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Mi Enfoque #291 8 de julio, 2009

Mi Enfoque #291   8 de julio, 2009

• Reencarnación de Der Sturmer
• Opiniones de un lector y mis respuestas
• La Tremenda Corte
• Una historia familiar
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Reencarnación de Der Sturmer
Por David Mandel, "Mi Enfoque" #291

Der Sturmer ("El atacante") era un semanario nazi publicado por Julius Streicher desde 1923 hasta el final de la guerra en 1945, que se caracterizaba por ser fanáticamente antisemita. Fue un elemento importante en la propagación de la doctrina nazi.

A diferencia del Volkischer Beobachter ("El Observador del Pueblo"), órgano oficial del partido nazi que tenía pretensiones de ser un periódico serio, Der Sturmer publicaba caricaturas groseras antisemitas, y artículos obscenos y pornográficos contra los judíos. Sus caricaturas mostraban judíos codiciosos y avaros, con cuerpos deformes y narices ganchudas, que mataban niños para utilizar su sangre.

Uno pensaría que esas épocas ya pasaron, y quien hoy quiera atacar y denigrar a los judíos debería hacerlo en forma más sutil. Pero no es así. Der Sturmer continúa siendo publicado en diversos países, claro que con otros nombres. En España, por ejemplo, se llama "El País".

En su página web (abajo va la dirección) "El País" publica una caricatura en el más puro estilo de Der Sturmer: un judío de nariz ganchuda, ropa negra, kipá en la cabeza, admitiendo que es enemigo de la humanidad y haciendo alarde de su dinero.

 

http://www.elpais.com/vineta/?d_date=20090630&autor=Romeu&anchor=elpporopivin&xref=20090630elpepivin_2&type=Tes&k=Romeu

La caricatura antisemita de El País no es un hecho aislado. El País denomina capital de Israel a Tel Aviv, no por ignorancia sino en forma deliberada, para negar los vínculos judíos con Jerusalén. Sus corresponsales, Juan Miguel Muñoz desde Israel, y Maruja Torres desde Beirut, escriben artículos con ribetes antisemitas, tendenciosos y falsificadores de la realidad. Su columnista Mario Vargas Llosa, quien nunca escribió una sola palabra de crítica contra Yasser Arafat, no ahorra adjetivos cuando se trata de insultar a los gobernantes de Israel.

Ya no estamos en la época nazi cuando protestar contra el antisemitismo de Der Sturmer significaba ser enviado por la Gestapo a un campo de concentración. Hoy podemos, debemos, protestar contra el antisemitismo y el prejuicio.

Si alguien desea expresar a los directores de El País que su antisemitismo es repugnante sugiero que escriban una carta a cartasdirector@elpais.es pidiendo que retiren de inmediato la despreciable caricatura de Romeu de su página Web, que no vuelvan a publicar caricaturas que fomentan odio y prejuicio, y que pidan disculpas tanto en su versión impresa como en la electrónica.

Respecto a Julius Streicher, fue juzgado en Nuremberg por crímenes contra la humanidad por su papel en incitar a los alemanes a exterminar a los judíos. Fue declarado culpable y murió en la horca.
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Opiniones de un lector y mis respuestas
Por David Mandel, "Mi Enfoque" #291

Un amigo que vive en el extranjero, me escribió una carta que expresa lo que muchos, basándose en lo que leen en los periódicos y ven en televisión, opinan respecto al conflicto israelí-palestino. A continuación presento algunos de sus argumentos y mis comentarios, párrafo por párrafo.

Israel debió haber devuelto los territorios conquistados en 1967, a cambio de la paz, pero se negó a hacerlo.
El párrafo de arriba ignora la historia. En 1967, pocas semanas después de la guerra de los Seis Días, Israel ofreció a los países árabes devolver todos los territorios a cambio de la paz. La respuesta de los árabes, en la Conferencia de Khartoum, (Agosto 29 a Setiembre 1, 1967) fueron las famosas Tres Negativas:
1. No a la paz con Israel.
2. No al reconocimiento de Israel
3. No a las negociaciones con Israel.

