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Mi Enfoque #274 3 de marzo, 2009

Mi Enfoque #274   3 de marzo, 2009

 De regreso a la normalidad
• Ven los árboles, pero no el bosque
 La quinta "Celebración anual de la Semana del Apartheid Israelí"
• El libro de Ester
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De regreso a la normalidad

Esto parece tan normal que parece anormal encontrarlo anormal.
(Umberto Eco, "El Nuevo Antisemitismo")

El Primer Ministro Ehud Olmert quiso terminar su controvertido gobierno con una contundente victoria sobre Hamás, esperando conseguir los siguientes resultados:

• La eliminación del control de la organización terrorista sobre Gaza, o, por lo menos, convencer a Hamás de que no le conviene continuar con los disparos de cohetes y morteros, que, durante ocho años, ha realizado ininterrumpidamente.

• Devolver la seguridad y tranquilidad a los pobladores de las ciudades fronterizas de Israel. 

• Liberar al soldado cautivo Gilad Shalit, secuestrado por Hamás el 25 de junio del año 2006.

 Hoy, dos meses después de la guerra, es evidente que Israel no consiguió ninguno de sus objetivos. Hamás continúa en control de Gaza, Hamás sigue disparando cohetes (cerca de cien, desde el final de la guerra), y Shalit permanece cautivo, (si es que está con vida).

Todo regresó a la "normalidad" a la que nos hemos acostumbrado durante los últimos años. Incluso siguen ocurriendo los milagros usuales: un cohete cayó en un colegio de Ashkelon, que estaba vacío, por ser sábado, día del descanso, y sólo causó daños al edificio. Si hubiese sido día de estudios, el número de colegiales muertos y heridos habría sido decenas. Otro milagro: un cohete destruyó un departamento, sin causar víctimas ya que la familia se encontraba en la sinagoga.

Otro aspecto de la "normalidad" es que nadie en el mundo protesta contra los cohetes que Hamás sigue lanzando contra centros poblados. Ni un periódico ha publicado un editorial al respecto. Nadie ha salido a las calles a demostrar contra el intento de la organización terrorista de matar indiscriminadamente hombres, mujeres y niños.

La reacción del gobierno de Israel también corresponde a la normalidad de los últimos años: El Primer Ministro, en respuesta a los continuos disparos de cohetes, "amenazó con una fuerte respuesta si Hamás sigue disparando", estribillo que hemos escuchado durante los últimos ocho años, y que no parece asustar a Hamás.

Es probable que la campaña de Gaza sea considerada por los historiadores como un evento "lleno de sonido y furia, que no significó nada", (Shakespeare, Macbeth, Acto 5, escena 5).

Hamás sigue disparando cohetes diariamente, y los pobladores de las ciudades fronterizas siguen confiando que los milagros continúen. Todo seguirá "normal" hasta que, algún día, un gobierno de Israel llegue a la conclusión que a la serpiente se le mata cortándole la cabeza, no la cola.
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Ven los árboles pero no el bosque

En los últimos tres años Israel ha tenido dos guerras: una, en el año 2006, contra Hizballah, organización islámica libanesa, y la otra, en el año 2009, contra Hamás, organización islámica palestina.

Desde un punto de vista histórico estas guerras han sido sólo escaramuzas previas a una guerra mundial: la del Islam fanático contra el Islam moderado (encabezado por Arabia Saudita y Egipto, incluye la mayoría de los otros países árabes e islámicos), y contra lo que hoy se llama el Occidente, que, en siglos anteriores, era llamado el Mundo Cristiano.

El Islam fanático, liderado por el régimen teocrático revolucionario que gobierna Irán, incluye a organizaciones terroristas como Al Qaeda, responsable de la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York Hizballah en el Líbano Talibán en Afganistán Hamás en Gaza Lashkar-e-Taiba, en Pakistán Jemaah Islamiyah en Indonesia los terroristas de Madrid y de Londres. Los aliados de Irán son Siria y Qatar, y el actual gobierno turco de mayoría islámica.

El Islam fanático tiene en común con las fracasadas ideologías nazi y comunista la ambición de conquistar el mundo. Los líderes de Irán están convencidos que son instrumentos de Dios, y que su misión es islamizar el mundo. Esperan la llegada inminente del Mahdi, su mesías, que, según su teología, vendrá sólo cuando haya un caos mundial causado por una guerra cruenta. En las palabras del historiador Bernard Lewis, "la mutua catástrofe que causaría un conflicto nuclear no es para el régimen iraní un argumento disuasivo  sino, todo lo contrario, un incentivo."

