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Mi Enfoque #255 23 de octubre, 2008

Mi Enfoque #255   23 de octubre, 2008

• Ni un estado ni dos estados. ¡Tres estados!
 La crisis financiera y los antisemitas
 Las verdaderas causas de la crisis financiera
 ¿Quienes eran los filisteos?
• Una anécdota personal
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Ni un estado ni dos estados. ¡Tres estados!

Mientras los políticos y estadistas negocian el conflicto israelí-palestino con el objetivo de llegar a dos estados, y mientras Abu Mazen amenaza, si no se llega pronto a un acuerdo, con un solo estado binacional, Hamás en Gaza está sentando las bases de un estado con una población de casi millón y medio de habitantes, separado e independiente de los palestinos de la Cisjordania, territorio que está controlado por sus rivales del Fatah.

Hamás ha desarmado, silenciado y puesto de lado a todos sus oponentes. Aunque existe un boicot internacional de Hamás, debido a ser una organización terrorista, la economía de la franja de Gaza sobrevive gracias a las donaciones de dinero de Irán y de diversos grupos musulmanes de apoyo en el mundo.

A pesar del bloqueo de sus fronteras con Israel y Egipto, en la práctica importan todo lo que quieren, incluyendo comida y medicinas, pero especialmente armas y explosivos, a través de las docenas de túneles, controlados por Hamás, que existen bajo la frontera de Gaza con Egipto.

El régimen de Hamás goza de popularidad y apoyo en Gaza, porque ha logrado disminuir el crimen, e imponer la ley y el orden. Las calles están más limpias que antes, algunas de ellas han sido pavimentadas. Los semáforos que no funcionaban han sido arreglados, y hasta han inaugurado un nuevo hospital de niños. Están islamizando Gaza, pero en forma gradual y a pasos moderados.

Hasta ahora, básicamente, Hamás ha respetado la tregua con Israel, y los disparos de cohetes Kassam a poblaciones israelíes son aislados y poco frecuentes.

No existe, por ahora ni en un futuro próximo, la más mínima posibilidad de que Fatah logre recuperar el control sobre Gaza. La situación cada día se vuelve más irreversible.

La solución de dos estados, uno judío y el otro árabe, que Olmert propone con fervor, y que Muhammad Abbas acepta sin demasiado entusiasmo, es posible que sea sustituida por la solución de tres estados, uno judío y dos árabes.
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La crisis financiera y los antisemitas

"Los judíos son responsables de la crisis financiera mundial" dijo un antisemita.
"Los judíos y los que montan bicicleta", le contestaron.
"¿Por qué los que montan bicicleta?, preguntó.
"¿Y por qué los judíos?

La crisis financiera mundial le ha caído del cielo, - o, tal vez preferible decir, le ha subido del infierno, - a los antisemitas y proponentes de la teoría que "existe una vasta conspiración judía para destruir la economía mundial y conseguir su objetivo de dominio universal".

Los periódicos árabes han publicado artículos explicando que la crisis financiera es el resultado de una conspiración de los judíos americanos y de los sionistas, con el objeto de hacer imposible la creación de un estado palestino, apoderarse de las riquezas árabes, y aumentar su poderío en el mundo.

Un parlamentario egipcio es el autor de un artículo que apareció en Al Hayat, un conocido periódico árabe que se publica en Londres. El respetable legislador denunció que la crisis es una conspiración del gobierno americano, controlado por los judíos, y que es una continuación de la conspiración de hace siete años (la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York), para dominar el mundo económica y políticamente.

Un columnista libanés escribió que la mente judía y el lobby sionista habían ideado y ejecutado la crisis financiera para evitar que Bush, en sus últimas semanas de presidente, cumpla su promesa de establecer un estado palestino. Añadió que algunas personas tal vez no estarían de acuerdo con esta tesis, ya que el mundo de las finanzas internacionales es judío, y es difícil pensar que los sionistas destruirían sus propias inversiones, pero la prioridad de los sionistas es evitar que se establezca el estado de Palestina, ya que éste recibiría parte del dinero que hoy recibe Israel. "Además los que han perdido su dinero y sus inversiones no son los sionistas, dueños de la economía, sino los árabes y la gente de medianos recursos". "Debido a que un negro será el próximo presidente de los Estados Unidos los sionistas están transfiriendo la base de sus operaciones de Estados Unidos a Europa, donde ya han logrado la elección en Francia de Sarkozy, de origen judío, y ahora tratarán de apoderarse de otros gobiernos".

