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Mi Enfoque # 31 10 de enero, 2004

Mi Enfoque # 31    10 de enero, 2004

• Acción, reacción y contra-reacción
• La población judía en el siglo I
• El gran éxito de Arafat: logró inculcar odio y fanatismo a toda una generación
• El fin de un noble experimento
• El problema de los Falash Mura
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Acción, reacción y contra-reacción
Mi Enfoque # 31    10 de enero, 2004

Acción La Comisión Europea realizó hace unos meses un estudio sobre el antisemitismo en Europa, cuyos resultados hasta el momento no se han publicado oficialmente y una encuesta sobre los países más peligrosos para la paz mundial.
Reacci¬ón Edgar Bronfman, Presidente del Congreso Judío Mundial, y Cobi Benatoff, Presidente del Congreso Judío Europeo, enviaron una carta abierta al Financial Times acusando a la comisión de suprimir el estudio ya que probaba la intervención musulmana en la mayoría de los actos antisemitas en Europa. También culparon a la comisión de promover la encuesta con preguntas inflamatorias y prejuiciadas que dieron por resultado que Israel fué nombrado por la mayoría de los encuestados como la más grande amenaza para la paz mundial. Ambos actos, según la carta, tuvieron motivación política, y demostraron “falta de buena voluntad, y de decencia, deshonestidad e inmoralidad intelectual.”
Contra-reacción El Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, suspendió de inmediato el seminario sobre antisemitismo que la Unión Europea había programado, basando su decisión (me imagino) en la razón de que ¡Estos judíos de #%¢§© no se merecen que les demostremos que no somos antisemitas!
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La población judía en el siglo I
Mi Enfoque # 31    10 de enero, 2004

Según el libro de Ezra los judíos que retornaron del exilio de Babilonia en el siglo 5 AEC fueron un total de cuarenta y dos mil, mas siete mil sirvientes, (Ezra 2:64-65). Este número, más algunos sobrevivientes del período pre-exilio, da un total de un probable máximo de setenta mil habitantes en Jerusalem y sus alrededores. En el período de los Hasmoneos, que convirtieron por la fuerza a los Idumeos y otros pueblos al judaismo, la población judía aumentó notablemente, y, durante el reino de Herodes la población judía en Israel, y en el resto del mundo greco-romano, llegó a números impresionantes, parte debido a actividad proselitista. Se calcula que de los 100 millones de habitantes del imperio romano en el siglo 1 de la presente era, cerca de diez millones eran judíos, esparcidos por todo el imperio, de los cuales dos millones y medio vivían en Israel.
La guerra contra Roma del 66 al 70 -que culminó en la destrucción del Templo-, el levantamiento contra Trajano de 115 a 117, y la guerra de Bar-Cojba de 132 a 135, decimaron la población judía en Israel, Egipto, Chipre y otros países. La población judía en las otras regiones del imperio también disminuyó considerablemente en el curso de los siguientes siglos, debido a la expansión del cristianismo en las ciudades donde habían habido comunidades judías en el siglo 1, (como atestigua el apostol Pablo en el Nuevo Testamento), y a la continua opresión romana y legislación anti-judía, tanto antes de la conversión oficial del imperio romano al cristianismo en el siglo 4, como después.

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El gran éxito de Arafat: logró inculcar odio y fanatismo a toda una generación
Mi Enfoque # 31    10 de enero, 2004

