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Mi Enfoque #263 1 de enero, 2009

Mi Enfoque #263   1 de enero, 2009

• La verdadera vergüenza
• ¿De nuevo critican la "reacción no proporcional" de Israel?
• El cántaro fue demasiadas veces a la fuente
 Reacciones que no son sorpresas
• Salvemos a Jonathan Pollard
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La verdadera vergüenza

Un corresponsal, evidentemente poco informado o con simpatía automática por el lado de los que él cree más débiles, me escribió, "Es una vergüenza lo que está pasando hoy en Gaza". Yo discrepo con él, porque, para mí, y para todos los habitantes de Israel, especialmente los que durante años han sido blancos de cohetes y morteros, la reacción de Israel es todo lo contrario de ser una vergüenza.

Vergüenza es la intención genocida de Hamás, que, durante años, atentó continuamente, día tras día, semana tras semana, contra la vida de hombres y mujeres, ancianos y niños, disparando miles de cohetes a poblaciones civiles.

Vergüenza es la hipocresía de las Naciones Unidas, de los gobiernos, de los medios de comunicación, y de los individuos que critican la reacción de Israel pero nunca criticaron los miles de cohetes disparados por Hamás contra poblaciones civiles israelíes.

Vergüenza es la larga demora del gobierno de Israel en reaccionar y su inercia en proteger a sus ciudadanos. No hay país en el mundo que habría tolerado un día lo que Israel pacientemente ha tolerado durante años.

Las bombas que hoy caen en Gaza, a diferencia de los cohetes de Hamás, no están destinadas a causar victimas civiles, sino a desmantelar la capacidad de Hamás de practicar el terror contra civiles. Es triste, pero inevitable, que en toda guerra mueran civiles, especialmente cuando Hamás se esconde entre ellos, pero Israel hace lo posible por evitarlo. El que lee las noticias, sin dejarse cegar por el prejuicio, verá que la gran mayoría de los muertos en Gaza son combatientes de Hamás.  En contraste, los muertos y heridos en Israel en meses anteriores y en estos días, son todos civiles.
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¿De nuevo critican la "reacción no proporcional" de Israel?

Aquellos a quienes les es imposible negar o ignorar las justas y obvias razones que Israel tiene para actuar en Gaza, ponen el grito en el cielo condenando la reacción "no proporcional" de Israel.

Ninguno de estos señores ofrece una definición de lo que quieren decir con  "reacción proporcional". ¿Tal vez lo que tienen en mente es el verso bíblico que dice "ojo por ojo, diente por diente" (Éxodo 21:24)?

En ese caso es probable que se dieran por satisfechos si Israel se limitase, cada vez que los palestinos disparan un cohete a poblaciones civiles de Israel, a disparar de regreso un solo cohete también a poblaciones civiles. Y si los palestinos disparan tres mil cohetes como lo han hecho este año, Israel también tendría el derecho de dispararles tres mil cohetes. Y, por supuesto, de ningún modo debe Israel tratar de destruir las bases de donde los palestinos disparan cohetes Kassam, ya que los palestinos no disparan a las bases militares israelíes sino que concentran su fuego contra poblaciones civiles. ¡Destruir las bases palestinas no sería proporcional!

Izquierdistas, simpatizantes del Islam, y antipatizantes de Israel, se quejan de que el ataque de Israel a Gaza "no es proporcional".

¡OK, es verdad! No es proporcional, pero, ¿cuál es la doctrina de guerra que dice que la respuesta a la agresión debe ser proporcional?

La realidad es que las respuestas proporcionales en una guerra son absurdas e ineficaces. Imaginémonos que un oficial se enfrenta a una patrulla enemiga que se halla en una posición fortificada en una colina. ¿El oficial se limitará a enviar una patrulla para no violar el principio de proporcionalidad, o recurrirá a la artillería y a la fuerza aérea?

La doctrina militar Powell-Weinberger, (cuyos autores son el General Colin Powell y el ex Secretario de Defensa de los Estados Unidos Caspar Weinberger), establece que la respuesta militar debe ser aplastante, contundente, abrumadora y desproporcionada a la fuerza del enemigo.

Las acciones de Israel no tienen como propósito la venganza sino convencer al enemigo que no le conviene agredir a Israel, debido al alto costo que tendría que pagar. Por consiguiente, y a pesar de las quejas de editorialistas y columnistas, y las condenas de las Naciones Unidas y de algunos países, la reacción de Israel no puede ni debe ser proporcional.

Nota. Este artículo, con algunos cambios, apareció en Mi Enfoque #150, el 22 de julio del 2006, durante la Guerra con el Líbano, pero sigue siendo aplicable.
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El cántaro fue demasiadas veces a la fuente

Tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe (Frase anónima)

Se les dijo, se les advirtió, se les repitió, y se les volvió a decir: Israel no podía seguir tolerando indefinidamente que la vida de cientos de miles de sus ciudadanos continuasen a merced de la "Ruleta Palestina". Los tres mil cohetes disparados en el año 2008 por los palestinos, (trescientos en la última semana) tenían como intención matar, herir y mutilar el máximo número de civiles israelíes. El hecho de que las víctimas fueran relativamente pocas se debió únicamente a una suerte increíble o a la protección divina*.

La acción militar de Israel contra Hamás estaba anunciada, pero, aunque los dirigentes de Hamás, dando más muestra de prudencia que de valor, se escondieron, no creyeron que Israel había llegado al final de su paciencia y de su tolerancia.

