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Mi Enfoque # 230 2 de abril, 2008

Mi Enfoque # 230   2 de abril, 2008

• Una nueva tradición traición académica
• La Organización Mundial de Salud critica a Israel por recibir solamente el 81.5% de los pacientes de Gaza que necesitan tratamiento
• De Guatemala a Guatepeor: El Consejo de Derechos Humanos de la ONU nombra un nuevo investigador
• Ejemplo educativo para la niñez palestina
• Biografía de un personaje bíblico: el rey Achab de Israel
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Una nueva tradición traición académica
Mi Enfoque #230, por David Mandel, enfoque@netvision.net.il     

Hay un cierto número de académicos, profesores de universidades, escritores, músicos e intelectuales de fama internacional, que sienten antipatía obsesiva hacia Israel, y no se inhiben de expresarla. Entre ellos figuran personas tan famosas como el premio Nóbel José Saramago ("Ramallah es peor que Auschwitz") y el compositor de "Zorba el griego", Mikis Theodorakis, ("Los judíos son la raíz de toda la maldad").

No son los primeros ni serán los últimos cuyos prejuicios, productos de la ignorancia y de la mala fe, alimentan el fuego de un odio gratuito e irracional. No debe sorprender lo que dicen, ya que sabemos que en el mundo hay gente así. Son parte de la realidad de nuestras vidas.

Lo que realmente duele, y nos hace exclamar como Julio Cesar, ¿Et tu Brutus? es el odio y la injuria que provienen de judíos, como Noam Chomsky y Norman Finkelstein.

También en Israel hay académicos, profesores e intelectuales que disfrutan y se enorgullecen cuando atacan al estado judío. Evidentemente, se sienten parte de una nueva  tradición académica.

Daniel Barenboim, eminente músico y director de orquesta, rehúsa tomar parte en las festividades de los 60 años de Israel, porque dice que la creación del estado causó el sufrimiento de los palestinos.

El profesor Ilan Pappe aboga por el boicot académico a sus colegas israelíes, y niega el derecho de los judíos a un estado independiente.

El profesor Ariel Toaff publicó un libro titulado "Pascuas Sangrientas: los judíos de Europa y los asesinatos rituales", donde expresa que las acusaciones, durante la Edad Media, de asesinatos rituales de cristianos, para utilizar su sangre en la confección de la matza, podrían estar basadas en hechos reales. Esta opinión contradice las conclusiones de los historiadores que atribuyen las confesiones de los judíos a las torturas a las que fueron sometidos, y, por supuesto, viola los principios básicos del judaísmo, pues la Torah expresamente prohíbe comer sangre.

Un nuevo adepto a la tradición académica anti-israelí y anti-judía es el profesor Shlomo Sand, de la Universidad de Tel Aviv.

Barenboim, Pappe, y Toaff tal vez no tengan mucha simpatía al pueblo judío, pero no niegan su existencia.

Sand es harina de otro costal, y deja chiquitos a los otros. En su libro ¿Cuándo y como se inventó la nación judía? Sand rechaza la idea de que los judíos de hoy descienden de los israelitas que vivían en la tierra de Israel durante la época bíblica. Y no le basta con eso. Para dar el toque final a su tesis afirma que los palestinos son los verdaderos descendientes de los israelitas bíblicos.

Así, de un plumazo, le borra al pueblo judío todo derecho legítimo a retornar a la tierra de sus antepasados.

Si los judíos sefarditas (expulsados de España en 1492 por los Reyes Católicos) insisten en regresar a su país ancestral, deben hacerlo a las Montañas Atlas, en Marruecos, ya que, según Sand, son descendientes de los 7,000 berberes que acompañaron a Tariq ibn Ziyad en su invasión a España en el año 711.

Respecto a los judíos askenazitas, estos podrían retornar a la región del Caucaso norte, ya que, explica Sand, son descendientes de los Khazar, un pueblo turco que fundó un reino, en el siglo 7, a lo largo del Mar Caspio. Los khazares se convirtieron al judaísmo en el siglo 8 o 9. A fines del siglo 10 fueron conquistados por los rusos y gradualmente perdieron su identidad cultural hasta desaparecer por completo.