Los clérigos que gobiernan Irán, (el presidente Ahmadinejad es un fantoche dirigido por ellos), consideran una obligación divina convertir a Irán en la más poderosa vanguardia del Islam, para lo cual, les es imprescindible armarse con bombas nucleares.

Los fanáticos tildan a los islámicos moderados de apóstatas, cuyo castigo, de acuerdo a las leyes de Shaaría, es la muerte.

Respecto a Israel su objetivo no es terminar con la ocupación y crear un estado palestino al lado de Israel, sino exterminar al estado judío, cuyo crimen es existir como país no islámico en un territorio que en el pasado fue islámico. Hamás, en su constitución, no exige la creación de un estado palestino, sino la de un califato mundial.

Para los fanáticos musulmanes, incluyendo aquellos que nacieron y/o viven en Europa, el Occidente y sus valores son una abominación que debe ser destruida. El país líder del Occidente, los Estados Unidos, es llamado por ellos  "El Gran Satán". (A Israel sólo lo llaman "El Pequeño Satán).

Es increíble que los gobiernos del mundo y los medios de comunicación no se dan cuenta del peligro de una nueva Guerra Mundial. Hace un año un importante organismo de Inteligencia de los Estados Unidos declaró, contra toda evidencia, que Irán había abandonado hace años su ambición de ser potencia nuclear, (hoy reconocen su grave error). Esto le otorgó valioso tiempo a Irán para continuar con su plan de armamento nuclear.

La inercia, ignorancia, estupidez y cobardía, de la que hicieron gala Neville Chamberlain, Primer Ministro de Gran Bretaña, y Edouard Daladier, Primer Ministro de Francia, en la Conferencia de Munich, el 29 de setiembre de 1938, la demuestran igualmente hoy los gobernantes del Occidente.
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La quinta "Celebración anual de la Semana del Apartheid Israelí"

Esta semana los anti-semitas, — perdón, el nombre politically correct es "los anti-sionistas", — celebran por quinto año consecutivo su Semana del Apartheid Israelí.

La "Semana del Apartheid Israelí" se celebró por primera vez en el año 2005 en la Universidad de Toronto, Canadá. El año pasado el orador principal del evento fue el ex miembro de la Knesset, Azmi Bishara, quien escapó de Israel para evitar ser juzgado por traición, (recibió dinero de Hizballah por la información que les proporcionó durante la guerra del 2006).

Este año, según sus organizadores, más de cuarenta universidades celebrarán lo que en verdad debería llamarse  "la Semana de Odio a Israel", con conferencias, películas y demostraciones. Tal vez como preparación para los festejos, hace un par de semanas un grupo de "anti-sionistas" en la Universidad de York persiguió a estudiantes judíos, gritando desaforadamente "¡Muerte a los judíos". Afortunadamente, la policía llegó a tiempo y pudo extraerlos del campus, antes de que fuesen linchados.

El objetivo de la "Semana" es "educar al público sobre la verdadera naturaleza apartheid de Israel y diseminar información sobre el sionismo y la lucha por la liberación palestina, y promover boicots y sanciones contra el Estado Judío".

La "Semana" es la mejor oportunidad del año que tienen los islámicos fanáticos, los judíos judeofobos, la gente de extrema izquierda y la de extrema derecha, para expresar su odio virulento y sus prejuicios irracionales, — disfrazándolos de acusaciones de apartheid, racismo, genocidio, nazismo en resumen, calificando al estado judío de ser el peor país del mundo, el más villano, el más criminal, el único que merece que se le dedique toda una semana de odio concentrado e intensificado, — para que su entusiasta público los premie con un aplauso ensordecedor.

No hay forma de discutir con esa gente, y mucho menos convencerlos, de que sus acusaciones son falsas y absurdas, y serían risibles si no fuese porque pueden acarrear consecuencias trágicas. Los nazis comenzaron denigrando e insultando a los judíos, demonizándolos y acusándolos de toda clase de defectos e inferioridades físicas, morales y éticas, lo cual, algunos años después, condujo a la exterminación de seis millones de personas en las cámaras de gas.

El objeto de estos discípulos de Joseph Goebbels es acusar a Israel de ser un estado apartheid, racista, genocida, y nazi, para provocar, como etapa inicial, desprecio, odio y condena al estado judío. El siguiente paso es conseguir que sea boicoteado, discriminado y expulsado de las Naciones Unidas, (como ya lo pidió el Primer Ministro de Turquía). La solución final, es borrar a Israel del mapa, como lo amenaza hacer Irán.

Negar esas acusaciones es equivalente a negar las acusaciones de que la hermana de uno es prostituta, cuando uno ni siquiera tiene hermana.

