. Llovió y los truenos retumbaron, y el pueblo temió a Dios y a Samuel.
Saúl estableció un ejército de tres mil soldados, dos mil de ellos directamente bajo su mando, y mil bajo el mando de su hijo Jonatán.
Jonatán atacó con éxito la guarnición filistea en Geba. Los filisteos, para vengarse, reunieron un gran ejército que incluía 30,000 carros de guerra, seis mil jinetes y un gran número de soldados. Marcharon y acamparon en Michmash, al este de Bet-Aven.
Los israelitas asustados se escondieron en cuevas, y muchos de ellos huyeron al otro lado del río Jordán.
Mientras tanto, Saúl y su ejército esperaron en Gilgal la llegada de Samuel, que había prometido al rey que estaría allí en siete días.
Los siete días pasaron y Samuel no apareció. Saúl, viendo que sus soldados se dispersaban y su ejército se desintegraba, ofreció un sacrificio a Dios. En ese momento llegó Samuel, y le preguntó, "¿Qué has hecho?"
"Vi que mis soldados desertaban y se iban. Tú no habías llegado en el momento acordado, y los filisteos habían reunidos sus fuerzas en Michmash. Pensé que los filisteos me atacarían en Gilgal, y yo aún no había pedido ayuda al SEÑOR, así que me atreví a ofrecer un sacrificio", explicó Saúl.
"Has actuado como un necio al no cumplir con los mandamientos que el SEÑOR, tu dios, te impuso. El SEÑOR habría establecido tu dinastía sobre Israel para siempre, pero ahora te digo que tu dinastía no durará. El SEÑOR buscará un hombre más de su agrado, para que gobierne su pueblo, porque tú no cumpliste con el mandamiento de Dios", dijo Samuel, y salió de Gilgal en dirección a Gibeah de Benjamín.
Saúl quedó con un ejército reducido a sólo seiscientos hombres, todos ellos sin armas, excepto Saúl y Jonatán que tenían espadas y lanzas.
Jonatán y su escudero, con gran valentía, subieron a la colina donde estaba un grupo de veinte filisteos, y los mataron, aprovechando la sorpresa. El inesperado ataque causó que los filisteos huyeran, presos de confusión y pánico, perseguidos por los israelitas que salieron de sus escondites.
Saúl había ordenado que ningún combatiente ingiera alimentos hasta la noche. Jonatán, que no se había enterado de la orden, vio una colmena con miel, metió una vara en ella, y comió la miel que sacó.
Uno de los soldados le dijo, "Tu padre ha prohibido que los soldados coman hoy, diciendo, maldito el que coma algo hoy. Nadie ha probado bocado y todos están desfalleciendo".
"Mi padre ha causado un gran daño a la gente. Ustedes mismos vieron como me brillaron los ojos después de que comí un poco de esta miel. ¡Si los soldados hubiesen comido del botín que hemos quitado al enemigo, nuestra victoria habría sido aún más contundente!"
Ese día los soldados lucharon contra los filisteos desde Mishmash hasta Ayalón. A pesar de estar muertos de hambre lucharon valientemente y derrotaron al ejército enemigo.
Luego de la batalla, no pudieron aguantar el hambre, y al ver a los bueyes y ovejas que habían capturado de los filisteos, los degollaron allí mismo y devoraron la carne con la sangre.
Saúl, cuando le informaron que los soldados estaban pecando al comer carne con sangre, dio orden de traer los animales a cierto lugar, para degollarlos y comer allí, sin sangre. Luego, Saúl construyó un altar al SEÑOR, el primero que construyó en su vida.
El rey decidió atacar a los filisteos esa noche y aniquilarlos. Pidió la opinión de sus oficiales y todos le respondieron que estaban de acuerdo, pero el sacerdote que acompañaba al ejército sugirió que primero debían consultar al oráculo de Dios. Así lo hizo Saúl preguntando, "¿Debo perseguir a los filisteos? ¿Los entregarás en manos de Israel?" Pero Dios no le contestó.
"Qué se acerquen los comandantes de las tropas y averigüen cual es el pecado que se ha cometido hoy. Juro por Dios que da victoria a Israel, que, aún si fuese mi hijo Jonatán, el culpable será condenado a muerte", exclamó Saúl.
Nadie dijo una palabra.
"Ustedes párense a un lado, y yo y mi hijo Jonatán nos pararemos en el otro lado", dijo Saúl.
"Haz lo que te parezca mejor", le contestaron.
Saúl le pidió al oráculo de Dios que indicase quien era culpable, y la suerte cayó sobre Saúl y Jonatán, de modo que los otros quedaron libres de culpa.
"Echa la suerte entre mi hijo y yo", ordenó Saúl, y la suerte cayó sobre Jonatán.
"Dime lo que has hecho", le exigió Saúl a Jonatán.
"Probé algo de miel con la punta de la vara que tenía en la mano. Estoy dispuesto a morir", contestó Jonatán.
"Y así se hará. ¡Morirás Jonatán!", gritó Saúl.
Los soldados protestaron y defendieron a Jonatán. "¿Cómo va a morir Jonatán de haber dado esta gran victoria a Israel? ¡Nunca! ¡Juramos por Dios que ni un solo cabello de su cabeza caerá al suelo, pues con la ayuda de Dios él fue que hizo esta proeza!"
Saúl, viendo que enfrentaba un motín, cedió. Y así las tropas salvaron la vida de Jonatán. Saúl dejó de perseguir a los filisteos, y estos volvieron a su país.
Durante su reinado Saúl luchó contra los enemigos de la nación en todas las fronteras—contra Moab, Amón, Edom, Zobah, Filistea, y Amalek—y los derrotó a todos.
Un tiempo después, Samuel le dijo a Saúl, "Yo soy aquel a quien el SEÑOR envió para ungirte rey sobre Israel. Por lo tanto, escucha lo que el SEÑOR ordena. Así dijo el SEÑOR: He decidido castigar a los amalequitas por lo que hicieron a Israel, cuando los atacaron en el camino cuando salían de Egipto. Anda ahora, y ataca a los amalequitas, y destruye todo lo que les pertenece. No dejes que nadie quede con vida, mata a los hombres y a las mujeres, a los niños y a los bebes, a los bueyes, ovejas, camellos y asnos."
Saúl congregó un ejército enorme, más de 200,000 soldados, marchó hacia la ciudad de Amalek, y acampó en un valle. Antes de atacar avisó a la tribu quenita―que había tratado bien a los israelitas durante su salida de Egipto―que se fuese del lugar para salvarse. Los quenitas se fueron, y Saúl atacó a los amalequitas. Masacró a todos, excepto a Agag, rey de los amalequitas, a quien capturó vivo, junto con un número de ovejas, bueyes y corderos.
"Me arrepiento de haber nombrado rey a Saúl, porque se ha apartado de mi, y hace caso omiso de mis instrucciones", le dijo Dios a Samuel.
Samuel se alteró mucho al oír esas palabras y lloró toda la noche. Luego, fue a Gilgal a hablar con Saúl.
Saúl lo recibió con alegría, y le dijo, "Qué el SEÑOR te bendiga. He cumplido las órdenes de Dios."
"Si es así, como explicas los balidos de ovejas que me parece oír, y los mugidos de bueyes", preguntó sarcásticamente Samuel.
"Pertenecían a los amalequitas. Los soldados escogieron las mejores ovejas y bueyes para sacrificarlas al SEÑOR, tu Dios. Hemos destruido el resto", contestó Saúl.
"¡Basta! Te informaré lo que el SEÑOR me dijo anoche", exclamó Samuel.
"Habla", contestó Saúl.
"Tal vez tu te consideras pequeño, pero eres el jefe de las tribus de Israel. El SEÑOR te ungió rey sobre Israel, y te encomendó la misión de destruir a los amalequitas, de hacerles la guerra hasta exterminarlos a todos. ¿Por qué desobedeciste al SEÑOR, y te quedaste con el botín en contra de las instrucciones de Dios?", dijo Samuel.
"¡Pero yo si obedecí al SEÑOR! Cumplí la misión que me encomendó el SEÑOR. Capturé a Agag, el rey de Amalek, y destruí a los amalequitas. Las tropas tomaron algunas ovejas y bueyes, los mejores del lote, para ofrecerlos en sacrificio a Dios en Gilgal", protestó Saúl.
"Es preferible obedecer que ofrecer sacrificios", le reprochó Samuel, y añadió, "La rebeldía es tan grave como la adivinación, y la arrogancia como el pecado de la idolatría. Ya que tú rechazaste las instrucciones del SEÑOR, Dios te ha rechazado a ti como rey."
"Hice mal en no cumplir con el mandamiento de Dios, y con tus instrucciones, pero tenía temor de mis tropas e hice lo que ellos querían. Te ruego que perdones mi pecado, y regreses conmigo para postrarme ante el SEÑOR", dijo Saúl.
"No regresaré contigo, porque tú has rechazado el mandamiento de Dios, y el SEÑOR te ha rechazado como rey sobre Israel", dijo Samuel.
Samuel se volteó para irse, y Saúl, para detenerlo, lo agarró de su manto y se lo arrancó.
"El SEÑOR ha arrancado de tus manos el reino de Israel, y se lo ha entregado a alguien que vale más que tú. Él, que es la Gloria de Israel, no miente ni cambia de parecer como lo hacen los hombres", dijo Samuel.
"Lo que hice está mal. Pero, por favor, no me deshonres en presencia de los ancianos de Israel y de todo el pueblo. Regresa conmigo para postrarme ante el SEÑOR, tu Dios", insistió Saúl.
Samuel regresó con Saúl, y Saúl se postró ante Dios.
"Tráiganme a Agag, rey de Amalek", ordenó Samuel.
Agag fue traído, caminando a tropezones, y dijo "La amarga muerte está cercana."
"Al igual que tu espada dejó a tantas mujeres sin hijos, también tu madre quedará sin su hijo", le dijo Samuel, y él mismo descuartizó a Agag.
Saúl regresó a su casa en Gibeah, y Samuel volvió a Ramah. Samuel, durante el resto de su vida, nunca más vio a Saúl, y se afligió por Saúl, porque Dios se había arrepentido de haberlo hecho rey.
"¿Cuánto tiempo seguirás afligiéndote por Saúl, si ya lo rechacé como rey de Israel? Llena tu cuerno con aceite y ponte en camino. Te estoy enviando a la casa de Yishai, el belenita, pues he decidido que uno de sus hijos será rey", le dijo Dios a Samuel.
