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Mi Enfoque # 192 26 de abril, 2007

Mi Enfoque # 192   26 de abril, 2007

• Yo boicoteo, tú boicoteas, él boicotea, nosotros boicoteamos….
• Estadísticas comparadas entre 1948 y 2007.
• Humus, la droga milagrosa
• Como conseguimos licencia para conducir – una anécdota personal
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Yo boicoteo, tú boicoteas, él boicotea, nosotros boicoteamos….

Las Iglesias protestantes de Estados Unidos decidieron hace un par de años boicotear a Israel. La Asociación de Profesores de Gran Bretaña hace un año decidió boicotear a Israel. La Asociación de Académicos de Irlanda hace algunas semanas decidió boicotear a Israel. La Asociación de Periodistas de Gran Bretaña decidió el mes pasado boicotear a Israel.
No sería de extrañarse si la Asociación de Basureros de Inglaterra también decida unirse a la actividad de moda, boicotear a Israel.
Los más recientes entusiastas en hacerle un boicot al país judío son 130 médicos ingleses que han pedido boicotear a la Asociación Médica de Israel y expulsarla de la Asociación Mundial de Médicos. Que no hay en los hospitales israelíes diferencia entre médicos judíos y árabes o entre pacientes judíos y árabes no les impresiona. Las docenas de ambulancias palestinas que han transportado explosivos no les interesa. El hecho de que la Autoridad Palestina rechaza aceptar medicamentos de Israel no les parece digno de mención.
Boicotear a Israel, en otras palabras declarar una guerra económica contra el estado judío, no tiene ninguna originalidad. Los árabes iniciaron el boicot en 1946, dos años antes del nacimiento del estado de Israel, contra la comunidad judía de Palestina. En 1951 la Liga Árabe inauguró la Oficina Central para el Boicot, con sede en Damasco, cuya función es hacer una lista negra de todas las firmas internacionales que tienen relación comercial con Israel, lo cual luego fue extendido a las firmas que tienen relación comercial con firmas que tienen relación con Israel. La lista llegó a tener 8,500 nombres. Coca Cola fue expulsada temporalmente por abrir una fábrica en Israel. Pepsi Cola se sometió a las exigencias árabes hasta el año 1992.
Esta semana 14 países árabes, incluyendo a la Autoridad Palestina, Irak y Arabia Saudita  (pero no  Egipto ni Jordania), se han reunido en Damasco para ver formas de ampliar y reforzar el boicot contra Israel. Lo que estos países no entienden es que el tiro les salió por la culata. Con el boicot obligaron a Israel a convertirse en una potencia tecnológica cuya economía hoy es tan o más grande que la de todos sus vecinos juntos.
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Estadísticas comparadas entre 1948 y 2007.

La población de Israel es hoy 9 veces mayor que en 1948. En ese año Israel tenía 800,000 habitantes. Hoy tiene 7,150,000 personas, 80% judíos, el resto en su mayoría árabes.
En el año 1948 Tel Aviv era la única ciudad con más de 200,000 habitantes. Hoy 5 ciudades tienen una población mayor de 200,000: Jerusalén, Tel Aviv, Haifa, Rishon Letzion y Ashdod.
En el año 1948 6% de la población vivía en kibbutzim. Hoy menos del 2%.
Un estudio realizado por la firma Pfizer, fabricantes de Viagra, sitúa al hombre israelí en el segundo puesto en el mundo en su frecuencia de relaciones sexuales, casi 8 veces al mes. Pero a pesar de eso no están contentos. 42% de los hombres israelíes se quejan que no tienen relaciones con la frecuencia que les gustaría. (No he podido encontrar estadísticas comparativas para el año 1948).
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Humus, la droga milagrosa

El periódico Haaretz realizó una encuesta en la población israelí y encontró que el 80% de los entrevistados declararon que eran felices, relajados y gozaban de paz mental. Un porcentaje similar declaró que no estaban contentos con la actual situación del país, lo cual es fácil de entender si tomamos en cuenta la amenaza nuclear de Irán, los cohetes de Hamas e Hizballah, y la corrupción de los políticos.
¿Cómo se puede estar descontento y preocupado por la situación del país, y a la vez disfrutar de paz mental? En cualquier otro país amenazado por ser borrado del mapa la gente estaría haciendo cola en aeropuertos para subir al avión lo más pronto posible. Y en Israel 80% dicen que están felices, y si compran pasajes de avión son siempre de ida y vuelta.
La explicación de este misterio posiblemente radica en el humus, comida favorita en Israel. Parece que el humus contiene un aminoácido llamado tryptofan, que, consumido en grandes cantidades, se vuelve serotonin, cuyo efecto es hacer que la gente se sienta feliz.
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Cómo conseguimos licencia para conducir – una anécdota personal