Si los palestinos tuviesen una infraestructura que les permitiese ganarse la vida no tendrían motivo para prolongar el conflicto.
Los palestinos, per cápita, han recibido más ayuda financiera que la que los europeos recibieron a través del Plan Marshall. En vez de construir su infraestructura dedicaron sus esfuerzos a fabricar bombas, morteros y misiles. Los invernaderos que los israelíes dejaron en Gaza, que daban trabajo a 10,000 palestinos, fueron destruidos por los mismos palestinos.

Si Israel hiciese concesiones a los palestinos estos lo apreciarían y reciprocarían.
Israel entregó el control de la Cisjordania a Arafat a mediados de la década de los 90. La respuesta fue instituir una educación de odio y revanchismo entre los palestinos que culminó en la Guerra del Terror, desde el año 2000 hasta el 2004, con miles de víctimas israelíes, entre muertos y heridos. Barak ofreció a Arafat el 96% de los territorios en la Conferencia de Camp David, en el año 2000. Arafat la rechazó. Sharon retiró a los 8,000 israelíes que durante más de 30 años habían vivido en Gaza, y los palestinos reciprocaron disparando a Israel miles de misiles. Olmert ofreció en el año 2008 entregar todos los territorios a Abu Mazen, presidente de los palestinos, que rechazó la oferta por no incluir el "derecho al retorno" de los millones de palestinos descendientes de los refugiados, lo cual significaría la destrucción demográfica de Israel.

Obama tiene la mejor intención de solucionar el conflicto israelí-palestino, e Israel debe hacer todo lo que el presidente de los Estados Unidos le pida.
Algunas veces, como dice el refrán, el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones. Hasta ahora Obama sólo ha dado pruebas de su ignorancia de la historia, su ignorancia de la situación, su parcialidad  y su ineficacia.
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La Tremenda Corte
Por David Mandel, "Mi Enfoque" #291

La Tremenda Corte era un programa de radio, y posteriormente de televisión, que giraba en torno a un juzgado y planteaba situaciones en las cuales José Candelario "Tres Patines" había hecho víctima a "Nananina" de sus engaños o pillerías. Al final del juicio el juez siempre declaraba culpable a "Tres Patines" y lo condenaba a una indemnización monetaria o a la cárcel por algunos días.

Como dice el refrán, en todas partes se cuecen habas, y también en Israel tenemos una Tremenda Corte, como lo prueba un caso reciente. La diferencia es que aquí el juez, a diferencia del juez del programa radial, declaró inocente al "Tres Patines" local.

Veamos el caso. Una mujer de origen etiope trabajaba en una playa de estacionamiento, donde los vehículos pagan al salir. El conductor de un vehículo se negó a pagar por el estacionamiento y trató de escapar. La mujer, tal vez excesivamente leal a sus empleadores, trató de detenerlo parándose adelante del auto. El conductor, sin dudar un momento, la atropelló y se dio a la fuga. La mujer tuvo que ser llevada al hospital para ser tratada de las heridas y contusiones que sufrió.

El conductor, detenido por la policía, negó su culpabilidad. Cuando la cinta de video de la playa de estacionamiento demostró que mentía, ya no pudo seguir negando y admitió los hechos.

Tan pronto como la mujer fue dada de alta, inició juicio al conductor, un joven ultra-ortodoxo con aspiraciones de llegar a ser un día juez rabínico. Fue acusado de tratar de escapar de la playa de estacionamiento sin pagar (acto que va contra la ley y viola el mandamiento que dice "No robarás") de atropellar deliberadamente a la mujer (acto que va contra la ley y viola el mandamiento que dice "No matarás") y de negar su responsabilidad (acto que va contra la ley y viola el mandamiento que dice "No darás falso testimonio).

El juez escuchó a ambas partes, y "para no perjudicar las aspiraciones del joven de ser algún día juez" lo castigó sólo con una leve multa y algunas horas de servicio público. Respecto a la mujer etiope, el juez dijo que el joven, al atropellarla, en realidad le había hecho un gran favor, ya que eso causó su presencia en el juzgado, lo cual significaba una gran mejoría en su status en la sociedad. El juez también felicitó a los abogados de la defensa por "haber tratado con cortesía a la mujer etiope".