¡Los judíos yemenitas, dice Sand, descienden de tribus árabes, por supuesto!

La tesis de Sand es que el pueblo judío es un mito. Nunca existió. Los que hoy se consideran judíos descienden de diversos pueblos que en algún momento adoptaron la religión judía. La noción de que los judíos son un pueblo fue una invención de judíos alemanes, en el siglo 19, influenciados por el nacionalismo alemán.

El Sr. Sand ha demostrado gran audacia al escribir sobre un tema que él no conoce ni ha investigado, (su materia es la historia del siglo 20), basándose en controversiales estudios de terceros que no son aceptados por los historiadores especializados en el tema.

Sand también ignora o hace caso omiso de los numerosos estudios genéticos del DNA de judíos, que se han hecho en los últimos diez años. Estos estudios han demostrado que los judíos se originaron en el Medio Oriente hace 4,000 años y no en conversiones relativamente recientes como la de Khazar.

También desconoce o no menciona el hecho que gran porcentaje de los palestinos inmigraron a esta región hace no más de 100 años, provenientes de los países vecinos, atraídos por el resurgimiento de la economía del país, producto de la inmigración judía, que comenzó a fines del siglo 19.

En realidad, no hay que extrañarse de las ideas del Sr. Sand, si tomamos en cuenta que ha sugerido que Israel conmemore oficialmente, no sólo el Día de la Independencia, sino también la "Nakba" (catástrofe en árabe) nombre que los árabes israelíes y los árabes palestinos dan a los acontecimientos del año 1948.
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La Organización Mundial de Salud critica a Israel por recibir solamente el 81.5% de los pacientes de Gaza que necesitan tratamiento
Mi Enfoque #230, por David Mandel, enfoque@netvision.net.il     

Ambrogio Manenti, director de las oficinas de la Organización Mundial de Salud, (una agencia de las Naciones Unidas) en Gaza acusó a Israel de "inhumanidad" por haber negado permiso de entrada a Israel el año pasado al 18.5% de los pacientes de Gaza que querían recibir tratamiento médico en hospitales israelíes, lo cual ocasionó cinco desenlaces fatales.

Si volteamos los números, es decir si consideramos que Israel si dio permiso de entradas al 81.50%  de los pacientes de Gaza que deseaban ser tratados en hospitales israelíes, Israel no merece críticas sino aplausos y apreciación por su generosidad y altruismo en hacer un acto meritorio que ningún otro país en el mundo hace ni ha hecho con sus enemigos declarados.

Si tomamos en cuenta que los palestinos de Gaza apoyan en su gran mayoría y sin reservas los disparos de los cohetes Kassam a poblaciones civiles israelíes que en numerosas ocasiones han utilizado ambulancias para transportar explosivos y terroristas que en más de una ocasión mujeres palestinas, que estaban siendo tratadas en hospitales israelíes, trataron de introducir explosivos para matar a los médicos y enfermeras que las habían tratado, la actitud de Israel merece la mas grande admiración.

En el año 2007 Israel otorgó 7,226 permisos a palestinos para que se atiendan en hospitales israelíes, un aumento de más del 50% sobre los 4,754 palestinos que fueron atendidos en el año 2006, y esto a pesar de que el año 2007 fue un año record de disparos de cohetes Kassam. Los pacientes están autorizados a traer un miembro de su familia para que los acompañe.

En los primeros tres meses del año 2008 han sido recibidos 2,317 palestinos en los hospitales israelíes, es decir un ritmo anual mayor aún que el del 2007.

Israel rechaza, por motivos de seguridad las solicitudes de un 10% (no del 18.5% como equivocadamente menciona el Sr. Manenti) y aprueba el 90%. A los rechazados, Israel les ayuda, si así lo desean, a cruzar a Jordania por el puente Allenby, o ir a Egipto.

