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La Lira y la Espada

La Lira y la Espada
Primer capitulo
Comentarios de lectores
Acerca del autor

La Lira y la Espada, la novela del rey David, Músico, poeta, guerrero, seductor y asesino

La novela La Lira y la Espada relata la extraordinaria vida de David, rey de Israel, hombre de innumerables facetas: guerrero valiente y músico angelical, héroe nacional y mercenario al servicio del enemigo, poeta sublime y asesino despiadado, rey temido y padre que no supo controlar a sus hijos, indulgente y vengativo, prudente e impulsivo, elegido de Dios y culpable de terribles pecados.

David Mandel utiliza la agilidad de su imaginación, la amenidad de su estilo, y sus profundos conocimientos bíblicos para lograr una apasionante novela histórica que deleitará a sus lectores.

Su libro anterior Who is Who in the Jewish Bible ("Personajes de la Biblia") fue considerado "Libro Excepcional del Año 2008" por el University Press Committee de los Estados Unidos.

La Lira y la Espada ha sido ya traducido al inglés bajo el título God's Chosen.

Para informes sobre compra del libro La Lira y la Espada se puede escribir a enfoque@netvision.net.il

Lo invitamos a leer aquí el primer capítulo:

Capítulo 1  "Belén era un pueblo pequeño"
Testimonio de Joab, sobrino del Rey David, amigo y compañero desde su infancia,  comandante en jefe del ejército.

