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Mi Enfoque #271 12 de febrero, 2009

Mi Enfoque #271   12 de febrero, 2009

 Decadencia y caída de la izquierda en Israel
• ¿A quien representan los parlamentarios árabes israelíes en la Knesset?
 ¿Hasta cuando, hasta cuando?
• Relación de genocidios
• Consejos de un clérigo islámico egipcio para lograr un matrimonio feliz
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Decadencia y caída de la izquierda en Israel

"El único lugar en el mundo en el que todavía me siento de izquierda es Israel" (Mario Vargas Llosa, "Israel Palestina, Paz o Guerra Santa", página 109)

Tal como van las cosas, Vargas Llosa debería apurarse, porque si algún día vuelve a visitar Israel para sentirse aquí de izquierda, la única forma que podrá realizar su anhelo es mirándose en el espejo.

La izquierda en Israel parece protagonizar la película "El Increíble Hombre Menguante" ("The Incredible Shrinking Man"), la película de ficción, estrenada en 1957, que relata la historia de un hombre que gradualmente fue perdiendo estatura y peso, hasta que se volvió microscópico.

En la primera elección a la Knesset, el 20 de enero de 1949, los partidos de izquierda, entonces llamados Mapai y Mapam, recibieron 65 representantes, es decir el 54% del total de 120 miembros de la Knesset, una mayoría absoluta.
 
Durante el curso de los siguientes sesenta años los partidos de izquierda tuvieron numerosas fusiones, divisiones, amalgamas, y cambios de nombre. El partido Laborista (Avodá) de hoy, con 13 representantes, es lo que se llamaba Mapai en 1949. Meretz, con 3 representantes, es el sucesor del Mapam de 1949. El total de 16 parlamentarios que tienen hoy ambos partidos equivale al 13% de la Knesset.

La izquierda, generalmente en coalición con el partido de los religiosos, gobernó Israel ininterrumpidamente desde 1949 hasta 1977, cuando el Likud lo sobrepasó en números. En el curso de las siguientes décadas el gobierno pasó en forma alternada de la izquierda a la derecha, y viceversa.

En las elecciones de 1992 el partido Laborista recibió 41 representantes, que, junto con los 12 de Meretz dio un total a la izquierda de 53 parlamentarios. La caída vertiginosa de la izquierda comenzó en las elecciones del año 2003, las primeras desde que Arafat, en setiembre del año 2,000, dio inicio a la Guerra del Terror. Su rechazo a una solución pacifica, ofrecida por Barak y Clinton en Camp David, las bombas y los suicidas, abrieron los ojos al público israelí que se dio cuenta de que el acuerdo de Oslo había sido un espejismo ingenuo de parte del gobierno de Rabin, y un engaño deliberado de parte de Arafat. El resultado de las elecciones fue que el Likud, bajo la dirección de Ariel Sharon, ganó de lejos a Avodá.

Meretz, en las elecciones de 1992, llegó a tener doce parlamentarios. Esta semana, a duras penas, lograron elegir a tres. Meretz es el partido más izquierdista que aún se puede llamar sionista, aunque algunas de las declaraciones de la que fue su líder en la década de los 90, Shulamit Aloni, hacen dudar de esa impresión. (Uno de los comentarios que más recuerdo de la Sra. Aloni es: "El problema de los jóvenes israelíes que visitan Auschwitz es que regresan demasiado patriotas).

El electorado israelí ha castigado a los partidos de izquierda, no tanto por ser los autores del error histórico y catastrófico que fue el acuerdo de Oslo, sino porque hasta ahora no reconocen que hicieron un error y no aceptan su responsabilidad por cometerlo. Por ejemplo, Yossi Beilin, uno de los principales autores de Oslo, y ex jefe de Meretz, continúa empujando, con secreta financiación de países extranjeros, el llamado "Acuerdo de Ginebra" que es una reencarnación de los acuerdos de Oslo. Como dice la vívida frase peruana, "es la misma chola pero con otro calzón". Y no muy limpio que digamos.
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¿A quien representan los parlamentarios árabes israelíes en la Knesset?

La respuesta debería ser obvia: los parlamentarios árabes israelíes representan a los que votan por ellos, es decir a los ciudadanos árabes israelíes.