Respecto a las cinco personas que Manenti menciona que murieron por no habérseles permitido ser tratadas en Israel, el representante de Israel dijo que todos ellos habían recibido permisos. Dos de ellos recibieron tratamiento en Israel y tres no usaron sus permisos por consideraciones internas de los palestinos.
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De Guatemala a Guatepeor: El Consejo de Derechos Humanos de la ONU nombra un nuevo investigador
Mi Enfoque #230, por David Mandel, enfoque@netvision.net.il     

El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en teoría debe investigar las violaciones de estos derechos en todos los países del mundo. En la práctica, el único país del mundo que ocupa su tiempo y sus debates, y que son tema de sus reportes, críticas y condenaciones, es (¡surprise!) Israel. Lo que Sudán hace en Darfur y lo que China hace en el Tibet no les concierne ni les interesa.

El autor de los reportes anti-israelíes, el sud africano John Dugard, acaba de concluir su período y está siendo reemplazado. En ninguno de los siete reportes que ha escrito ha mencionado y mucho menos criticado los actos terroristas de los palestinos y los cohetes que disparan diariamente a poblaciones civiles israelíes. Por el contrario dice entender y simpatizar con las frustraciones que son la causa de los actos palestinos. Dice que hay que saber diferenciar entre los actos de terror insensatos (como el de Al Qaida al destruir las Torres Gemelas) y los actos de terror cometidos "en una guerra contra la ocupación". Opina que Israel aprovecha la excusa de los actos terroristas de los palestinos para imponer medidas represivas.

Uno debería sentir alivio de que un hombre prejuiciado e injusto como es Dugard deje su puesto a otra persona. Peor que él, uno pensaría, no puede haber.

 Lamentablemente, este es un caso de Guatemala a Guatepeor. El sucesor de Dugard es el profesor de leyes americano Richard Falk, que es aún más extremista en su opinión de Israel que Dugard.

Falk ha manifestado su convencimiento de que los israelíes son la reencarnación de los nazis que son culpables de atrocidades colectivas y que ya están preparando el holocausto de los palestinos. Acusa a Israel de tendencias genocidas y de terrorismo estatal, y ha declarado que los bombas-suicidas son un método legítimo de lucha.

¿Mencioné ya que Falk es judío?
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Ejemplo educativo para la niñez palestina
Mi Enfoque #230, por David Mandel, enfoque@netvision.net.il     

La televisión de Hamás, el partido mayoritario palestino, que ahora gobierna Gaza, pone gran énfasis en la educación apropiada de los niños. Su slogan parece ser "El niño de hoy es el mártir de mañana"

("Mártir" para los árabes no es el que muere por amor a Dios y en defensa de sus convicciones, sino el que muere asesinando a otros).

Hace algunos días, en un programa infantil, la televisión de Hamás mostró a un niño palestino que hablaba con un títere disfrazado de Presidente Bush.

"Mataste a mi papá en Irak, a mi mamá en el Líbano, y a mis hermanitos y hermanitas en Gaza. Los israelíes te ayudaron. ¡Eres un criminal! Me vengaré de ti con la espada del Islam", le grita el niño.

"¡Me arrepiento, me arrepiento! ¡No me mates!" le suplica Bush. Y añade, "Entra a la Casa Blanca a conversar".

"La Casa Blanca es ahora una mezquita. Tú, Bush, eres un impuro y no puedes entrar", le contesta el niño, Saca su espada y lo mata.

Con programas como este que enseñan odio y violencia a niños pequeños, no debemos tener exceso de optimismo de que se logre la paz en esta y la próxima generación
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Biografía de un personaje bíblico: el rey Achab de Israel
Mi Enfoque #230, por David Mandel, enfoque@netvision.net.il     

Esta biografía está tomada de mi libro Who is Who in the Jewish Bible (www.amazon.com), cuya versión en español será publicada dentro de algunos meses.