La tribu de Yehudá, a la cual pertenece nuestra familia, desciende de los hebreos que conquistaron Canaán hace cuatrocientos años. En la región donde se establecieron, la que hoy llamamos territorio de Yehudá, fundaron dos pueblos, Belén, donde nació mi abuelo Ishai, y Tekoa, donde nació mi abuela Lebaná.
Belén siempre fue, y sigue siendo, un pueblo pequeño. Durante mi infancia vivían allí tal vez cien familias, y no ha crecido mucho desde entonces. La tumba de Raquel, la esposa de Jacob, está a poca distancia y es, hasta hoy, objeto de peregrinajes, especialmente de mujeres que no tienen hijos, y que vienen a rezar para que Raquel interceda por ellas.
El pueblo está sobre una colina situada en medio de las tierras de labranza de los habitantes. Lo rodea una muralla que tiene una sola puerta, defendida durante el día por guardianes del pueblo, quienes, al caer la noche, la cierran y no la vuelven a abrir hasta poco antes de la madrugada, cuando los habitantes salen a cultivar sus campos.
Al lado de la puerta está la Plaza del Mercado, donde la gente de las cercanías y de otros pueblos acude dos veces a la semana, el segundo día y el quinto día, para comprar y vender verduras, frutas, panes, tortas, y también artículos de madera tallada, ollas y bandejas de bronce, telas bordadas, jarras de arcilla, adornos de marfil, estatuitas de ídolos talladas en piedra, sandalias de cuero, canastas, vasos de cerámica, textiles para vestimentas, cortinas y alfombras, joyas de oro y plata.
En el centro de la plaza está el pozo de Belén, cuya agua, se lo juro, es la más fresca y deliciosa que he bebido en toda mi vida. En la cumbre de la colina está la Plaza del Altar, rodeada de casas construidas de adobes de barro, que lindan unas con otras. La mayoría de las viviendas tiene un solo piso, pero algunas, entre ellas la de mi abuelo, son de dos pisos.
En el piso de abajo de la casa de mi abuelo, hoy habitada por mi tío Eliab, hay un patio, y a su alrededor están la cocina, el almacén, el cuarto de los sirvientes, y el redil de los animales. En el segundo piso está la mesa para comer, y las áreas donde la familia duerme. Un parapeto rodea al techo, de acuerdo a la ley de Moisés. Un alto muro separa a la casa de la calle.
Las empedradas calles del pueblo están generalmente salpicadas de la basura que las criadas de las casas tiran afuera, esperando que los animales la coman o que las lluvias la dispersen. Las letrinas están en los patios de las casas, pero es común ver a los hombres y niños del pueblo orinando en las calles contra los muros y  las paredes de las casas.
Las colinas cercanas, en épocas antiguas, estuvieron cubiertas de densos bosques que hace siglos fueron talados y reemplazados por terrazas construidas en las laderas, en las cuales los habitantes de Belén han plantado árboles de olivos.
Mi madre Zeruyah se casó muy joven con un sobrino de mi abuela, y se fue a vivir a Tekoa, el pueblo de su esposo. Allí nacimos mis hermanos y yo, el primogénito. No recuerdo mucho a mi padre (yo tenía sólo cuatro años cuando murió en una batalla luchando contra los filisteos) pero sé que mi madre quedó desconsolada. Regresó con nosotros a la casa de mis abuelos Ishai y Lebaná, en Belén, y nunca quiso volver a casarse.
Su hermana, mi tía Abigail, se casó con un forastero, y se mudó con él a una casa cercana a la de mi abuelo. Cuando ya estaba por dar a luz, el extranjero la abandonó, se fue de Belén y nunca más se escuchó de él. Abigail, al igual que mi madre Zeruyah, regresó a la casa de mis abuelos. Allí dio a luz a su hijo Amasa, y allí lo crió, bajo la supervisión de mi abuelo.
Mis tíos, los hijos de mi abuelo Ishai, eran ocho. David, el menor, era sólo dos años mayor que yo.
Mi abuelo Ishai era un hombre pudiente, dueño de una de las casas más grandes de Belén, y de extensas tierras en las afueras del pueblo, en las cuales, con la ayuda de sus hijos y sirvientes, cultivaba cebada y trigo. Gracias a los viñedos, árboles de olivos e higueras de mi abuelo, en nuestra casa nunca faltaron las uvas, las aceitunas y los higos. En las festividades siempre comíamos carne. Ishai también era dueño de tres mulas, dos vacas lecheras, algunas cabras, y un rebaño de ovejas, cuyo cuidado era responsabilidad de David.
A diferencia de los otros hombres ricos de Belén, mi abuelo sólo tenía sirvientes y no esclavos. Había hecho una detallada comparación del costo de mantener a un esclavo durante seis años (al cabo de los cuales, según la ley de Moisés, era obligatorio liberarlo y proveerlo de medios para que se gane la vida, incluyendo entregarle animales del rebaño) con los sueldos que tendría que pagar a un sirviente durante esos mismos seis años. Su conclusión fue que era preferible tener sirvientes y no esclavos.
La buena situación económica de Ishai, y el hecho de pertenecer a una de las familias más antiguas del pueblo, le daban derecho a mi abuelo a ocupar un lugar en el Consejo de Ancianos que gobernaba Belén, pero nunca lo eligieron para ese puesto. Esto se debía a que mucha gente, aunque no lo expresaba abiertamente, tenía prejuicios contra nuestra familia, a la que atribuían una reputación escandalosa, no por culpa de Ishai o de alguno de sus hijos, sino por las acciones de sus antecesores. ¡Totalmente absurdo e injusto, pero, así era la gente antes!
El escándalo había ocurrido varias decenas de años atrás, y tuvo como protagonistas a los abuelos de Ishai, Boaz y Ruth.
El asunto comenzó cuando Elimelej, uno de los hombres más ricos del pueblo, perdió toda su fortuna y se quedó en la calle. Sus ovejas murieron de una enfermedad desconocida. Una terrible sequía malogró su cosecha. Se vio obligado a vender su casa por una mísera suma. Para escapar de sus acreedores emigró al vecino reino de Moab con su esposa Naomi y sus dos hijos, con la esperanza de que allí su suerte pudiera mejorar.
En Moab le fue aún peor. Perdió el poco dinero que había traído, enfermó y murió. Sus dos hijos, casados con moabitas, también murieron poco tiempo después.
Naomi, al verse viuda y sin dinero, decidió regresar a Belén, y Ruth, una de sus nueras, la acompañó. En Belén encontraron una choza abandonada en la cual acomodaron sus pocas pertenencias. Debido a que no tenían dinero para comprar pan, Naomi envió a Ruth a los campos cercanos para que recogiera los granos caídos a la tierra.
El campo, al cual Ruth fue a recoger granos, pertenecía a Boaz, un hombre rico, de mediana edad, solterón, que gozaba del respeto de la gente del pueblo por ser una persona generosa, recta y justa. Todas las muchachas del pueblo querían casarse con él, pero él prefería permanecer soltero.
