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Mi Enfoque # 64 18 de setiembre, 2004

Mi Enfoque # 64    18 de setiembre, 2004

El peor ciego es el que no quiere ver
¿Por qué los liberales de izquierda son antisemitas anti-sionistas?
El tiro salió por la culata
Estudios genéticos del origen de los judíos
Un reino judío en la Edad Media
Pasado, presente y futuro del Yiddish

 

El peor ciego es aquel que no quiere ver
Mi Enfoque # 64    18 de setiembre, 2004

El Dr. Yossi Beilin, ex­parlamentario, - dirigente del mermado partido de izquierda Meretz, hoy rebautizado Yahad, (el cambio de nombre posiblemente refleja la ilusoria esperanza de que esto contribuya a mejorar algo sus resultados en las futuras elecciones) – tiene como el mayor logro de su carrera política haber sido el autor intelectual de la desastrosa, casi fatal, debacle denominada Acuerdo de Oslo.
La enorme mayoría de las personas comunes y corrientes en Israel ha llegado a la triste conclusión de que Oslo fue un engaña-muchachos, y que Beilin es indirectamente responsable de la muerte y mutilación de miles de israelíes. Un clásico ejemplo de que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.
Pero Beilin no es una persona común ni corriente. Cualquier otro en su lugar, lleno de vergüenza y remordimiento por haber dado tan pésimo consejo, se hubiese hecho la cirugía plástica y cambiado de nombre. Pero Beilin no. Sigue convencido de las buenas intenciones de Arafat y de los palestinos, y no hay bomba ni suicida que logre hacerlo cambiar de opinión.
La Biblia relata el caso, de alguien que tomó una decisión drástica, no por dar un mal consejo, sino, exactamente lo opuesto, porque su buen consejo no fue adoptado. Ahithopel, consejero del príncipe Absalom durante su rebelión contra su padre David, previendo las consecuencias catastróficas del rechazo de su acertado consejo de atacar inmediatamente al derrocado monarca, montó en su burro, regresó a su casa, puso en orden sus asuntos, y se colgó. (2 Samuel 17:23).
Hace unos días Beilin tuvo la desfachatez de publicar un artículo acusando a Ariel Sharon de haber sido insincero cuando aceptó el Mapa de Ruta. Mencionó que, mientras los palestinos aceptaron el plan en su totalidad, sin presentar ningún reparo, el gobierno de Israel presentó 14 objeciones.
¡Por supuesto, Dr. Beilin, que los palestinos no presentaron ningún reparo! Ellos han aprobado numerosos acuerdos, planes, y entendimientos sin haber nunca cumplido con ninguna de sus obligaciones ni haber tenido la más mínima intención de cumplir. ¿Para qué necesitaban presentar reparos?
El Dr. Beilin menciona que el Mapa de Ruta estipulaba que en la primera etapa los palestinos debían cesar el terrorismo, pero se olvida de agregar que los palestinos no hicieron absolutamente nada al respecto, y esa es la verdadera razón, no la supuesta insinceridad de Ariel Sharon, por la cual el Mapa de Ruta se fue al tacho de basura de la historia, a hacerle compañía al Acuerdo de Oslo.
Beilin ve la mota en nuestros ojos, pero no la viga en los ojos de Arafat y comparsa.

 ¿Por qué los liberales de izquierda son antisemitas anti-sionistas? 
Mi Enfoque # 64    18 de setiembre, 2004