Una erudita profesora universitaria de la Universidad Rey Faysal de Arabia Saudita nombró a los Rothschild como autores de la crisis financiera para afianzar su dominio de la economía mundial, que empezó en la época de Napoleón.  (Esta misma profesora escribió en un artículo anterior que "no es cierto que los judíos maten a niños para usar su sangre como ingrediente de la matza de Pesaj. ¡No, señor! Los judíos matan a niños para celebrar Purim").
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Las verdaderas causas de la crisis financiera

Después de mi, el diluvio (Luis XV)

Un amigo mío, liberal e inteligente, desconcertado por la enorme cantidad de artículos, publicados en los periódicos y en el Internet, que mencionan el número de judíos involucrados en la crisis, incluyendo la firma de inversiones Lehman Brothers, fundada por dos hermanos judíos en el siglo 19, y el presidente del Banco Federal de Estados Unidos, me pidió un comentario al respecto.

Esto es lo que le escribí:

Es probable que entre los financistas de Wall Street haya un número de personas de religión judía mayor a su proporción en la población general. Pero eso también ocurre en medicina, literatura, arquitectura, arte, Hollywood, premios Nobel, etc. Esto no es causado por su forma de rezar a Dios, sino que se debe a que los judíos, por tradición, generalmente tienen un nivel educacional más alto que el promedio de la población.

No existen grupos financistas judíos. Existen financistas judíos, al igual que existen financistas protestantes, financistas católicos, financistas budistas y financistas ateos.

Ni los judíos tienen la culpa de la crisis financiera, ni los protestantes, ni los católicos, ni los budistas. Tampoco los ateos.

La crisis financiera tiene tres causas básicas:

a. La falta de visión de los legisladores del Congreso americano. Durante la presidencia de Jimmy Carter, el Congreso aprobó leyes que obligaban a los bancos a otorgar hipotecas a gente de reducidos medios económicos y pocas entradas, para que estos también tuviesen casa propia. Un típico caso de las buenas intenciones con las cuales esta empedrado el camino al infierno.

b. La codicia - Los empleados de los bancos e instituciones financieras de los Estados Unidos reciben más por bonificaciones que por sueldo. Estas bonificaciones están ligadas a las ganancias (en papel) que los gerentes y ejecutivos producen. La posibilidad de otorgar hipotecas a cualquiera sin exigir garantías aumentó enormemente el número de préstamos realizados, con las consiguientes ganancias (en papel) para los bancos por concepto de intereses a recibir. A más préstamos otorgados, más ganancias (en papel). Los congresistas, a su vez, reciben contribuciones para sus campañas de reelección de los bancos y firmas inversoras, agradecidos por las leyes que contribuyeron a aumentar sus ganancias (en papel).

c. La estupidez - cegados por la codicia, a nadie le interesó que esas hipotecas (cuya venta a otras instituciones les daba pingues ganancias) nunca podrían ser pagadas por gente que no tenia suficientes entradas. Tampoco previeron que algún día todo reventaría. Su filosofía era: "Dios es grande y ya se vera como nos pagaran".
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¿Quienes eran los filisteos?

Adoptar niños es un proceso que, por lo general, es lento, frustrante y burocrático. En contraste, adoptar antepasados es mucho más sencillo, rápido y fácil. Basta decir, por ejemplo, "mis antepasados eran de la familia real de Aragón", y, si nadie te lo refuta ni te lo discute, se vuelve un hecho establecido y aceptado.

Los árabes palestinos descienden, parte de ellos, de los árabes que conquistaron Tierra Santa en el siglo 7. Otros son descendientes de árabes de los países vecinos que inmigraron a la tierra de Israel a fines del siglo 19, - según lo demuestra Joan Peters, en su libro Desde tiempo inmemorial,- atraídos por el despertar económico causado por la inmigración judía. (Mark Twain visitó Israel en el año 1867, a raíz de lo cual escribió, en su libro Innocents Abroad, que el país se hallaba desierto).

El emperador Adriano, en el año 131, para debilitar los vínculos de los judíos, esparcidos en el imperio romano, con la tierra de Israel o Judea, como se llamaba en esa época, cambió el nombre del país a Palestina, versión latinizada de Filistea, nombre de una nación, ya extinta, que, mil años antes, había ocupado una estrecha franja costeña, que iba desde Gaza hasta Ashdod.

Los filisteos, (la palabra viene de plishtim, un término hebreo que significa "invasores"), no eran semitas sino griegos, originarios, según la Biblia, de la isla de Creta. Llegaron a Canaán en barcos alrededor del siglo 12 A.E.C. y encontraron a los hebreos que habían llegado al mismo tiempo desde el este.

Ambas naciones estuvieron constantemente en guerra, predominando inicialmente los filisteos por tener el monopolio del hierro, (o, como en el caso de Sansón y la filistea Dalila, por tener mujeres bonitas).

El rey David los venció en una serie de batallas (incluyendo el famoso encuentro individual, cuando era muchacho, con el gigante filisteo Goliat). El rey Ezequías, en el siglo 8 A.E.C., los derrotó definitivamente, y desde entonces la historia no los vuelve a mencionar.