El rey Saúl, luego de la ruptura final con Samuel, empezó a sufrir frecuentes ataques de depresión. Sus cortesanos, preocupados, pensaron que la música le haría sentir mejor. Alguien mencionó que un joven, llamado David era un músico talentoso, y el rey dio orden de traerlo al palacio.
David, un muchacho pelirrojo, buen mozo, que recientemente, y en secreto, había sido ungido por Samuel como futuro rey de Israel, fue traído al palacio real en Gibeah, trayendo regalos de pan, vino, y un cabrito que su padre Yishai enviaba al rey. Saúl quedó encantado con David, y, desde ese momento, cada vez que el rey estaba de mal humor, David tocaba música en su arpa, y lo calmaba.
Algún tiempo después, el ejército filisteo se congregó en una colina, y el ejército israelita, comandado por Saúl, tomó posiciones  en otra colina, con un valle separando a los dos ejércitos. Un gigante, de cerca de dos metros setenta de estatura, llamado Goliat, armado con una armadura de pesado bronce, salía cada día del campamento filisteo y gritaba un desafío a los israelitas, diciendo que estaba dispuesto a luchar contra cualquiera de ellos. Esto lo hizo, mañana y tarde, durante cuarenta días.
David se encontraba en Belén, ayudando a su padre Yishai a cuidar su rebaño de ovejas. Sus tres hermanos mayores,—Eliab, Abinadab, y Shamma—estaban enrolados en el ejército del rey Saúl. Yishai, deseando saber como estaban sus hijos, envió a David al campamento israelita con diez panes para ellos, y un regalo de diez quesos para su comandante.
La llegada de David al campamento coincidió con el momento cuando Goliat salía a desafiar a los israelitas. David escuchó a los aterrorizados soldados decir que el rey Saúl había prometido grandes recompensas al hombre que matara al gigante. Le daría a su hija en matrimonio, y exoneraría a su familia de la obligación de pagar impuestos.
David preguntó a los soldados que estaban a su lado, "¿Quién es ese incircunciso que se atreve a desafiar a los escuadrones del Dios viviente?"
Eliab, el hermano mayor de David, escuchó que el muchacho hablaba con los soldados, y se enojó con él. Le preguntó, "¿Para qué vienes aquí?  ¿Con quien dejaste las ovejas en el desierto? Conozco tu descaro y tu impertinencia. ¡Tú has venido a ver la batalla!"
"¿Qué he hecho ahora? Solamente estaba preguntando", se defendió David.
Alguien escuchó lo que David había dicho y se lo contó al rey Saúl, que lo hizo traer a su presencia.
"Tu siervo irá y luchará contra ese filisteo", le dijo David a Saúl.
Saúl expresó dudas de que David, un muchacho joven, sin experiencia en batallas, pudiese luchar contra el gigante guerrero filisteo. David le aseguró que él había matado leones y osos, y agregó "El SEÑOR, que me salvó del león y del oso, también me salvará de ese filisteo."
"Entonces, anda, y que el SEÑOR esté contigo", le dijo Saúl.
Saúl le dio su armadura para que se la pusiese, pero David, no acostumbrado a ella, se la quitó. Recogió cinco piedras lisas del suelo, y con la honda en la mano fue a enfrentarse a Goliat.
El gigante, al ver que un muchacho venía contra él, le gritó insultos.
David, calmo y sereno, le dijo, "Tú vienes contra mí, armado con espada, lanza y escudo, pero yo vengo contra ti en nombre del SEÑOR de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel que tú has desafiado. Hoy el SEÑOR te entregará a mis manos. Te mataré y cortaré tu cabeza, y daré los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra. La tierra entera sabrá que hay Dios en Israel. Y toda esta congregación sabrá que el SEÑOR puede dar la victoria sin espada ni lanza. La batalla es del SEÑOR, y Él te entregará a mis manos."
Goliat empezó a caminar pesadamente hacia David, quien rápidamente corrió hacia el filisteo, tomó una piedra de su bolsa y la disparó con la honda a Goliat. La piedra le cayó al gigante en la frente, y lo hizo caer al suelo. Goliat trató de levantarse, pero no pudo.
David corrió hacia él, agarró la espada del gigante y le cortó la cabeza. Los filisteos, al ver lo que había pasado, huyeron, perseguidos por los israelitas hasta las puertas de sus ciudades.
Saúl nombró a David oficial en su ejército y no le permitió regresar a la casa de su padre en Belén. Desde ese día el rey mantuvo a David constantemente a su lado. Jonatán, el hijo de Saúl, se volvió el mejor amigo de David.
David tuvo éxito en todas las misiones militares que le encomendó el rey, y se hizo muy popular con el pueblo. Las mujeres cantaban, "Saúl ha matado a miles, pero David ha matado a decenas de miles."
Esto causó que Saúl sintiese celos de David. Debido a su depresión y paranoia, empezó a sospechar que David le quería arrebatar el trono. En una ocasión, durante uno de sus ataques de depresión, Saúl trató de matar a David arrojándole su lanza. Al no dar en el blanco, el rey consideró que Dios protegía a David, y le tuvo miedo. Para no verlo a diario lo nombró capitán de una compañía de mil soldados, e ideó un plan para librarse de él, ofreciéndole la mano de su hija mayor Merab si continuaba teniendo éxito en su lucha contra los filisteos, con la secreta esperanza de que David muriese en una batalla.
Cuando llegó el momento de cumplir con su promesa, Saúl, en vez de entregar a su hija Merab a David se la dio a Adriel, el hijo de Barzilai, el meholatita. El rey se enteró de que su hija menor Mijal amaba a David, y decidió utilizarla como anzuelo. Envió un mensaje a David ofreciéndole a su hija en matrimonio, y le pidió como pago por ella los prepucios de cien filisteos, con la esperanza de que David fuera matado por ellos.
David fue a batallar contra los filisteos, y trajo de vuelta, no cien prepucios, sino doscientos. Saúl, esta vez, cumplió con su promesa, y casó a su hija Mijal con David.
Saúl cada vez estaba más y más atemorizado de David. Llegó al extremo de pedir a su hijo Jonatán, entrañable amigo de David, que lo mate, pero Jonatán le advirtió a David que se esconda, mientras él trataba de convencer a su padre para que cambie de idea.
Saúl escuchó las cálidas palabras de Jonatán acerca de David, y aceptó cesar de atentar contra su vida o dañarlo en cualquier forma. Su buena disposición no duró mucho tiempo, y en una ocasión, mientras David tocaba el arpa para él, Saúl nuevamente trató de matarlo con su lanza. El arma se incrustó en la pared, al lado de David, y éste huyó a su casa.
Esa misma noche, David, ayudado por su esposa Mijal, escapó de su casa saliendo por una ventana. Los mensajeros de Saúl, al no encontrar a David, trajeron a Mijal a la presencia del rey. Saúl le preguntó, "¿Por qué me engañaste y dejaste que mi enemigo se ponga a salvo?"
"David me amenazó con matarme si no lo ayudaba", le contestó Mijal a Saúl.
Saúl escuchó que David había encontrado refugio con Samuel, en el pueblo de Nayot, en Ramah, y envió un destacamento de soldados para capturarlo. Los hombres llegaron al pueblo, pero, en vez de arrestar a David, se unieron a una compañía de profetas, y comenzaron a profetizar. Saúl envió soldados a Nayot dos veces más, con el mismo resultado. Finalmente, el rey decidió ir personalmente a buscar a David, pero, cuando llegó a Nayot, se quitó la ropa, y, postrado desnudo en el suelo, profetizó todo el día y la noche.
David huyó de Nayot, y fue a hablar con Jonatán para averiguar de él porque Saúl lo odiaba con rabia asesina. Un día antes del banquete que Saúl solía ofrecer con ocasión del Festival de la Luna Nueva. David le dijo a Jonatán que no podía correr el riesgo de atender el banquete del rey. Le pidió a Jonatán que excuse su ausencia diciendo que David había ido a Belén para celebrar con su familia el sacrificio anual, y que le informe la reacción de Saúl.
Los dos amigos acordaron que David se iría por tres días, y luego retornaría y se escondería en un campo. Jonatán iría a ese sitio con el pretexto de practicar con el arco y flechas, pero, en realidad, para informar a David, mediante un código previamente acordado, si era o no riesgoso para David regresar a la corte del rey.
El día del Festival, durante el banquete, Saúl notó que David se hallaba ausente, pero lo atribuyó a una posible enfermedad. El siguiente día, viendo que David seguía sin aparecer, le preguntó a Jonatán porque David no estaba allí. Jonatán le contestó que David había ido a Belén para celebrar un sacrificio familiar. Saúl, furioso, gritó que Jonatán era un idiota, y que, mientras David estuviese vivo, Jonatán nunca sería rey.
"¿Por qué debe morir David? ¿Cuál es su crimen?", le preguntó Jonatán.
Su padre, perdiendo todo el control sobre si mismo, levantó su lanza para arrojársela. Jonatán se levantó de la mesa, y salió de la habitación, enojado y humillado. El día siguiente fue al campo donde había quedado en encontrarse con David. Los dos amigos se abrazaron, lloraron, y se despidieron. David huyó a la ciudad sacerdotal de Nob.
David llegó a Nob, y fue a ver al sacerdote Ajímelej, quien se extrañó de ver que David estaba solo, y le preguntó porqué no había traído a sus hombres con él. David le inventó una historia de haber sido enviado por el rey Saúl en una misión secreta, y que había quedado en encontrarse con sus hombres en tal y tal sitio.