Achab, el sétimo rey del reino norte de Israel después de la partición de la Monarquía Unida, vivió durante el siglo 9 A.E.C, y reinó durante veintidós años en Samaria, la capital fundada por su padre, el rey Omri.
Achab continuó con la política exterior de su padre: relaciones pacíficas y amigables con Judá, el reino hermano del sur, selladas con el matrimonio de su hermana Athaliah con Jehoram, el príncipe heredero de Judá cooperación económica con la nación fenicia en el norte, con la cual estaba relacionado por matrimonio y, en el noreste, resistencia a la presión militar de Benhadad, el rey de Aram de Damasco, que quería hacer de Achab su vasallo.
Embelleció la ciudad de Samaria, donde construyó un palacio real decorado con marfil. Fortificó ciudades y reconstruyó Jericó.
Su esposa fenicia, Jezebel, la hija de Ethbaal, rey de Sidón, ejerció excesiva influencia sobre él. Achab le cedió autoridad administrativa sin límites, y no se opuso a que ella introduzca el culto fenicio de Baal en el país. Por el contrario, cooperó con su esposa construyendo un Templo para Baal en Samaria, y erigiendo una ashera, (poste sagrado).
El profeta Elías se oponía con todas sus fuerzas al culto de Baal. Luego de decirle al rey que Dios castigaría al país con sequía, se escapó para evitar caer en las manos de Jezebel.
La sequía causó una terrible hambruna en Samaria. En el tercer año de la sequía, el rey Achab acordó con Obadiah, el gobernador del palacio real, que ambos viajarían por el país—uno en una dirección, y el otro en la dirección opuesta—buscando lugares de pastoreo para alimentar a los caballos y a las mulas.
Obadiah, un hombre creyente en Dios, había arriesgado su vida protegiendo a cien profetas del SEÑOR de la persecución de Jezebel, escondiéndolos en una cueva. Cuando encontró a Elías en el camino, el profeta le dijo que fuese a anunciar al rey que él, Elías, estaba de regreso en Israel. Obadiah, sobreponiéndose al temor de que Achab reaccione a la noticia matándolo, fue al rey y le informó que el profeta había regresado.
Achab salió al encuentro de Elías, y, cuando lo vio, le acusó de causar problemas. Elías le respondió que los verdaderos causantes de problemas eran Achab y su padre por haber renegado del Dios verdadero y adorar a los ídolos de Baal.
Elías exigió una confrontación con los cientos de profetas de Baal que estaban bajo la protección de la reina Jezebel, y comían en su mesa. El rey accedió.
La confrontación tuvo lugar en el Monte Carmel, y el resultado fue que los sacerdotes extranjeros fracasaron en su intento de prender fuego a la leña que estaba en el altar del dios Baal. La gente que se hallaba presente, incitada por Elías, llevó a los profetas paganos a un arroyo, donde Elías los degolló.
La sequía, que había hecho estragos en el país durante tres años, terminó repentinamente en una gran tormenta. Achab montó su carruaje bajo una fuerte lluvia, y el profeta Elías corrió adelante del rey todo el camino hasta Jezreel.
La reina Jezebel, furiosa por la muerte de sus profetas, envió un mensaje a Elías amenazándolo de muerte. El profeta, sabiendo lo que Jezebel era capaz de hacer, huyó a Beersheba.
El rey Ben-hadad de Aram—hoy Siria—organizó una coalición de treinta y dos reyes e invadió Israel. Sitió la ciudad de Samaria y exigió de Achab en forma insultante que le entregue todo su oro, plata, esposas e hijos, demandas tan duras que Achab, quien previamente había considerado rendirse, rechazó el ultimátum de Ben-hadad, aconsejado por los ancianos del país, y decidió luchar contra las fuerzas invasoras.