Los ingleses, al finalizar la Primera Guerra Mundial, conquistaron las provincias turcas del Medio Oriente, y decidieron usar el nombre romano Palestina para la región. Durante tres décadas, hasta la independencia en 1948, los "palestinos" no eran árabes sino judíos.

Los árabes de la Cisjordania, entre 1949 y 1967, tuvieron nacionalidad jordana. Fue recién, a partir de la creación de la Organización de Liberación Palestina en 1964, (tres años antes de que Israel capture la Cisjordania en 1967), que los árabes de la zona empezaron a llamarse a sí mismos "palestinos", adoptando a los filisteos de la época bíblica como sus antepasados.

En la Guerra de Independencia de Israel, 1948-1949, no sólo hubo una transferencia de poblaciones, (los judíos residentes en los países árabes emigraron o fueron expulsados, y llegaron a Israel los árabes huyeron a los países árabes fronterizos, donde hasta hoy los mantienen en campamentos de refugiados) sino también de nombres. Los judíos, llamados "palestinos" en 1948, hoy son llamados "israelíes". Los árabes de la Cisjordania, llamados "sirios" o "jordanos" en 1949, hoy son llamados "palestinos".
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Una anécdota personal

Hace ocho años, en noviembre del año 2,000, dos meses después que Arafat diera comienzo a su guerra del terror, Ruth y yo, con una pareja de amigos americanos, fuimos por unos días de vacaciones a París. Dejamos las maletas en las habitaciones del hotel y salimos a caminar.

Estábamos admirando la fachada de un antiguo edificio, cuando, de repente, un transeúnte abrazó a Ruth y le dio un beso en la mejilla. Me quedé atónito por unos segundos hasta que lo reconocí. Era un primo de Ruth, pintor de fama internacional, peruano de nacimiento y residente en París desde hacía muchas décadas, que, por coincidencia, estaba paseando esa mañana en la zona de nuestros hoteles, muy lejos de su barrio.

Recobre mi presencia de ánimo y también yo lo abracé. Conversamos un rato y luego cada uno siguió su camino.

Al día siguiente fuimos con nuestros amigos americanos al Centro Pompidou de Arte. Saliendo de allí, entramos a un café vecino. Miré por la ventana, y, ¡vi al primo de Ruth!, esta vez acompañado de su esposa. Ruth y yo salimos apresuradamente a saludarlos. Conversamos, y el primo nos dijo que, para celebrar la increíble coincidencia de dos encuentros casuales, nos invitaba a nosotros y a nuestros amigos a cenar en su casa el día siguiente. Aceptamos gustosos, nos despedimos y regresamos a nuestra mesa.

Le mencioné a mi amigo que él y su señora también estaban invitados a cenar donde el primo de Ruth.

"Gracias, pero no. Ya lo he visto suficiente", bromeó mi amigo, quien en realidad ya tenía un compromiso para esa noche.

Al día siguiente, a la hora indicada, llegamos a la casa del primo de Ruth. Tenía otros dos invitados, una pareja de origen judío, nacidos en Argentina, con una larga residencia en París, donde trabajaban en el mundo del teatro.

La conversación versó principalmente sobre pintura y teatro, y fue sumamente agradable. En un momento me levanté de la mesa y regresé después de unos minutos. Para mi sorpresa, durante mi corta ausencia, el tema de conversación había tomado un giro completamente distinto.

El invitado le estaba reprochando a Ruth las acciones del gobierno de Israel.

"¿Por qué están ustedes matando a los niños palestinos?", preguntó en un tono malhumorado y agresivo.

Le expliqué que los palestinos deliberadamente colocaban niños en primera línea, enfrentando a los soldados israelíes, mientras disparaban desde atrás. Esa táctica era lo que en inglés llaman "a win-win situation" para los palestinos. Por un lado dificultaba a los soldados israelíes devolver el fuego, y, por otro lado, al causar,  inevitablemente, heridos y muertos entre los niños palestinos, conseguían que los medios internacionales de comunicación condenasen a Israel. (Meses después, descontinuaron esa táctica cuando los periódicos extranjeros publicaron algunos artículos de crítica).

"Esos niños me recuerdan al heroico pilluelo Gavroche, muerto de un balazo en la barricada de los estudiantes rebeldes", comentó emocionado.

"Debo informarle que niños israelíes también han muerto, víctimas de las bombas de los asesinos suicidas", le contesté al apasionado lector de Los Miserables.

"Pero no me va a negar que han muerto más niños palestinos que niños israelíes", insistió.

"¿Estaría usted más satisfecho si fuese mayor el número de niños israelíes asesinados?", le pregunté.

No me contestó. Él y su esposa se levantaron de sus sillas, se pusieron los abrigos, y se fueron sin despedirse.

Y sin comer el postre.

Peor para ellos porque estaba riquísimo.
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