David le pidió pan y armas al sacerdote, y Ajímelej, inocentemente, le entregó el pan consagrado, y la espada de Goliat, que había estado a su cargo. Luego, partió de Nob y encontró refugio en el desierto de Yehudah, en una cueva cercana al pueblo de Adulam. Gente oprimida, insatisfecha, y deudores se le unieron, y David pronto tuvo bajo sus órdenes una banda de cuatrocientos hombres.  
El encuentro de David con el sacerdote Ajímelej había sido presenciado, sin que David se diese cuenta, por Doeg el edomita, jefe de los pastores del rey Saúl. Doeg, de inmediato, fue adonde Saúl se encontraba, y le informó lo que había visto. El rey hizo traer a Ajímelej y a los otros sacerdotes de Nob a su presencia, y los acusó de conspirar con David contra él, de incitarlo a que se rebele contra el rey, y de apoyarlo dándole comida y armas.
Ajímelej protestó que era inocente, y dijo que todos sabían que David, el yerno de Saúl, era un servidor leal del rey. Saúl se negó a aceptar explicaciones y lo condenó a muerte.
El rey ordenó a sus soldados que maten a los sacerdotes, pero ellos, horrorizados, no se movieron. El rey, entonces, dio la misma orden a Doeg, y este la cumplió de inmediato, matando a ochenta y cinco sacerdotes. Luego, masacró a todos los habitantes de Nob, incluyendo a mujeres y niños, e incluso mató a todos sus animales.
David, obligado a esconderse continuamente debido a la persecución de Saúl, llegó al desierto de Ein-gedi, cerca al Mar Muerto. Saúl, con tres mil soldados, fue hacia allá para tratar de capturarlo vivo o muerto.
Saúl entró a una cueva para cumplir con una función corporal. David y sus hombres estaban escondidos en el fondo de la cueva. Los compañeros de David le dijeron, "Este es el día que el SEÑOR ha dicho que te entregará tu enemigo para que hagas con él lo que te plazca."
David se acercó sigilosamente a Saúl, y, sin que el rey se diese cuenta, cortó con su cuchillo una esquina del manto de Saúl. Regresó adonde había dejado a sus hombres y les dijo: "Que Dios prohiba que yo levante mi mano contra mi amo, el ungido del SEÑOR", y sintió remordimientos por haber cortado un pedazo del manto del rey. 
Saúl salió de la cueva y regresó al campamento de su ejército. David también salió de la cueva, y lo llamó en voz alta, "¡Mi señor rey!"
Saúl se volteó al escuchar la voz, y David, se inclinó hacia el suelo en muestra de respeto, y, con la cabeza baja, le dijo "Señor, ¿porque escuchas a gente que te dice que quiero hacerte daño? Hoy, el SEÑOR te entregó en mis manos en la cueva. A pesar de que me dijeron que te mate, tuve compasión y me dije "No alzaré una mano contra el ungido del SEÑOR. Mira, aquí tengo en la mano la esquina de tu manto que corté en vez de matarte. Debes ver claramente que no tengo ninguna intención malvada o rebelde hacia ti, y que nunca te he hecho daño, pero tú estás empeñado en matarme. ¡Que el SEÑOR juzgue entre tú y yo! Mi mano nunca te tocará. ¿Contra quien está luchando el rey de Israel? ¿A quien está persiguiendo? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga?"
David juró lo que Saúl le pedía, y el rey regresó a su palacio. Algún tiempo después, Saúl escuchó que David se hallaba en el desierto de Zif. Olvidando su promesa, tomó tres mil hombres escogidos y fue en busca de David.
David vio el lugar donde Saúl y Abner, (primo del rey y comandante de su ejército), habían acampado, rodeados por soldados, y pidió a Ajímelej el hitita y a Abishai, el hermano de Joab, que lo acompañen al campamento del rey.
Abishai respondió "Iré contigo." Esa noche, los dos hombres, silenciosamente, se acercaron al campamento y llegaron hasta donde Saúl se encontraba durmiendo, con su lanza clavada en el suelo cerca de su cabeza. Abner y los soldados dormían a su alrededor. Abishai le susurró a David, "Dios ha entregado en tus manos a tu enemigo. Clavémoslo al suelo con su lanza."
"¡No haremos tal cosa! Nadie puede tocar al ungido del SEÑOR con impunidad. Si Dios lo hiere, o si su tiempo llegue y él muera, o perezca en una batalla, que así sea, pero líbreme el SEÑOR de extender mi mano sobre el ungido de Dios. Toma la lanza y la jarra de agua que está a su cabecera, y salgamos de aquí", le amonestó David.
Ambos se fueron sin que nadie en el campamento los viese o se despertase. David cruzó al otro lado del valle, y desde la cumbre de una colina, a gran distancia del campamento de Saúl, gritó "Abner, ¿no vas a contestar?"
"¿Quién eres tú para gritar al rey?" contestó Abner, también gritando.
"¿No eres tú un hombre? ¿Quién es como tú en Israel? ¿Por qué no has sabido cuidar al rey, tu señor? Alguien del pueblo vino a matar al rey. No te has desempeñado bien. Merecen ustedes morir por no haber cuidado a vuestro señor, al ungido de Dios. Mira a tu alrededor. ¿Dónde está la lanza del rey y la jarra de agua que estaba en su cabecera?", dijo David.
Saúl reconoció la voz de David, y preguntó, "¿No es esta tu voz, David, hijo mío?"
"Es mi voz, rey y señor mío", contestó David, y agregó "¿Porqué mi señor continúa persiguiendo a su siervo? ¿Qué he hecho? ¿Cuál es mi culpa? Si Dios te incita contra mí, le ofreceré un sacrificio, pero si son hombres los que te incitan a perseguirme, que Dios los maldiga, porque son ellos quienes me han forzado a salir de la tierra de Dios e ir a un país extraño, diciendo 'Anda a servir a dioses ajenos'. No dejes que me maten lejos de la presencia del SEÑOR. El rey de Israel está buscando una pulga, como quien persigue una perdiz por los montes."
"No está bien lo que he hecho. Regresa David, hijo mío, que nunca volveré a tratar de hacerte daño, ya que hoy has considerado preciosa mi vida. He sido un necio y he cometido muchos errores", dijo Saúl.
"Aquí está la lanza del rey. Qué venga uno de los muchachos a recogerla. Y que Dios reconozca a cada uno su conducta y su lealtad, porque hoy el SEÑOR te entregó en mis manos, y yo no levanté la mano contra el ungido del SEÑOR. Tal como hoy respeté tu vida, que el SEÑOR respete mi vida y me libre de toda aflicción", dijo David.
"Que seas bendito, David mi hijo. Mucho harás y prevalecerás", dijo Saúl.
David siguió por su camino y Saúl volvió a su palacio.
David, convencido de que Saúl no cumpliría su promesa y nuevamente trataría de capturarlo y matarlo, decidió refugiarse con sus esposas Abigail y Ajínoam, y los seiscientos hombres de su banda, en la ciudad filistea de Gat, y servir al rey Ajish como mercenario. Saúl, al enterarse de que David estaba en Filistea, desistió de perseguirlo.
Los filisteos reunieron un gran ejército y marcharon contra Israel. Saúl reunió a su ejército cerca de los montes de Gilboa. Atemorizado al ver el poderío del ejército filisteo, consultó a Dios a través de un oráculo, pero Dios no le contestó.
Saúl ordenó a sus oficiales que le busquen un médium para poderle consultar. Le dijeron que había una mujer en Endor que se comunicaba con espíritus. Saúl, quien había emitido un decreto expulsando del país a los hechiceros, espiritistas y adivinadores, se disfrazó con otra ropa, y, acompañado por dos hombres, fue esa noche a hablar con la mujer.
"Quiero que me comuniques con un espíritu. Haz que aparezca el que yo te nombraré", le dijo Saúl a la médium.
La mujer, desconfiada, dijo, "Tú sabes que el rey Saúl ha decretado la prohibición de consultar hechiceros y adivinas. ¿Me estás tendiendo una trampa para que me maten?"
"Tan cierto como que Dios vive, nada te ocurrirá", le juró Saúl.
"¿A quién quieres que traiga?" preguntó la mujer.
"Trae a Samuel", contestó Saúl.
"Veo un espíritu que sube de la tierra", dijo la mujer. En ese instante reconoció a Samuel, y gritó a Saúl, "¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl!"
"No temas. Dime, ¿qué ves?", contestó el rey.
"Veo un anciano envuelto en un manto", respondió la mujer.
Saúl se dio cuenta de que se trataba de Samuel, y postró su rostro en la tierra.
"¿Por qué me molestas haciéndome subir?", preguntó el espíritu de Samuel.
"Estoy muy angustiado. Los filisteos me quieren destruir y Dios me ha abandonado. Ya no me contesta en sueños o a través de profetas. Así que te he llamado para que me digas lo que debo hacer", contestó Saúl.
"¿Por qué me preguntas a mí, si el SEÑOR se ha alejado de ti y se ha vuelto tu adversario? El SEÑOR ha cumplido lo que dijo a través mío. Te ha quitado el reino y se lo ha dado a David, pues no obedeciste al SEÑOR, y no llevaste a cabo la furia de su castigo contra los amalequitas. Por eso es que el SEÑOR te entregará a ti y a los israelitas que están contigo en manos de los filisteos. Mañana, tú y tus hijos estarán conmigo, y los israelitas serán derrotados por los filisteos", dijo el espíritu de Samuel.
Saúl, aterrorizado por las palabras del espíritu, y débil por no haber comido durante las últimas veinticuatro horas, cayó desplomado al suelo.
La batalla se libró el día siguiente. Los filisteos derrotaron a los israelitas, y los hicieron huir. Tres hijos de Saúl, incluyendo a Jonatán, murieron luchando. El rey, herido de gravedad por una flecha, le rogó a su escudero que lo mate para no caer vivo en manos de los enemigos. El escudero rehusó, horrorizado por lo que Saúl le pedía. El rey se arrojó sobre su propia espada y murió. El escudero, al ver que su señor había muerto, también se suicidó.
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La creencia compartida por judíos y antisemitas
Mi Enfoque #361, Marzo 25, 2011, por David Mandel, www.mandeldavid.com