Tan confiados estaban los dirigentes de Hamás en la renuencia (que ellos consideran pusilanimidad) del gobierno israelí a reaccionar al ataque de cohetes que se negaron a prolongar la tregua que se venció la semana pasada, y, por el contrario, arreciaron con sus disparos. No hicieron caso al pedido de Egipto ni a la advertencia de Abu Mazen, presidente de la Autoridad Palestina. Se burlaron públicamente cuando el gabinete de Israel, varios días antes, aprobó realizar una acción militar contra Gaza. "Israel es un tigre de papel", dijeron. Pero cuando el tigre, harto, les dio un zarpazo, se llevaron una sorpresa que no esperaban.

* También fue increíble la suerte de Israel, (o la protección divina) durante la Guerra del Golfo en 1991. Saddam Hussein disparó 40 cohetes Scud a Israel que, aunque causaron daños a miles de edificios, mataron a una sola persona en forma directa. En comparación, durante la guerra de Irak e Irán, (1980 a 1988) la mayoría de los cohetes Scud iraquíes que cayeron en Teherán mataron a decenas de personas.
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Reacciones que no son sorpresa

La acción militar que Israel inició el sábado 27 de diciembre del 2008 provocó reacciones pavlovianas, fáciles de predecir:

"Es un crimen de guerra" dijo Ahmed Tibi, parlamentario árabe de la Knesset. El obispo sudafricano Desmond Tute, quien nunca esconde su antipatía a Israel, usó exactamente las mismas palabras.

"Masacre al estilo de Deir Yassin, Sabra y Shatila", comentó Peter Beaumont, editor del periódico británico Guardian.

"Israel usa fuerza no proporcional", criticaron gobernantes europeos, incluyendo al Presidente francés, al Primer Ministro inglés, y al Ministro alemán de Relaciones Exteriores.

"La muerte de palestinos no combatientes es inaceptable" dijo Javier Solana, de la Unión Europea. (Respecto a la muerte de israelíes no combatientes se abstuvo de comentar).

Los árabes israelíes, demostrando con quien se identifican, declararon una huelga general a favor de los palestinos de Gaza. Algunos de ellos expresaron sus sentimientos tirando piedras a judíos israelíes que pasaban cerca de sus pueblos.

Ghaleb Majadle, el primer árabe israelí que es ministro del gobierno, no se presentó a la sesión del gabinete en protesta por la acción del ejército israelí.

Izquierdistas judíos realizaron una marcha de protesta en Tel Aviv contra el ataque israelí a Gaza, tal vez para contrarrestar el hecho de que nunca protestaron contra los disparos de cohetes palestinos contra civiles israelíes.

Y no es necesario leer los artículos de los columnistas de Haaretz para entender de parte de quien están. Sus títulos lo dicen todo:

"El ataque a Gaza no es contra Hamás. Es contra todos los palestinos", por Amira Hass.

"Tratar de dar una lección a Hamás es un error fundamental", por Tom Segev.

"El matón del barrio golpea nuevamente", por Gideon Levi.
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Salvemos a Jonathan Pollard
Jonathan Pollard nació en Texas en 1954. En 1984, mientras trabajaba en el Departamento de Inteligencia de la Marina de los Estados Unidos, fue arrestado y acusado de espiar a favor de Israel. Le propusieron que si confesaba y prescindía del juicio le darían una pena más leve. Así lo hizo, pero el Secretario de Defensa, Caspar Weinberger, nieto de judíos apóstatas, presentó al juez un documento secreto de 46 páginas, cuyo contenido no se enseñó a los abogados de Pollard. El juez, luego de hablar con Weinberger, condenó a Pollard en 1987 a cadena perpetua, sin posibilidad de libertad condicional. Los primeros siete años los pasó en una celda solitaria. En el año 1995 Israel le otorgó la ciudadanía, y en 1998 reconoció públicamente que Pollard había sido un espía israelí.
La sentencia que recibió Pollard, acusado de espiar para un país aliado de Estados Unidos, es más dura que la que se impuso a cualquier otro espía que trabajó para países enemigos. Por ejemplo, Harold  Nicholson, agente de la CIA, fue sentenciado en 1997 a 23 años de prisión por espiar para Rusia Robert Lipka, quien recibió en 1997 una sentencia de 18 años en prisión por vender secretos a la Unión Soviética Kurt Lessenthien fue sentenciado en 1996 a 27 años de prisión por vender secretos militares a Rusia.
El Presidente de los Estados Unidos tiene la potestad de perdonar a quien él diga. Así perdonó el Presidente Ford al desprestigiado Richard Nixon que había renunciado por haber encubierto un crimen de espionaje político. Clinton, en el último día de su gobierno, perdonó a 140 personas, incluyendo al estafador Marc Rich. Pero hasta hoy todos los presidentes de Estados Unidos, desde Ronald Reagan hasta Hill Clinton se han negado a perdonar a Pollard.
Pollard ha sido duramente castigado por tratar de ayudar a Israel. Ha llegado el momento, después de más de veinte años de prisión, de que sea perdonado y pueda vivir tranquilo el resto de su vida en Israel. Cada uno de nosotros puede ayudar a liberarlo, escribiendo directamente al Presidente Bush, a su dirección electrónica president@whitehouse.gov, con un texto, en castellano o en inglés, similar al siguiente:
Estimado Presidente Bush:
Ahora que está usted llegando al final de su presidencia, tiene usted el derecho de perdonar a quien desee. Es mi ferviente deseo de que perdone a Jonathan Pollard, un hombre que quiso ayudar al mejor aliado de Estados Unidos, Israel, sin dañar a los intereses de los Estados Unidos. Jonathan ha estado en prisión más tiempo que otros que si hicieron daño a su país. Tenga usted comprensión y misericordia y haga justicia a un hombre que ha pagado con creces sus errores.
    Respetuosamente, 

 

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