Pero en la práctica no es así. Los parlamentarios árabes en la Knesset, tal como lo demuestran sus actos y sus expresiones de antagonismo al estado israelí, representan más a los palestinos, a Hizballah y a Siria, que a los ciudadanos árabes israelíes.

Cuando alguien vota por un partido, uno espera que este defienda los intereses del votante. Los árabes israelíes tienen derecho a esperar que sus representantes se preocupen de que sus pueblos reciban más dinero del presupuesto nacional, que aboguen por mejores carreteras, que insistan en mejorar los sistemas de agua y desagüe, que exijan mejores equipos de computación y laboratorios en los colegios, etc. En vez de estas actividades, los parlamentarios árabes se limitan a despotricar contra Israel, visitar a los países enemigos, y colaborar (como en el caso del fugitivo Bishara) con organizaciones terroristas extranjeras.

Los árabes israelíes votan por representantes que han demostrado repetida y constantemente estar en contra del estado de Israel. Y los representantes, una vez que están en la Knesset, prefieren expresar su odio a Israel y su apoyo a los enemigos de la nación, - lo cual en Israel les asegura mención en los titulares de los periódicos, pero, en cualquier otro país les aseguraría juicio por traición - en vez de laborar por el bienestar de la gente que los ha elegido.

Es un círculo vicioso que terminará sólo cuando los árabes israelíes voten por representantes cuya prioridad sea el bienestar de la gente que los ha elegido.

Lo cual tampoco ha sido el caso en estas elecciones.

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¿Hasta cuando, hasta cuando?

Hace unos días recibí una carta de un amigo peruano de la infancia, en la cual él pregunta:

¿Hasta cuando va a seguir el conflicto israelí-palestino? ¿Por qué no se implanta ya, de una vez, la solución de dos estados para dos naciones? ¿Si Francia o Alemania, que lucharon tres sangrientas guerras entre 1870 y 1939, con millones de muertos, hoy son naciones hermanas dentro de la Comunidad Europea, porqué no pueden hacer lo mismo israelíes y palestinos?

Esto es lo que le contesté:

Querido amigo:

Concuerdo contigo, de todo corazón, que la solución al conflicto del Medio Oriente está en la creación de un estado palestino, que viva en paz y armonía al lado del estado judío.

Hay dos grandes obstáculos que dificultan conseguir esa solución en un futuro previsible. Uno es el odio implacable (expresado en la constitución de Hamás) que siente una gran mayoría de los palestinos hacia Israel y los judíos. Es una hoguera alimentada por sermones en las mezquitas que demonizan a los judíos por libros escolares en cuyos mapas no aparece el estado judío y cuyos textos tergiversan la historia por programas de televisión para niños donde les enseñan que su más alta aspiración debe ser matar judíos por artículos en sus periódicos donde califican de "invasores" a los judíos, y les niegan todo derecho a un estado.

El otro obstáculo es la desconfianza que los israelíes sienten hacia los palestinos y a sus promesas, desconfianza que comenzó cuando Arafat pocos días después de firmar el Acuerdo de Oslo, dio un discurso en una mezquita en Johannesburgo, en Sud África el 10 de mayo de 1994, donde (sin saber que lo estaban grabando) dijo que el Acuerdo era un subterfugio, una tregua similar a la que una vez firmó con sus enemigos el profeta Mahoma, y que abrogó tan pronto tuvo suficiente fuerza para vencerlos. La desconfianza israelí aumentó, cuando Arafat rechazó las propuestas que le hicieron Barak y Clinton en julio del año 2000 en Camp David, e inició, pocas semanas después, una guerra de terror que costó la vida a miles de personas en ambos lados. La respuesta palestina al desalojo total de los judíos de Gaza, cohetes y bombas, en vez de aprovechar la primera oportunidad que han tenido en su historia para construir las bases de su futuro estado, incrementó aún más la desconfianza, a tal punto que la gran mayoría de los israelíes están convencidos de que si se retiran de la Cisjordania, los palestinos dispararán cohetes contra Tel Aviv y el aeropuerto internacional.