Es difícil imaginar que judíos y antisemitas coincidan en la misma creencia en lo que refiere al pueblo judío. Por lo general, las opiniones de los dos grupos son diametralmente opuestas. Sin embargo, hay una creencia que comparten. Me refiero a la frase del Talmud, (Tratado Shvuot 39a, Sanedrín 27b), Kol Israel arevim ze ba ze, "Todo el pueblo de Israel es responsable el uno por el otro". (La diferencia está en que los judíos interpretan la frase desde un punto de vista positivo, mientras los antisemitas lo hacen en forma negativa).

Un ejemplo de cómo aplican los antisemitas la frase del Talmud, es el caso del estafador Bernard Madoff. Como es de origen judío, los antisemitas consideran que la responsabilidad de sus actos recae sobre todos los judíos, y es prueba de que todos los judíos son estafadores. Esto explica porque, cuando ocurre un incidente en Gaza entre el ejército de Israel y la organización terrorista palestina Hamás, la reacción de los antisemitas en Paris es torturar y asesinar un judío francés, y en Malmo, Suecia, vandalizar una sinagoga de judíos suecos.

Esto que escribo es a raíz de un artículo, Triángulo amarillo, triángulo rosa,* cuyo autor es un conocido periodista peruano Rafo León, que fue publicado, verbatim, sin enmiendas, correcciones ni censuras, en la revista limeña Caretas.