Boaz vio a Ruth, le pareció una mujer muy atractiva y dio instrucciones a sus trabajadores para que permitieran a la joven recoger los granos. Ruth regresó en la noche a la choza que compartía con Naomi, y le contó lo que había pasado.  El corazón de Naomi se llenó de esperanza, pues ella conocía a Boaz y sabía cuan gentil y bondadoso era.
Temprano en la mañana, al día siguiente, Naomi le habló a Ruth.
―Regresa al campo donde estuviste ayer, pero esta vez vístete con tu mejor ropa y perfúmate con aceite. En la noche, en vez de volver, busca a Boaz y échate a su lado. No creo que sea necesario darte más instrucciones.
Todo salió como Naomi lo había previsto. Boaz se sintió muy halagado de haber sido escogido por una joven tan bella como Ruth, y se casó con ella. Tuvieron un niño, al que llamaron Obed, quien, años más tarde, cuando creció y se casó, fue el padre de mi abuelo Ishai.
El matrimonio de Boaz con Ruth causó un gran alboroto en el pueblo. Lo que más criticaron no fue el hecho de que Ruth había seducido a Boaz para incitarlo a  casarse con ella, sino que ella era moabita, y la ley de Moisés nos prohíbe casarnos con gente de esa nación, aunque, para ser más exactos, la prohibición se aplica más a los moabitas hombres que a las mujeres moabitas, pero de todos modos…
Las jovencitas de esa época, hoy ancianas, nunca perdonaron a Boaz por haberse casado con una extranjera, ni a Ruth por haberles quitado a Boaz.
El problema para nosotros era que los niños vecinos, al vernos en la calle, solían insultarnos gritando "moabitas", "moabitas". David y yo, aunque éramos sólo dos contra cuatro o cinco, nos abalanzábamos contra ellos. Generalmente acabábamos con la nariz sangrando, pero nuestros contrincantes terminaban peor, tirados en el suelo y llorando. Aprendida la lección, se abstenían de insultarnos durante algunas semanas.
Cuando David cumplió ocho años de edad, su padre, mi abuelo, lo hizo responsable de las tres docenas de ovejas y diez cabras que pertenecían a la familia. El deber de David cada mañana era sacar a las ovejas del redil, llevarlas al campo a pastar, y traerlas en la noche de regreso. Dos años después, cuando yo cumplí los ocho años, mi abuelo me dijo que mi trabajo, desde ese día, era acompañar a David y ayudarlo a cuidar las ovejas.
Para mí, ese fue el mejor regalo de cumpleaños que pude recibir. Admiraba a David por su calma, su inteligencia y su valor, y trataba de imitarlo en todo lo que podía, excepto, por supuesto, en lo que se refiere a su lira. Él la tocaba maravillosamente, pero yo no tenía  aptitud para la música, y con franqueza, tampoco tenía interés por ese arte.
¿Cómo aprendió David a tocar la lira? La historia es así:
Cuando David tenía unos cinco años, su hermana mayor, mi tía Abigail, se casó. Mis abuelos hicieron una gran fiesta para los novios, contrataron músicos y bailarinas e invitaron a todo el pueblo a celebrar con ellos (meses después, durante el embarazo de mi tía, su esposo fue expulsado del pueblo cuando se descubrió que no era hebreo sino ismaelita, y nunca más se supo de él.)
Uno de los músicos que había tocado en la fiesta, afectado por la cantidad de vino que había tomado, olvidó su lira en la casa de Ishai. David la encontró al día siguiente, y empezó a tocarla. Sin tener quien le enseñe, él, por sí mismo, poco a poco, fue dominando el instrumento, y reveló un asombroso talento para la música. A los nueve años tocaba la lira mejor que cualquier otra persona en el pueblo.
Me asombraba la destreza de David con la honda que había confeccionado de un pedazo de cuero amarrado a dos cuerdas. Era una especie de bolsillo donde ponía una piedra, lo hacía girar rápidamente y luego soltaba una de las cuerdas para que la piedra saliese volando. Su puntería era infalible, y muchas veces lo vi dando en el blanco a gran distancia a osos y lobos que se acercaban al rebaño.
―¿Cómo has aprendido a usar la honda en forma tan experta? ―le pregunté un día.
―Un benjamita que pasaba por aquí me vio tratando de darle a una jarra con mi honda. Se rió al ver que yo no acertaba ni una vez, y me dijo, "Dame la honda, y mueve la jarra más lejos". Le di mi honda, la hizo girar con rapidez, y la piedra dio en el blanco. Luego me dijo "Ahora mueve la jarra al doble de la distancia". Volvió a hacer girar la honda, esta vez con la mano izquierda, y nuevamente dio en el blanco. Me asombré de su puntería y le pedí que me enseñe como lo lograba. Durante más de una hora me explicó como agarrar la honda y como soltarla, hasta que logré darle a la jarra cada vez. Cuando se despidió me dijo que el secreto era practicar todos los días. Seguí su consejo, y hoy puedo acertar a cualquier blanco ―me explicó David.
―Enseñame a usar la honda ―le rogué
Me instruyó con mucha paciencia y durante las siguientes semanas me obligó a practicar varias horas al día. Llegué a ser tan bueno que ese año gané la competencia anual que teníamos los muchachos de Belén con los muchachos de los pueblos vecinos, pero nunca pude igualar la destreza de David.
Todos los días en la madrugada (menos los sábados que es el día del descanso) sacábamos a las ovejas del redil, íbamos a la puerta del pueblo, pedíamos a los guardianes que la abran, y llevábamos a los animales a pastar en colinas cercanas. A la hora que el sol empezaba a ocultarse regresábamos con las ovejas al pueblo, y las encerrábamos en el redil de la casa de mi abuelo.
De vez en cuando jugábamos con los niños de la vecindad un juego al que llamábamos "Israelitas contra Filisteos". David siempre insistía en que él y yo fuésemos los israelitas y los otros niños los filisteos. Las tácticas y maniobras que se le ocurrían eran brillantes, y casi siempre ganábamos. David me daba instrucciones precisas acerca de lo que yo debía hacer, pero, a veces, yo no cumplía con sus órdenes y hacía lo que a mi me parecía más efectivo.
Una de las cosas que David no podía tolerar era ver a un muchacho maltratar a un niño más pequeño. Su reacción era abalanzarse contra el matón, aunque este fuese más alto y más fornido que él, y golpearlo hasta hacerlo huir. Luego solía decir al niño que había salvado, "Si algún día tengo una banda, quiero que tú seas parte de ella, y nadie volverá a molestarte". Así se ganó la admiración y el afecto de los niños de Bethlehem.
Durante los años, cuando David y yo cuidábamos a las ovejas, tuvimos muchas conversaciones sobre lo que nos gustaría hacer cuando fuésemos mayores. David anhelaba ser un gran músico, pero también soñaba con luchar contra los filisteos al lado del rey Saúl, a quien admiraba de todo corazón. Mi única ambición, si David llegaba a ser un líder militar, era combatir a su lado.