¿Cuándo habrá paz? Es imposible pensar en un  plazo o decir una fecha, pero habrá paz, creo yo, cuando surja una nueva generación palestina que no haya sido educada en el odio obsesivo a Israel y a los judíos. Cuando la profecía de Isaías se haga realidad, "Ya no aprenderán más guerra" (Isaías 2:4), o, como dijo Golda Meir, "cuando los palestinos quieran más a sus hijos de lo que odian a los nuestros".
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Relación de genocidios

Genocidio  Es el exterminio o eliminación sistemática, total o parcial, de un grupo social por motivo de raza, de religión o de política (Definición de la Real Academia Española)

El odio y la hostilidad al extranjero, la llamada xenofobia, es, lamentablemente, común en el ser humano. Siempre existió, existe hoy, y si no hay un cambio radical en la moral y en la ética, seguirá existiendo. En grado moderado la xenofobia produce prejuicio y discriminación. En grado extremo produce genocidio.

La Biblia menciona dos intentos de genocidio contra los israelitas. El primero lo intentó realizar el faraón de Egipto, como lo relata el primer capítulo de Éxodo, cuando dio órdenes a su pueblo de tirar al río todos los varones israelitas recién nacidos. El segundo lo quiso hacer Hamán, el Primer Ministro de Persia, cuando convenció al rey (con un soborno de diez mil talentos de plata – equivalentes a unos trescientos mil kilos de hoy) para que apruebe una ley decretando el exterminio de todos los ciudadanos judíos del imperio persa, (Ester, capítulo 3, versículos 8 y 9). Por suerte, ninguno de los dos logró su propósito.

(Para ser completamente imparcial debo mencionar que, en la Biblia, los antiguos hebreos realizaron genocidios. Uno, ordenado por Dios, fue el exterminio de los amalequitas, - un pueblo que había atacado por traición a los israelitas – mencionado en Deuteronomio 25:19 y en 1 Samuel 15:3. Otro, por orden de Moisés, fue la matanza de los madianitas, como lo relata Números 31:17).

Los romanos, al conquistar Cartago en el siglo 2 AEC, exterminaron a todos sus habitantes.

Los mongoles, en el siglo 13, bajo el mando de Gengis Khan, no dejaban a nadie vivo en los territorios que conquistaban.

El descubrimiento de América trajo consigo el genocidio más grande de la historia. Se calcula que murieron más de cien millones de los habitantes nativos de América, principalmente por enfermedades que los europeos trajeron, malos tratos y conflictos armados.

Los chinos, en el siglo 18, aniquilaron a la nación Dzungar, matando a cerca de 800,000 personas.

El genocidio más grande del siglo 19 lo realizaron los rusos al exterminar gran parte de los circasianos.

En Australia los colonos exterminaron por completo a la tribu Tasmania de aborígenes.

En la guerra de los Estados Unidos contra los filipinos, a comienzos del siglo 20, los americanos mataron a más de un millón de personas.

El primer genocidio organizado del siglo 20 lo realizaron los alemanes en Namibia, matando al 80% del grupo étnico Herero y 50% de la tribu Nama.

Los turcos exterminaron a más de un millón de armenios en la segunda década del siglo 20. Al mismo tiempo los turcos mataron a cerca de 300,000 asirios-caldeos. En Anatolia mataron a 360,000 griegos.

Los soviéticos mataron a 500,000 cosacos del Don en 1919.

Durante la Segunda Guerra Mundial los alemanes y sus aliados mataron a seis millones de judíos, aparte de diez millones de eslavos, 285,000 gitanos, y 220,000 homosexuales. Los croatas, aparte de matar judíos y gitanos, mataron a más de 500,000 serbios.
 
En 1964 la revolución en Zanzíbar mató a doce mil personas, miembros de las minorías árabes y asiáticas.

Durante la guerra civil en Guatemala (1968-1996) murieron más de 200,000 personas, un millón fueron expulsados de sus hogares, y cientos de aldeas fueron destruidas.

En la guerra de independencia de Bangla Desh, en 1971, los paquistanos mataron entre un millón a tres millones de personas.

En Guinea Ecuatorial, país que mereció ser llamado "el Auschwitz de África", el presidente Francisco Macias Nguema, entre 1968 hasta que fue derrocado en 1979, mató a 80,000 personas de una población total de 300,000

En Camboya, el Khmer Rouge, entre 1975 a 1979, mató a más de un millón y medio de camboyanos.

La ocupación de Timor Oriental por parte de Indonesia, entre los años 1975 a 1999, causó más de 100,000 muertos.

El dictador etiope Mengistu Haile Mariam, fue responsable de la muerte de medio millón de personas, incluyendo a 150,000 estudiantes de universidad.