Un político, a quien nadie acusa de ser inteligente, expresó una frase homofóbica refiriéndose a un colega: "Yo no lo llamo Carlos sino Carlota". Esto, por alguna razón que yo desconozco, le tocó el nervio vivo a León. Su reacción fue volcánica e inmediata. León aprovechó la infeliz frase para atacar al político, no por ser homofóbico, sino por tener origen  judío. Tampoco se limitó a manifestar su cólera contra el individuo culpable sino que dio rienda suelta a la expresión de un odio obsesivo y virulento contra todo el pueblo judío.

El resultado fue un artículo digno de ser incluido en una futura antología antisemita. Julius Streicher, director del periódico oficial nazi, Der Sturmer, se habría sentido honrado de publicarlo.

Entre las frases que León hizo suyas están las siguientes perlas: "durante el Viernes Santo los judíos secuestran niños y los colocan burlonamente en la cruz", "complot judío internacional que transformaría iglesias en sinagogas", "ente homogéneo que actúa coordinadamente a nivel mundial", "raza maldita, inferior y perversa", "el único que se atrevió a actuar … fue el austriaco Adolf Hitler, sobre todo desde el momento en el que acudió a la solución final para deshacerse del pueblo maldito que aspira a dominar el mundo”. Y, como dicen en inglés, so on and so on.