Comentarios de lectores

He leido LA LIRA Y LA ESPADA y desde la primera hoja quedé atrapado con su contenido. Es realmente apasionante y altamente recomendado para todos aquellos que quieren conocer la vida de uno de los personajes mas admirados, pero también mas criticados. Recomendaré su libro a todos mis amigos, y a la biblioteca de la OLEI.            
Mauricio Aszenmil, Kfar Saba

Tan pronto recibí su libro lo empecé a hojear, lo cual se convirtió de inmediato en lectura que, sólo después de horas, me forcé a interrumpir. Su prosa tiene una fluidez digna de mención. Me gustó mucho su libro. Se disfruta desde la primera línea.
Rubén Worcel

"La lira y la espada" es una interpretación novedosa de la vida del rey David. Es ágil, didáctico, y un placer de leer.                                              
Itzjak Kugler, Natania

He leído su libro y lo estoy recomendando a parientes y amigos.   
Ana Rivera, España

Aunque uno cree que conoce la historia, La Lira y la Espada esta escrito en forma tan entretenida que su lectura de es un placer.                               
Gustavo Perelmuter

Muy buena la novela. La  devoré de un solo round. Me enseñó la  historia como de ninguna otra forma, y, lo más interesante fue entender el contexto de la vida diaria de la época, muy distinto al de hoy en día.                                               
Salomón Rodrich

Me encantó el libro, lo leí de una sola sentada. Es un verdadero "page turner".
Hozkel Vurnbrand, Perú

Me resultó sumamente grata, interesante  y también muy instructiva, la lectura "La Lira y la Espada", que nos presenta la vida y polifacética figura del rey David según la interpretación, imaginación y conocimientos bíblicos del autor. La narración es fluida, amena e interesante que provoca curiosidad aunque se trata de relatos conocidos de la Biblia. La Lira y la Espada consigue lo que pocos libros logra: poner al lector dentro de la escena como si él estuviera presente en el tiempo y lugar. Está tan bien hecho que parece real y no producto de una imaginación fructífera.
Arie Katzir, Kfar Saba