A la mujer, el incidente, aparte de su estadía en el hospital, no le resultó favorable. Citando otro refrán popular, fue por lana y salió trasquilada. Se descubrió, durante el juicio, que, cuando se convirtió al judaísmo, había mentido al omitir mencionar que estaba casada con un no judío. El resultado fue que anularon su conversión.

Todo esto prueba que existen jueces que no sólo son atrasados mentales sino que también son minusválidos en lo que respecta a ética y moral.
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Una historia familiar
Por David Mandel, "Mi Enfoque" #291

"Familiar", de acuerdo a dos de las definiciones que da el diccionario de la Real Academia, significa: a) Perteneciente a la familia, y b) Se dice de algo muy sabido.
La historia que voy a contar incluye ambas definiciones. Es una historia de mi familia, pero, a la vez, es una historia judía típica de la época de Hitler.
Mis abuelos maternos y paternos nacieron en Galicia, no en la región española del mismo nombre sino en la de Europa Central, que, a veces, pertenecía a Polonia, otras a Austria, y hoy es parte de Ucrania. No eran gallegos sino galizianer. Ambas parejas, que no se conocían entre si, emigraron, en los primeros años del siglo 20, a Alemania. Mis abuelos maternos a la ciudad de Nuremberg, y los paternos a Frankfurt.

El matrimonio de mis padres fue arreglado por una señora que conocía a ambas familias. Mi madre solía contarme riendo que cuando, ya casados, le preguntaba a mi papá porque la había escogido a ella, él le contestaba "Tu padre fue el que me ofreció la dote más alta". Pero, las últimas palabras de mi padre, en su lecho de muerte, fue susurrar en el oído de mi madre, "Te quiero mucho".

Mis padres, con mis abuelos paternos, lograron salir de Alemania en 1937. Tomaron un barco en el puerto de Le Havre, en Francia, y llegaron al Perú. Un primo de mi papá, de carácter aventurero, había llegado a América del Sur a finales de la década de los 20, y fue él quien les consiguió la visa de inmigración. Mi padre, antes de subir al barco, compró un librito de gramática castellana, y pasó la travesía estudiando el idioma que para él era completamente desconocido. Al día siguiente de desembarcar en El Callao empezó a trabajar.

Mientras tanto mis abuelos maternos con tres de sus hijos, mis tíos Paul, Jacob, y mi tía Malque, que en esa época era una niña de 13 años, habían sido expulsados por los nazis por ser extranjeros, y enviados por tren a Polonia. Los polacos tampoco no los quisieron recibir. No conozco los detalles de lo que les ocurrió. Creo que estuvieron detenidos durante algunas semanas o meses en un campo de refugiados. El hecho es que también ellos, en alguna forma, consiguieron llegar a Francia, y subir a un barco con destino a América del Sur, sin visas, ya que para ese entonces casi todos los países habían cerrado sus puertas a los que querían escapar de los nazis.

El barco llegó al Callao, pero las autoridades no les permitieron desembarcar por  carecer de documentos de inmigración. Mi madre pudo subir al barco y saludar a sus padres por unos minutos.

El barco, llevando a mis abuelos y tíos, siguió su travesía hacia el puerto chileno de Valparaíso. En el camino, el barco se detuvo para aprovisionarse en Mollendo, un pequeño pueblo pesquero en el sur del Perú. Mi padre, con el dinero de los ahorros que había hecho con su trabajo, contrató un pequeño avión que lo llevó a Mollendo. Allí habló con las autoridades del pueblo y los convenció, mediante el pago de una suma apropiada, para que cierren los ojos. Mis abuelos y mis tíos fueron bajados del barco y llevados en bote del barco a Mollendo. Mi padre los recibió, y los hizo subir a una camioneta que los llevó los 1,055 kilómetros que separan a Lima de Mollendo.

Así fue como mi familia llegó al Perú, país generoso que les brindó todas las oportunidades para trabajar, formar hogares y criar a sus hijos con esperanza y sin temor.

 

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