En su último párrafo, como diciendo "yo no dije lo que dije", cree que puede librarse de la responsabilidad de haber hechos suyos los más virulentos insultos antisemitas posibles y escribe  "Pido disculpas a los lectores judíos por reseñar citas tan despreciables". (Por lo que a mi atañe, me siento aludido como parte del pueblo judío, y rechazo sus disculpas).

 (Hay un precedente en la Biblia que tiene paralelos al caso de León. Hamán, el primer ministro de Persia, se sintió ofendido por un judío, de nombre Mordecai, quien no le rindió la pleitesía a la que estaba acostumbrado. En vez de limitarse a castigar a Mordecai, por lo que consideró falta de respeto y mala educación,  decidió exterminar a todos los judíos, reacción que León, a juzgar por su artículo, consideraría que es un justo castigo a la provocación de un judío.)

Si Rafo León, cuyo nombre completo es Rafael León Rodríguez, hiciera una investigación genealógica de su familia, es posible que descubra que sus antecesores pertenecieron al pueblo al que ha insultado y denigrado públicamente en su artículo. La familia León, originaria del reino de León en España, es mencionada en los anales judíos de Ancona, Jerusalén, Hamburgo, Salónica, Londres, Venecia, Jamaica, Surinam, Ámsterdam y los Estados Unidos. Incluye famosos rabinos y cabalistas. Respecto al apellido Rodríguez, en la Enciclopedia Judaica hay menciones de judíos que llevaron ese apellido, al igual que la familia de un amigo mío de la comunidad judía de Lima.

Respecto a "Rafael", este nombre es hebreo y significa, "Dios me curará". Espero, para su bien, que el nombre le resulte profético al periodista, ya que el odio corroe al que odia. Y si Dios no logra curarlo, quizás un buen psiquiatra lo podría ayudar.

* El artículo de Rafo León, para quien tiene fuerte el estómago y puede dominar las nauseas, se puede leer en http://www.scribd.com/doc/51055686/Triangulo-amarillo-Triangulo-rosa-Por-Rafo-Leon

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El partido Balad
Mi Enfoque #361, Marzo 25, 2011, por David Mandel, www.mandeldavid.com

Balad es un partido político de árabes israelíes, que actualmente tiene tres representantes en la Knesset. Su programa político es establecer dos estados, uno árabe palestino en Gaza y Cisjordania, y el otro un estado binacional, árabe-judío, que reemplazaría al Estado de Israel, y al cual retornarían los millones de descendientes de los refugiados árabes del año 1948. Mientras tanto, hasta que esto ocurra, exige que los árabes israelíes tengan autonomía política, educacional y cultural.

El partido Balad fue fundado en 1995 por Azmi Bishara, un árabe israelí cristiano, graduado de la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde fue presidente de la Unión de Estudiantes Árabes. En esa época militó en el Partido Comunista, cuya ideología luego abandonó sustituyéndola por el nacionalismo árabe. En el año 2002 fue procesado por "ayudar a israelíes a visitar Siria sin permiso del Ministerio del Interior" y por dar discursos contra Israel y a favor de Siria y de Hizballah, la organización terrorista libanesa. Bishara adujo inmunidad parlamentaria, y la Corte Suprema falló a su favor. En el año 2006 Bishara visitó Siria, y declaró que Israel no tenía ningún derecho a decirle lo que él podía hacer.

Bishara lideró el partido hasta el mes de abril del año 2007, cuando huyó de Israel por estar siendo investigado por lavado de dinero, traición y espionaje a favor de Hizballah. Lo sucedió en el cargo Jamal Zahalka.

Antes de las elecciones del año 2003, el Comité Central de Elecciones, prohibió la participación de Balad debido al apoyo que su jefe daba al terrorismo. La Corte Suprema anuló la prohibición.

En el año 2009 el Comité Central de Elecciones, por un voto de 26 a 3 descalificó la participación de Balad en las elecciones de ese año debido a que el partido no reconocía al Estado de Israel y apoyaba la acción armada contra el Estado. La Corte Suprema anuló la prohibición.

Uno de los tres representantes de Balad en la Knesset es Haneen Zuabi, la primera mujer árabe que representa a un partido árabe israelí. Es tan o más anti-israelí que sus colegas masculinos. En el mes de marzo del 2009 dijo que apoyaba el armamento nuclear de Irán, "porque sería un contrapeso a Israel", y agradeció "el apoyo que Irán da a los palestinos, por estar más en contra de la ocupación que Egipto o Jordania". Niega el derecho de Israel a considerarse un Estado Judío y está en contra de que los ciudadanos árabes israelíes presten algún tipo de servicio nacional aún dentro de sus propios pueblos.

En el mes de mayo del año 2010 Zuabi participó en la flotilla de Gaza, y estuvo a bordo del buque Mavi Marmara durante el violento encuentro entre comandos israelíes y miembros de la organización turca terrorista IHH. Describió el incidente como "piratería militar cuyo objeto era causar el mayor número de víctimas posible". El Ministro del Interior pidió que le revoquen la inmunidad parlamentaria y que le quiten la ciudadanía israelí, por "su acto premeditado de traición". Luego de un debate en la Knesset se acordó unicamente quitarle tres privilegios parlamentarios: el derecho a pasaporte diplomático, ayuda financiera si es enjuiciada, y el derecho de visitar países con los cuales Israel no tiene relaciones diplomáticas.

El actual jefe del partido, Jamal Zahalka, también es controversial. Niega que Israel sea un país democrático y lo acusa de ser racista. En una entrevista televisada dijo que Ehud Barak se portaba como un nazi escuchando música clásica mientras asesinaba a niños.

Esta semana la Knesset aprobó la segunda y tercera lectura de lo que se ha dado en llamar "Ley Nakba", (Nakba es una palabra árabe que significa "catástrofe" y es utilizada por los árabes para referirse al Día de Independencia de Israel). La ley pena con multa a los municipios y otros organismos que reciben financiación del Estado si contribuyen con dinero a actividades contra el Estado de Israel, niegan la naturaleza democrática del Estado, apoyan la lucha armada y los actos de terror contra el Estado, incitan al racismo, a la violencia y al terror, y deshonran la bandera nacional y los otros símbolos nacionales.

Durante el debate, Zahalka dijo que la ley era racista y el gobierno era anti-democrático. Dirigiéndose a Netanyahu, expresó: "El mundo no te va a creer. Si tiene apariencia de un pato, camina como un pato, y grazna como un pato, es un pato".