 El relato se apodera de uno y nos incorpora en lo íntimo de la narración, unidad e integridad en sí misma. La Lira y la Espada describe al rey David como un personaje que poseyó notables dones de poeta, músico y artista -humanista de su época-, y adalid militar. Con su talento, coraje y esfuerzo creó un Estado que siguió existiendo durante siglos después de su muerte. Pero a la vez fue un político de enorme ambición, quien, para conseguir sus propósitos, podía dejar de lado sus escrúpulos y llegar hasta el asesinato con todas las agravantes, contando para ello con la colaboración directa o indirecta, expresa o tácita de variados personajes de su entorno. Fue, pues, pleno hombre de su época.
Ricardo Mateo Durand
Cónsul del Perú en Estonia

Nunca me imaginé que el famoso Rey David pasara tantas guerras, tantas emociones, amores, celos ,traiciones, odios. También hay humor en el libro. Disfruté "La Lira y la Espada" de comienzo a fin, y durante su lectura me consumía la curiosidad de saber lo que ocurriría en las siguientes páginas.
¡Qué buen tema para una telenovela histórica!

David Delarosa
Ex Embajador de Colombia en Israel

La "Lira y la Espada" relata la vida del rey David en una forma fresca y original que puede sorprender a los que conocen la historia del rey poeta sólo de los relatos de la Biblia que escucharon cuando eran niños.
El libro, escrito en un estilo ameno, matizado con humor e ironía, presenta a David, el personaje principal, a través de los testimonios de otros personajes, tales como Joab, su amigo de la infancia y comandante de su ejercito Mijal, hija de un rey, que comenzó amándolo y terminó odiándolo Hushai, su consejero, un hombre de fría inteligencia Natán, maestro manipulador, convencido de tener poderes de profeta, y otros.
Estos testimonios son mosaicos que relatan en forma cronológica la vida del rey, desde su niñez como pastor de ovejas hasta su lecho de muerte donde sus últimas palabras son para condenar a muerte a su más fiel amigo.
El recurso literario de presentar a David desde el punto de vista de los otros personajes resalta las diversas facetas de David: músico, guerrero, estratega, adúltero, mercenario, rey y padre de una familia disfuncional.
Personalmente, al terminar el libro la imagen ideal que yo tenia del rey David cambió. Se me hizo mucho más real, más interesante, con todas sus virtudes y sus defectos.

Rajel Ben Ami, Tel Aviv

"La Lira y la Espada", un libro lleno de emociones y suspenso, es apasionante.
David Cukierman, Estados Unidos

"La Lira y La Espada" es un libro de trama emocionante, donde la información bíblica se complementa con la imaginación del autor.
Jorge Acuña, Costa Rica

"Novedosa versión de la historia bíblica llena de suspenso, aventuras y emociones"
(Luis Cárdenas, Argentina)

"Intrigas, alianzas, aventuras, traiciones y odios me hicieron leer el libro sin interrupción"                                                                        
Carlos Dubois, Panamá

"Por fin, un rey David de carne y hueso, tal como realmente debe haber sido, no como lo representa la teología tradicional"
Hugo Shnaider, Argentina

"Excelente novela histórica de lectura apasionante. Mandel tiene el coraje de presentar a David con los mismos defectos y virtudes de todo ser humano"
Ricardo Pinhas Slelatt, Argentina

"Novela donde brillan la ironía y el humor"
(Ernesto Quimper, Perú)

"El rey David de "La Lira y la Espada" es ambicioso, inescrupuloso y manipulador. Si viviese hoy tendría gran éxito como político"
Jaime Glottman, Israel


Acerca del autor

David Mandel nació en Lima, Perú, en el seno de una familia tradicional y sionista.

Sus estudios universitarios los hizo en Estados Unidos, en la Universidad de Pennsylvania, donde tuvo ocasión de estudiar bajo el Dr. Moshé Greenberg, quien posteriormente fue profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén, y es considerado uno de los mas grandes eruditos bíblicos del siglo 20.

En 1970 hizo aliá con su esposa Ruth y sus tres niños (que mientras tanto ya les han dado diez nietos). En Israel fundó y dirigió una compañía de programación especializada en traducción automática.

Su recientemente publicada novela histórica sobre el Rey David ha sido recibida muy favorablemente y ya ha sido traducida al inglés bajo el título de God's Chosen. La versión en francés sera publicada al final de este año.

 

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Comentarios de los lectores
excelente expositor
Enviado por faustino morel RD ,
11/01/2014          Para leer el comentario...
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