Arafat recibió hace diez años el gobierno de las ciudades palestinas de Gaza y de la Ribera Occidental. El resultado de su gestión corrupta y dictatorial ha sido en su mayor parte desastroso. Los árabes palestinos, quienes tenían a principios de la década de los noventa uno de los más altos niveles de vida del mundo árabe, están hoy empobrecidos y sin trabajo, y sus perspectivas de crear un estado independiente han sufrido una demora indefinida por el fundado temor de Israel, (y también el de los Estados Unidos y Europa, aunque no todos estos paises lo expresen abiertamente), de que el estado de Palestina resulte ser una dictadura que apoye el terrorismo, y que tenga como único objetivo la destrucción del estado de Israel.
Pero no se le puede negar a Arafat haber conseguido, y con creces, el principal logro que se había propuesto: indoctrinar a la nueva generación palestina en el odio, el fanatismo, el terrorismo, y el convencimiento de que los judíos no tienen ningún derecho a su propio estado, y menos aún en una región del mundo que los árabes consideran debe ser completamente islámica.
El éxito de Arafat me trae a la memoria una de las canciones de la película musical South Pacific, cuyo fondo musical ganó el Oscar en 1958. La canción, que en inglés se titula You have got to be carefully taught, dice lo siguiente en libre traducción de algunos de sus versos al castellano:
Te tienen que enseñar
a temer y a odiar.
Te tienen que enseñar a tener horror
a gente cuya piel es de otro color.
Antes de que sea demasiado tarde, te tienen que enseñar
antes de que tengas seis, siete u ocho años,
a aborrecer a quienes tus padres exigen que debes odiar

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El fin de un noble experimento
Mi Enfoque # 31    10 de enero, 2004

Uno de los más exitosos y radicales experimentos sociales del siglo 20, el kibbutz, ha llegado practicamente a su fin, con los acuerdos tomados en la reciente convención del Movimiento Kibbutz Unido.
De los 268 kibutzim que existen en este momento en Israel algunos se privatizarán y se convertirán en “poblaciones comunales”. Otros se transformarán en lo que se llamará “el Kibbutz renovado”, donde habrá diferenciación de sueldos y propiedad privada.
Los más conservadores, especialmente aquellos que pertenecen al Movimiento Socialista Mapam, continuarán con el sistema del kibbutz clásico, bajo el nombre de “cooperativa de kibbutz”. Pero aún donde ellos las cosas ya no serán como antes, y los miembros tendrán que pagar por su comida aún cuando coman en el comedor comunal.
El ideal “de cada uno de acuerdo a su capacidad a cada uno de acuerdo a su necesidad” pasó a la historia. Los miembros reciben salarios de acuerdo con su contribución a la empresa colectiva. Los niños ya no duermen en casas separadas, sino en la casa de sus padres. Ir a la universidad a estudiar una carrera ya no se considera una “ambición burguesa”.
Varios factores han contribuido a la decadencia y agonía de esa institución que dió tantos motivos de orgullo a Israel: la opresiva deuda financiera, el deseo de un mejor nivel de vida, la busqueda del progreso individual, la disminución de la importancia del kibbutz en la vida económica del país, la falta de nuevos miembros, la “deserción” de los jovenes hacia la ciudad, y la edad avanzada del promedio de los miembros de los que se quedan.

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El problema de los Falash Mura
Mi Enfoque # 31    10 de enero, 2004

Los Falash Mura son los descendientes de judíos etiopes que se convirtieron al cristianismo durante los siglos 19 y 20, algunos persuadidos o presionados por misioneros, y otros impulsados por el deseo de progreso económico, ya que en Etiopía sólo a los cristianos les está autorizado poseer tierras.
Cuando Israel, en las operaciones “Salomón” y “Moises”, repatrió a decenas de miles de judíos etiopes, algunos Falash Mura también trataron de subir a los aviones, pero no se les permitió, ya que ni Israel ni la comunidad de judíos etiopes (Beta Israel) los consideran judíos.
Cerca de 20,000 Falash Mura, esperanzados en poder emigrar a Israel, abandonaron sus pueblos y vinieron a las ciudades de Addis Ababa y Gondar, donde las autoridades etiopes los ubicaron en campos de refugiados. Hasta hoy continúan allí sin trabajo y sin contacto con el resto de la población.
Los Falash Mura dicen ser iguales a los “marranos” españoles y portugueses, judíos conversos que secretamente continuaban fieles a sus creencias. Israel no cree en esas declaraciones, y dice, “¿Por qué se declaran judíos recién ahora cuando hemos repatriado a los judíos etiopes?”
Israel teme que si accede a traer a estos 20,000 Falash Mura a Israel, decenas de miles de otros etiopes, y, posiblemente, la entera población de Etiopía, descubrirán sus “raices judías” y exigirán que se les repatrien. Después de todo, el ex-emperador etiope Haile Selassie se consideraba descendiente del producto de los amores del Rey Salomón y la Reina de Saba.

 

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