Netanyahu le contestó: "Vivimos en una democracia. Si quieres graznar es tu derecho".

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¿Próximo nuevo "round" en la guerra de Hamás contra Israel?
Mi Enfoque #361, Marzo 25, 2011, por David Mandel, www.mandeldavid.com

El sábado pasado las organizaciones terroristas palestinas dispararon desde Gaza más de 50 cohetes contra poblaciones civiles israelíes. En los siguientes días dispararon cohetes Grad (de procedencia iraní) a Beersheba, Ashkelon y Ashdod. Los milagros continúan (o "la buena suerte" para los que no creen en la protección divina), y, para desilusión de los terroristas, no hubo muertos, y solo un herido.

En Jerusalén una bomba colocada junto a un paradero de ómnibus causó la muerte de una mujer y causó heridas a más de cincuenta personas.

Todo esto está muy bien calculado. Para los terroristas disparar cohetes a Israel es lo que en inglés llaman a "win-win situation". No tienen pierde. Si tienen éxito mueren israelíes. Si no tienen éxito, en la inevitable reacción israelí, es posible que mueran civiles palestinos, (ya que Hamás dispara sus cohetes desde centros poblados), lo cual de inmediato causará protesta mundial, editoriales en contra, y condenas de los gobiernos europeos.

Por algún motivo que ellos sabrán, tal vez debido a que la atención del mundo se había desviado de los palestinos a otros árabes, las organizaciones terroristas palestinas resolvieron regresar a los días antes de la Guerra de Gaza.

Es posible, si la situación deteriora, y un cohete palestino causa muertos y heridos, (uno no debe tener fe ciega en que la buena suerte continúe sin cesar, o, con el respeto debido, que Dios siga haciendo caer los cohetes en descampados o en kindergartens vacíos) que Israel considere que es necesario nuevamente entrar a Gaza.

¡Sr. Goldstone, vaya usted sacándole punta al lápiz para escribir un nuevo reporte!


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La frase "Apartheid Israelí" es un oxímoron
Mi Enfoque #361, Marzo 25, 2011, por David Mandel, www.mandeldavid.com

Un par de definiciones para comenzar.

Apartheid, (palabra que en el idioma afrikáans significa "separación"), es el nombre que se dio a la política de segregación racial, que rigió en Sud África hasta el año 1990, con la consiguiente discriminación política, social, económica y racial. Por extensión se denomina "apartheid" a cualquier tipo de diferenciación social dentro del contexto de una nación, mediante la cual un sector de la población tiene plenos derechos y otro sector se relega a un status de marginalidad.

Oxímoron es una palabra compuesta proveniente del idioma griego: Oxy significa "agudo", "punzante", y Morós significa "fofo", "tonto". Se usa como figura retórica que consiste en asociar dos palabras de sentido contrario en una sola expresión. Por ejemplo, "silencio ensordecedor", "luz oscura", "placer doloroso". O, en este caso, "Apartheid israelí".

Una conspiración, (no, no estoy sufriendo de paranoia, realmente es una conspiración),de anti-semitas, anti-sionistas, gente de extrema izquierda e islamistas fanáticos, celebran anualmente, en más de 50 universidades de los Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña, un festival de odio y delegitimización de Israel, al cual llaman "La Semana del Apartheid Israelí", S.A.E.). Aprovechan la ignorancia y la ingenuidad de mucha gente para convencerlos de que Israel es un país racista y anti-democrático que ha adoptado la política del apartheid. Están de acuerdo con la filosofía totalitaria que George Orwell describió en su libro "1984": La ignorancia es fuerza.

Hitler, antecesor espiritual de los organizadores de la S.A.E., originó el concepto de la "Gran Mentira", (Große Lüge), y lo explicó en su libro Mein Kamp, (volumen 1, capítulo10). Se refiere a una técnica de propaganda donde la mentira expresada es tan enorme y absurda que es dificil aceptar que alguien tenga el descaro de tergiversar la verdad hasta ese extremo. Según Hitler, una gran mentira es más creíble que una pequeña mentira, porque "el vulgo tiene una mente de simplicidad primitiva y nunca se le ocurriría inventar mentiras colosales. Aún cuando los hechos contradicen la mentira siempre pensarán que hay otra explicación".

La realidad, por supuesto, contradice totalmente la Gran Mentira:

En Israel no existe discriminación racial o étnica. Judíos y árabes usan los mismos medios de transporte públicos, van a los mismos restaurantes, a los mismos centros comerciales, a los mismos cinemas, a las mismas playas, todo lo cual estaba prohibido en Sud África.
 
La minoría árabe se encuentra en todos los campos de la economía, educación, medicina, deporte, política, de Israel. Para muestra unos cuantos botones:

• ¿El capitán del equipo de fútbol de Primera División, Hapoel Tel Aviv? Walid Badir, árabe.
• ¿Miss Israel hace unos años? Rana Raslan, árabe.
• ¿Representante de Israel en el certamen Eurovisión de canciones, hace dos años? Mira Awad, árabe.
• ¿Juez de la Corte Suprema de Israel? Salim Joubran, árabe.
• ¿Embajador de Israel? Reda Mansour, druso.
• ¿Miembro de la Knesset que asumió temporalmente la presidencia del país en el mes de febrero del año 2007? Majali Wahabi, druso.

En Israel no existe discriminación religiosa. No existe religión oficial. Todas las religiones tienen igual derecho a ejercer su culto. Hay sinagogas, mezquitas, iglesias católicas y protestantes. Haifa es el centro religioso de la religión internacional Bahai, originada en Irán, donde hoy sus adherentes están siendo perseguidos. Israel se considera a si mismo el "Estado Judío" en el mismo sentido étnico de población mayoritaria que Siria, Egipto y Sahara Occidental dan a la frase "Republica Árabe" en su nombre oficial. Israel no se considera a si mismo el "Estado Judío" en el sentido de religión estatal que Irán, Pakistán, y Sudán dan a la frase "Republica Islámica" en su nombre oficial. 

En los hospitales de Israel trabajan médicos judíos y médicos árabes, unos al lado de los otros. No diferencian entre los pacientes. 180,000 palestinos fueron tratados, con la mayor dedicación, el año pasado en los hospitales israelíes. Repito la cifra: 180,000 pacientes palestinos, (aparte por supuesto de pacientes árabes israelíes).

En Israel no existe discriminación contra los homosexuales, como la hay en los países árabes, donde dicha preferencia sexual es considerada criminal. Hay desfiles de homosexuales en Jerusalén y Tel Aviv. Hay clubes de homosexuales. Hay homosexuales auto-reconocidos en la Knesset. Homosexuales palestinos han encontrado refugio en Israel. No por nada, Tel Aviv es llamada "el San Francisco del Medio Oriente".