Ruth y yo hicimos aliá en 1970, pero hasta hace poco conducíamos el auto amparados por la licencia peruana de conducir.
La realidad es que no veíamos ventaja alguna en tener licencia israelí. Por el contrario, si algún policía nos paraba por algún supuesto exceso de velocidad bastaba enseñarle la licencia peruana y decirle "Lo medaber ivrit" (No hablo hebreo) para que se encogiese de hombros y nos permitiese continuar sin imponernos una multa. Tener licencia peruana de conducir era para nosotros una confirmación de lo que el compositor Manuel Rasgada declara en su vals Mi Perú: "Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz".
La licencia peruana ipso facto demuestra que su poseedor es un excelente conductor. La explicación de este hecho incontrovertible es muy sencilla: en el Perú para poder sobrevivir en las calles, avenidas, pistas y carreteras hay que ser un verdadero experto en el manejo de vehículos, ya que los peruanos, al sentarse al timón, se vuelven daltónicos, no diferencian entre la luz roja y la luz verde.
Me acuerdo que en una ocasión, durante una visita a Lima, tomé un taxi. El chofer se pasó raudo todos los semáforos rojos y en minutos llegó de Miraflores al centro de Lima.
"Dígame, no debería usted parar en la luz roja?" le pregunté.
"Jefe - me contestó - si lo hiciese me chocarían por atrás".
Un día, después de más de veinte años de manejar en Israel con licencia peruana, leí en el periódico que una compañía de seguros se negó a pagar los costos de un accidente a una señora asegurada aduciendo que ella manejaba con licencia francesa. La señora, indignada, les inició juicio y lo perdió. El juez dictaminó que la compañía aseguradora no tenía porqué pagar nada ya que en Israel la única licencia válida (excepto en el caso de turistas por un corto tiempo limitado) es la israelí. Por lo tanto la señora estaba manejando sin licencia, y el seguro no la cubría.
De inmediato fuimos a la oficina más cercana del Ministerio de Transporte para tramitar la licencia israelí. Nos dijeron que debido a nuestros largos años de experiencia manejando sólo teníamos que dar examen de manejo, no de teoría. Pedimos fecha para tomar el examen, pero nos contestaron que era requisito tomar por lo menos una clase con un profesor licenciado. Salimos de la oficina, y vimos rondando afuera una docena o más de profesores. Hablamos con el más cercano y fijamos fecha y precio para una lección de manejo.
Llego el día, el profesor se sentó a mi lado, y Ruth atrás, y dio comienzo a la lección. Yo tengo décadas manejando en "automatic mode" y nunca he tenido un accidente, pero tratar de seguir las precisas indicaciones del profesor mientras manejaba me hizo concentrarme en sus palabras y distraerme del tráfico, lo cual me causó merecidos bocinazos de los conductores de otros automóviles.
Cada minuto me puse más y más nervioso e inseguro. Al final de la clase le dije al profesor que no me sentía capaz de pasar el examen, y que necesitaba otra clase.
La segunda clase fue aun peor. Me hizo conducir hacia una rotonda llamada "Rotonda mortal" porque allí era donde fracasaban casi todos los que daban examen. En esa misma rotonda, donde yo muchas veces manejé casi con los ojos cerrados, esta vez no supe ni como entrar a ella ni como salir, aunque finalmente lo logré luego de dar numerosas vueltas alrededor de ella.
Al final de la segunda clase le rogué al profesor que me dé una tercera clase. Se negó diciendo, (con lo que yo consideré falso optimismo), que ya estábamos suficientemente preparados para tomar el examen.
Llegó el día del examen. Fuimos en mi auto a la oficina del Ministerio de Transporte para dar ambos, Ruth y yo, el examen. El examinador se sentó a mi lado, y Ruth atrás. El hombre tenía una cara amarga que no me auguraba nada bueno.
"Daremos una vuelta por la ciudad. Usted manejara de ida, y la señora de vuelta", nos dijo.
Puse el carro en movimiento y enfilamos hacia la Rotonda Mortal. Para mi sorpresa pude entrar y salir de ella sin dificultad. Seguimos avanzando, y Ruth, de acuerdo a nuestra norma, me empezó a dirigir, "No vayas tan despacio, no vayas tan rápido, pégate a la derecha, pégate a la izquierda, pasa al otro auto, no pases al otro auto, voltea por aquí, voltea por allá".
El examinador volteó la cabeza y con una sola frase se ganó mi admiración eterna, "¡Señora, cállese!"
Al final, con la misma cara amarga, nos dijo "Han aprobado".
Y así conseguimos la licencia israelí. Ruth continúa dándome indicaciones mientras manejo, pero ahora que he comprado un aparato GPS ya tiene competencia.

 

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