El rey arameo y sus hombres estaban en su campamento, bebiendo y celebrando con anticipación lo que ellos consideraban sería una fácil victoria, cuando el ejército israelita los atacó de sorpresa. Ben-hadad consiguió escapar, montado en su caballo. Una vez de regreso en su país se dedicó a reorganizar su ejército, y un año más tarde volvió a invadir Israel. Ben-hadad, convencido de que la vez anterior había sido derrotado por haber luchado contra los israelitas en las montañas, decidió cambiar de táctica y atacar en los valles.
La batalla tuvo lugar en Aphek, y Ben-hadad nuevamente fue derrotado. Esta vez no logró escapar. Fue tomado prisionero, y traído a la presencia de Achab, quien lo trató con respeto y honor. Los dos reyes firmaron un tratado de paz, por el cual Ben-hadad se comprometía a devolver a Achab las ciudades israelitas que habían sido capturadas por su padre, y a permitir a los mercaderes israelitas que abrieran negocios en Damasco.
Cuando Achab retornó a Samaria, un profeta que estaba parado en el camino, le reprochó por haber dejado en libertad a Ben-hadad y le profetizó que Achab sería derrotado y muerto, debido a este error fatal.
Algún tiempo más tarde, Achab decidió que un viñedo, colindante con el palacio real, le sería muy conveniente como huerta de vegetales. Achab habló con Naboth, el jezreelita, dueño del terreno, y le ofreció pagarle por su propiedad o cambiársela por un terreno similar en otro sitio.
Naboth no aceptó las propuestas de Achab, ya que se trataba de un terreno que había estado en su familia por muchas generaciones. El rey regresó al palacio deprimido y encolerizado. Cuando su esposa le preguntó a que se debía su mal humor y su negativa a comer, Achab le contestó que Naboth no le quería vender su propiedad.
Jezebel le dijo que se alegre y que deje el asunto en sus manos. La reina hizo que Naboth fuese acusado falsamente de insultar a Dios. Luego de una farsa de juicio el desafortunado Naboth fue ajusticiado, y Achab tomó posesión de la propiedad.
El profeta Elías fue al viñedo de Naboth, confrontó al rey, y lo acusó de asesinar a un hombre para apoderarse de su propiedad. Añadió que Dios castigaría a Achab por su acto malvado, que los perros lamerían su sangre en el mismo sitio donde habían lamido la sangre de Naboth, que su familia tendría el mismo mal final que tuvieron los descendientes de los reyes Jeroboam y Baasha, y que los perros comerían el cuerpo de su esposa Jezebel.
Achab, impactado por las palabras de Elías, rasgó su ropa, se la quitó y se puso un hábito de penitencia. Ayunó, se martirizó, y ambuló por el palacio triste y deprimido. Dios, al ver la humilde contrición de Achab, reconsideró y postergó el desastre profetizado para que ocurriese durante el reinado del hijo de Achab, después de la muerte del rey.
Durante tres años reinó la paz entre Israel y Aram. En el tercer año, el rey Josaphat de Judá, el reino hermano del sur, hizo una visita real al rey Achab. Este le confió que había decidido recuperar Ramoth, ciudad que se hallaba bajo el poder del rey de Aram, y le pidió que el ejército de Judá participe en el ataque.
Josaphat le contestó que él estaba dispuesto a cooperar, pero primero quería consultar a Dios. Achab reunió a cerca de cuatrocientos profetas, y les preguntó si se debía o no atacar a Ramoth. Le contestaron unánimemente, "Marche, Su Majestad, y el SEÑOR le entregará la ciudad."
Josaphat, aún no convencido si debía o no participar en el ataque, preguntó si había algún otro profeta de Dios a quien se le pudiese consultar. Achab contestó que había uno más, Micah, hijo de Imlah, a quien odiaba con todo su corazón porque nunca le había profetizado algo bueno, sólo desastres. Josaphat le contestó que Achab no debería decir eso.
Achab ordenó a un oficial de la corte que fuese a traer a Micah. Los dos reyes, vestidos con ropajes reales, esperaron, sentados en sus tronos, en la entrada de la puerta de Samaria.