En Israel no hay discriminación contra las mujeres. Ninguna profesión está cerrada a las mujeres. Una mujer fue Primer Ministro. Muchos ministros han sido y son mujeres. Una mujer es líder del partido de oposición. Hay mujeres presidentas de bancos y de grandes empresas.

¿En que otro país del mundo se ha dado el caso de que tres jueces, uno perteneciente a la minoría árabe, y dos al sexo femenino hayan juzgado a un ex-Presidente de la Nación por delitos sexuales y lo hayan condenado a siete años de cárcel?

¿En que otro país del Medio Oriente gente que escapó de las masacres de Darfur y de otros países africanos han buscado y encontrado refugio?

Si los organizadores de la Semana de Apartheid Israelí son realmente serios en su busca de discriminación en el Medio Oriente, la encontrarán en todos los países vecinos de Israel:

• En Arabia Saudita las mujeres no tienen derechos individuales, y ni siquiera se les permite manejar vehículos.
• En el Líbano se les prohíbe a los refugiados palestinos, la gran mayoría nacidos en el país, que trabajen en cerca de 50 profesiones.
• En Jordania se prohíbe la residencia de judíos.
• En Arabia Saudita se prohíbe las religiones que no sean la musulmana
• En Irán los actos homosexuales son castigados con cárcel o muerte.
• Mahmoud Abbas, el Presidente de Palestina, dice que no aceptará la presencia de un solo israelí en Palestina, (en Israel viven más de 1,200,000 árabes).
• En Gaza y en Egipto los cristianos son atacados por turbas.

Acusar de apartheid a Israel es el extremo de lo absurdo. Lamentablemente siempre habrá ignorantes e ingenuos que creen cualquier mentira si es suficientemente grande.
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Buenas y malas noticias: La condena palestina al acto terrorista y el informe de la agencia Reuters
Mi Enfoque #361, Marzo 25, 2011, por David Mandel, www.mandeldavid.com

La condena palestina
La buena noticia:  El Primer Ministro de la Autoridad Palestina, Salam Fayyad, llamó acto terrorista al atentado de esta semana en Jerusalén, en el cual una bomba, cargada con bolas de acero, clavos y tornillos, explotó en el paradero de un ómnibus, causó la muerte de una mujer e hirió a cincuenta.
La mala noticia:   Salam Fayyad, considerado como uno de los palestinos mas moderados, condenó el ataque, no por su inhumanidad, sino por "perjudicar el buen nombre de los palestinos".

El informe de la Agencia Reuters
La buena noticia  La Agencia Reuters reportó el atentado.
La mala noticia   El titular de la noticia reportada por la Agencia Reuters dice "La policía considera que fue un ataque terrorista, término que Israel usa en relación a las acciones palestinas". Es decir, una bomba cuyo objeto es matar o herir a tantos civiles como sea posible, no es terror para Reuters cuando las víctimas son israelíes.
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Me escribe un admirador del periódico Haaretz
Mi Enfoque #361, Marzo 25, 2011, por David Mandel, www.mandeldavid.com

Un lector no se sintió feliz con la descripción del periódico Haaretz ("simpatías pro-palestinas y demonización de la derecha israelí") que hice en mi artículo sobre la masacre de Itamar, y me escribió, entre otras, las siguientes frases:

"¿Shulamit Aloni, conocida por su lucha por los derechos humanos y ex Ministro de Educación Israelí es anti Israelí?"….."Gideon Levi, Hitler y Nasrallah no están en la misma categoría".

Nunca dije ni pensé que Gideon Levi, (al cual comentaré en los siguientes párrafos), Hitler, (el peor monstruo criminal genocida en la historia de la humanidad), y Nasrallah, (fanático musulmán que sueña con la destrucción del Estado de Israel), están en la misma categoría. Decir tal cosa no sólo sería un enorme absurdo sino una idiotez de mi parte.

He leído innumerables artículos de Gideon Levy, todos ellos caracterizados por la consistencia y monotonía con la cual describe a los palestinos como víctimas inocentes y a los israelíes como crueles opresores. Nunca, pero nunca, he leído un artículo de él, después de algún atroz atentado palestino, donde condena al palestino que realizó el acto del terror. Ni siquiera le hace un gentil reproche. (Y en el caso del horripilante crimen en Itamar no ha considerado necesario, hasta el momento, comentar al respecto). Lo he visto, en más de una ocasión, debatir en la televisión, donde muestra un goce casi infantil expresando frases y opiniones, que constituyen provocaciones deliberadas, al resto del panel y a los televidentes. Los palestinos lo aprecian, y le han dado el honor de compilar todos sus artículos en la página web http://www.fromoccupiedpalestine.org/taxonomy/term/145.

Respecto a Shulamit Aloni yo no diría que es anti-israelí, pero si que es anti-religión judía. Cuando era Ministro de Educación, bajo el Primer Ministro Rabin, declaró que las leyes judías de alimentos permitidos y no permitidos (kashrut) eran innecesarias. Criticó los viajes organizados de los colegiales a Auschwitz porque "los muchachos regresan con sentimientos nacionalistas". Insistió que en los funerales militares no se mencione a Dios.

Respecto al periódico Haaretz, tuve ocasión de conversar con un alto funcionario de la Oficina de Prensa del Gobierno de Israel. Se quejó amargamente del perjuicio y daño a Israel causados por Haaretz, periódico cuyos columnistas, en artículos post sionistas o anti-israelíes,  acusan al Estado Judío de ser un estado apartheid, de robar el agua de Palestina, de disparar deliberadamente a niños de doce años, y de muchos otros crímenes y maldades. Son artículos distorsionados, que incluso, no pocas veces, incluyen falsedades que sirven de munición a aquellos cuyo objetivo es delegitimizar a Israel.

En Israel el número de personas (incluyéndome a mí) que han anulado su suscripción a Haaretz cada día es mayor. Lamentablemente, ese periódico (su edición en inglés, y su página Web), es lo que los corresponsales de diarios extranjeros leen y del cual toman las noticias y comentarios que envían a sus propias publicaciones.

Uno de los periodistas más respetados de Israel, Nahum Barnea, del periódico Yediot Ajronot, comentó que la mayoría de los columnistas de Haaretz no pasan el "Examen del Linchamiento", es decir carecen del coraje de criticar a los palestinos aún en el caso de los dos israelíes que fueron linchados por una turba palestina en Ramallah hace algunos años, y sus cuerpos arrastrados por las calles.

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