En 1994 800,000 personas fueron masacradas en Rwanda.

En Darfur, Sudán, 250,000 personas han sido matadas por milicias árabes. Y la matanza continúa.

Los que entusiastamente marchan por las ciudades europeas, con carteles comparando a los israelíes con los nazis, y proponiendo que los judíos vayan a las cámaras de gas, acusan a Israel de haber causado un genocidio en Gaza. Probablemente ignoran, o no les interesa, que Israel controló Gaza desde 1967 hasta 2005. En 1967 la población de Gaza constaba de 360,000 personas, y la expectativa de años de vida de las mujeres de Gaza era 46. Cuando Israel se retiró en el año 2005 la población de Gaza constaba de un millón cuatrocientos mil personas, y la expectativa de vida de las mujeres había subido a 73 años. Si esto se considera genocidio, está bastante bajo en el ranking.
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Consejos de un clérigo islámico egipcio para lograr un matrimonio feliz

Cuando el edicto real se dé a conocer en todo el reino, todas las mujeres respetarán a sus esposos (Ester 2:20).
Nota: La lectura de este artículo se recomienda sólo a hombres.

Los siguientes consejos para lograr un matrimonio feliz no los encontrarán en las columnas de "Dear Abby" o "Ann Landers" o sus equivalentes en los periódicos locales, pero fueron expresados recientemente en un programa de televisión en Egipto (me he limitado a traducirlos del inglés* y a editarlos en forma mínima):

Galal Al-Khatib es un clérigo islámico egipcio, experto en relaciones matrimoniales. Hace pocos días alguien le consultó sobre un problema matrimonial: su esposa no le obedecía. Y este fue el consejo del ilustrado clérigo:

"Es derecho y obligación del esposo disciplinar a su mujer cuando ella es desobediente. ¿Qué significa "desobediente"? Una mujer desobediente es la que sale de su casa sin permiso del esposo, la que no obedece al esposo en la cama, la que le contesta en forma descortés, o la que no hace lo que el esposo le pide".

"La ley religiosa islámica establece el procedimiento para disciplinar a una esposa desobediente. Hay tres pasos que se deben seguir en forma ordenada. No se puede hacer el tercero sin antes hacer el segundo, ni el segundo sin antes hacer el primero".

"El primer paso es llamarle la atención con delicadeza, hablándole de Dios, y explicándole que si quiere entrar al paraíso debe obedecer al esposo. Al complacer al esposo ella complace a Dios. Hay que dejar en claro que los derechos del esposo tienen prioridad sobre los derechos de sus padres".

"El segundo paso, si el primero no da resultado, es 'expulsión'. Algunos dicen que se le debe expulsar de la cama matrimonial, otros dicen que se le debe privar del acto conyugal. Yo no estoy de acuerdo con privarla del acto conyugal, porque ese es uno de los derechos del esposo, y no es lógico que él, para castigarla, se prive a sí mismo de las relaciones sexuales. El esposo continúa teniendo el derecho de tener relaciones sexuales con ella, aún durante la 'expulsión'. Es suficiente que deje de sonreírle y decirle palabras agradables.

"El tercer paso, si el segundo no ha dado resultado, y la mujer continúa terca y obstinada en su desobediencia, es pegarle. El esposo debe decirle: 'Tengo que tomar contigo una medida que es apropiada sólo para gente inhumana – pegarte. Para otras esposas de mejor comportamiento bastan las palabras, pero no para ti".

"El Profeta Mahoma dijo que las palizas a las esposas deben ser ligeras, no a la cara ni a áreas sensibles del cuerpo. Hay que evitar la rotura de huesos, o dejar marcas que desfiguren su belleza en la cara o en el cuerpo. Palizas que sacan sangre, rompen huesos, dejan cicatrices, o marcas en la piel que permitan que la gente se entere de que ella ha sido golpeada, son prohibidas por nuestra religión".

"¿Cómo se le debe golpear a la esposa? Se le puede dar una cachetada en el hombro, o un buen pellizco, o empujarla. El esposo tiene que hacerle entender que él no está contento con su desobediencia y quiere que ella cambie.

*  Si alguien desea ver los consejos del clérigo en el artículo original, puede visitar la página Web:
 http://www.memri.org/bin/latestnews.cgi?ID=SD222909
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