Todos los profetas que se hallaban frente a los reyes predecían victoria. Uno de ellos, Zedekiah, hijo de Chenaanah, había traído unos cuernos de hierro, y le dijo a Achab que con esos cuernos el rey derrotaría a los arameos.
El oficial de la corte encontró a Micah y le dijo que los reyes le querían hablar. Mientras caminaban hacia la puerta de la ciudad, el oficial le dijo que todos los otros profetas habían profetizado victoria, y que era aconsejable que Micah diga lo mismo.
"Diré sólo lo que Dios me diga", contestó Micah.
Achab, cuando Micah estuvo frente a él, le preguntó si deberían o no marchar contra Ramoth.
El profeta le contestó de inmediato, "¡Marche y triunfe! Dios entregará Ramoth a las manos de Su Majestad". Achab detectó sarcasmo en la respuesta del profeta.
"¿Cuántas veces te he pedido que me digas la verdad en el nombre del SEÑOR?", le preguntó con cólera.
"Veo al ejército de Israel esparcido por las colinas como ovejas sin pastos", contestó Micah.
"¿No te había ya dicho que este profeta nunca me ha profetizado nada bueno, solamente desgracias?", le dijo Achab a Josaphat.
Micah continuó, "Le pido que oiga la voz del SEÑOR. Vi a Dios sentado sobre su trono, y todos los ángeles del cielo rodeándolo a su derecha y a su izquierda. El SEÑOR preguntó '¿Quién persuadirá a Achab a que marche a Ramoth y caiga allí'?" Un ángel dijo algo, y otro opinó diferente, hasta que un cierto espíritu vino adelante del SEÑOR, y le dijo, 'Yo lo persuadiré'. '¿Cómo?' le preguntó el SEÑOR. El espíritu le contestó, 'Iré a los profetas y seré un espíritu de mentiras en sus bocas'. Dios le dijo, 'Anda y persuádelos'. Por lo tanto el SEÑOR ha puesto un espíritu mentiroso en la boca de todos estos profetas, porque el SEÑOR ha decretado la desgracia del rey".
El profeta Zedekíah se acercó a Micah, le pegó una bofetada, y le preguntó "¿En qué forma pasó de mí hacia ti el espíritu del SEÑOR para hablar contigo?"
"Lo sabrás el día que trates de esconderte en la más recóndita de las habitaciones", le contestó Micah.
El rey Achab ordenó a sus guardias que pusieran a Micah en la prisión, bajo la supervisión de Amón, el gobernador de la ciudad, y del príncipe Joas, y que sólo le dieran pan y agua hasta que él regresase sano y salvo de la guerra.
"Si Su Majestad regresa sano y salvo, el SEÑOR no ha hablado a través de mí", fueron las palabras de despedida que Micah le dijo al rey Achab.
Los dos reyes marcharon con sus ejércitos a atacar a la ciudad de Ramoth. Achab le dijo a Josaphat que él iría disfrazado a la batalla, pero que Josaphat debería ir vestido con sus ropajes reales.
El rey de Aram había dado órdenes a los treinta y dos comandantes de sus coches de guerra que ataquen sólo al rey Achab. Cuando vieron a Josaphat, pensaron que era el rey de Israel y lo persiguieron para matarlo.
Josaphat gritó y sus atacantes se dieron cuenta que no era el rey de Israel, y dejaron de perseguirlo.
Un soldado enemigo disparó al azar una flecha que penetró entre las junturas de la armadura del rey Achab, causándole una herida fatal. Achab, agonizante, le dijo al auriga de su carro de guerra, "Da vuelta a los caballos y llévame detrás de las líneas. ¡Estoy herido!" El rey se apoyó en su carro de guerra, frente a los arameos, mientras la batalla continuaba. La sangre de su herida corrió hasta cubrir todo el piso del carruaje. Al caer la tarde el rey murió.
Al anochecer los comandantes dieron una orden al ejército israelita: "¡Que cada hombre regrese a su pueblo!
El cuerpo del rey fue traído a Samaria y sepultado. El carruaje, lleno de manchas de sangre, fue lavado en el estanque de Samaria, donde las prostitutas solían bañarse. Los perros lamieron la sangre de Achab, cumpliéndose así lo que el SEÑOR había predicho.
El hijo de Achab, Ochozías, lo sucedió en el trono.

 

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