¿Israel es un estado apartheid?
Apartheid es el nombre que se dio se refiere al conjunto de leyes que la minoría blanca de Sud África dictó contra la mayoría negra del país.
Si la acusación de que Israel es un país apartheid se refiere al trato que Israel da a la gente de color, es absurda, ya que Israel es el único país en el mundo que absorbió decenas de miles de etíopes que hoy viven en Israel, como ciudadanos con iguales derechos y obligaciones.
Si la acusación se refiere al trato que en Israel se da a los árabes israelíes, demuestra ignorancia que en Israel los árabes tienen igualdad de voz y voto, que en todos los hospitales hay médicos y pacientes árabes, que hay jueces árabes – incluso en la Corte Suprema -, que hay parlamentarios árabes y diplomáticos árabes. Hace unos años una joven árabe ganó el certamen de belleza de Miss Israel. Este año una cantante árabe representa a Israel en Eurovisión. Por el contrario, los árabes israelíes tienen un privilegio adicional: los jóvenes no tienen que dar tres años de su vida al Servicio Militar, por estar exonerados, (aunque hay cientos de árabes que se enrolan voluntariamente).
Si la acusación se refiere a la construcción del Muro de Separación entre Israel y las áreas palestinas, esto se debe a la amarga experiencia de suicidas bombas que entraban a Israel y mataron a más de mil israelíes. Anteriormente, desde 1967 hasta 1987, no existieron muros, barreras ni puestos de control entre Israel y las áreas palestinas. 250,000 palestinos entraban diariamente a trabajar en Israel. Yo visité Gaza en más de una oportunidad, y me bañé en sus playas. Cuando construí mi casa compré las losetas en Nablus y las puertas en Tulkarem. A los albañiles los recogía de sus casas en Kalkilia. Caminando por las calles de las ciudades palestinas, me sentía tan seguro como si estuviese en Tel Aviv. (Hoy, lamentablemente, dudo si saldría vivo).

¿Israel es un estado genocida?
Genocidio es la exterminación o intento de exterminación de una nación o grupo social. La mejor prueba de que ha habido genocidio es la disminución de la población. Pero, al revés, si la población aumenta, la acusación de genocidio no tiene fundamento.
Los árabes de Israel aumentaron de 156,000 en 1948, a un millón y medio hoy, casi diez veces más.
La población de Gaza en 1967, cuando fue ocupada por Israel, era de 280,000 personas. Hoy tiene 1, 400,000 habitantes.
¡Qué tal genocidio!

Sería interesante pedir a los organizaciones de la Semana del Odio a Israel que expliquen porque la mayoría de los árabes israelíes, viviendo en un país "genocida, racista, apartheid, y nazi", manifiestan su deseo de continuar siendo ciudadanos de Israel aún en el caso de que surja un estado palestino independiente.

¿No les parece raro a los participantes de la Semana del Odio a Israel, que los árabes israelíes se oponen con vehemencia a la propuesta de Lieberman de transferir su ciudadanía y el control de sus ciudades a la Autoridad Palestina, e insisten en seguir siendo israelíes?

Me imagino que si le menciono esto a alguno de los organizadores, su contestación sería, "Pobrecitos los árabes israelíes. De tantos malos tratos, de tanta discriminación, se han vuelto masoquistas".
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El libro de Ester

El libro de Ester, que explica el origen del festival de Purim, tiene la característica de ser uno de los dos únicos libros de la Biblia – el otro es Cantar de los Cantares – que no mencionan a Dios.

La historia de Ester se originó en la región de Babilonia del imperio persa, como lo demuestran los nombres de los personajes principales: Ester, derivado del nombre de la diosa Ishtar (Estrella, en referencia al planeta Venus), diosa de la fertilidad, amor, y sexo y Mardoqueo, derivado del nombre del dios Marduk, dios principal de Babilonia.

El rey Asuero es identificado por los historiadores con el rey Jerjes de Persia, - reinó en el siglo 5 A.E.C. -  quien fue derrotado por los griegos, después de su victoria sobre el rey Leonidas de Esparta y sus trescientos guerreros en el desfiladero de las Termópilas. Los historiadores, confirmando la descripción del rey – borracho y fácilmente influenciable – que aparece en el libro de Ester, relatan que dependía demasiado de sus cortesanos y eunucos. Terminó su vida asesinado por su visir Artábano, quien promovió el ascenso de Artajerjes al trono persa.

El historiador Flavio Josefo asegura que la historia de Ester es real, pero Heródoto lo desmiente, señalando que la reina consorte de Jerjes se llamaba Amestris, hija de Ótanes.

 

 

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