La Torah dice No debes favorecer en su causa a uno por ser pobre (Éxodo 23:3). En su sabiduría la Torah nos enseña que, a pesar de que instintivamente las personas sienten compasión y simpatía por el oprimido, no es automático que la justicia esté siempre del lado del débil ni la injusticia del lado del fuerte. A veces es al revés.
Los liberales de izquierda no conocen dicha enseñanza, o si la conocen no la aceptan. En reacción pavloviana siempre dan la razón a los que ellos consideran débiles y oprimidos, sin tomar en cuenta las realidades del caso.
El hecho de que Israel firmó el acuerdo de Oslo, y cumplió retirándose de las ciudades palestinas, y que en la Conferencia de Camp David en el año 2000 el Primer Ministro Barak ofreció entregar a los palestinos el 97% del territorio que solicitaban, incluyendo partes de Jerusalem, oferta que Arafat rechazó y contestó con una guerra de terror que ya dura cuatro años, no interesa en lo más mínimo a los liberales de izquierda pues para ellos Israel hoy es Goliat y los palestinos son David.
Desde que Israel, en la Guerra de los Seis Días en 1967, demostró al mundo que los judíos ya no son débiles, y que ahora saben defenderse, los liberales de izquierda se han desilusionado de los judíos. Su imagen mental del judío indefenso, cuyo destino sólo puede ser la persecución y el sufrimiento, (subconscientemente justificado por su rechazo de aceptar la fe cristiana), ha sido reemplazada por la imagen de un judío matón y abusivo que oprime al pobre pueblo palestino.
Su nueva imagen mental del judío les permite declararse anti-sionistas, disfraza su antisemitismo, y justifica para ellos mismos su convencimiento de moralidad superior.
Lo anterior también se aplica a nuestros judíos liberales de izquierda y ultra-izquierda cuyos corazones sufren por los palestinos pero no se conmueven por las víctimas del odio y el terror fanático. Ellos olvidan lo que dijo Hillel hace más de dos mil años, ¿Si no estoy por mí, quién entonces estará por mi?
  
 

El tiro salió por la culata
Mi Enfoque # 64    18 de setiembre, 2004

El periodista árabe-israelí, Khaled Abu Toameh, relata que recientemente voló a Dinamarca con un grupo de adolescentes israelíes y palestinos que viajaban por dos semanas a participar en un seminario organizado por una organización llamada Cruzando Fronteras, fundada por la Unión Europea y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Dinamarca, cuyo propósito es auspiciar el diálogo de jóvenes árabes e israelíes a través de encuentros personales.
Le causó muy buena impresión como los dos grupos conversaban, bromeaban, y se intercambiaban discos de música. Antes de despedirse de ellos les pidió a algunos sus números de teléfono para contactarlos después del seminario y preguntarles que tal les fue.
Dos semanas más tarde, ya de regreso en Israel, les telefoneó, y sus respuestas lo dejaron desalentado. Un muchacho palestino le dijo, "Fuimos como amigos, y regresamos como enemigos". La madre de una chica palestina le contó que su hija se había vuelto más extremista en el viaje a Dinamarca.
Los israelíes contaron que los palestinos expresaron ideas radicales, insistiendo que los asesinos suicidas eran héroes, y que Israel era culpable de atrocidades en Gaza. Lo que más indignó a los israelíes fue la comparación que hicieron los palestinos del Holocausto nazi con las acciones del ejército israelí en Gaza y en la Ribera Occidental.
Toameh llegó a la conclusión de que estos seminarios son inefectivos y contraproducentes, y que los millones de dólares que cuestan se podrían utilizar mejor financiando proyectos que alivien los sufrimientos de ambos pueblos.
  
 

Estudios genéticos del origen de los judíos
Mi Enfoque # 64    18 de setiembre, 2004

Contradiciendo las teorías racistas de los nazis y de sus sucesores, los judíos no somos una raza. Cualquier persona puede convertirse al judaísmo, y, habiéndolo hecho, se considera que también él o ella estuvieron presentes en el Sinai cuando Dios le dio la Torah a Moisés. Gente de muchas razas, credos y colores de piel se han convertido al judaísmo a través de los siglos, desde la época bíblica, (Zipporah, la esposa de Moisés, era midianita y Ruth, la bisabuela del Rey David, era moabita), hasta nuestros días. En Israel uno encuentra en las calles rubios, morenos, negros, personas de ojos achinados o con facciones de indígenas peruanos.
El judaísmo no está basado en raza o descendencia genética pero en la tradición de una religión y de una civilización. Judío es el que se considera judío y se identifica como judío.
Los científicos ven las cosas desde otro punto de vista, y hoy, en Israel y en otros países, aprovechando los impresionantes avances en la tecnología genética, están investigando el origen geográfico de los judíos y su parentesco con otros pueblos.
Un estudio realizado en 9 comunidades judías, desde Georgia en la ex­Unión Soviética hasta Marruecos, descubrió que las mujeres judías tienen una historia genética distinta de los hombres judíos. Mientras que los hombres tienen genes muy similares a las poblaciones actuales del Medio Oriente, las mujeres tienen genes similares a las de las poblaciones de los lugares donde hoy habitan. Esto indica la probabilidad de que las comunidades judías desciendan originalmente de matrimonios entre hombres judíos y mujeres locales, lo cual explicaría porque los judíos en cada país comparten por lo general la apariencia física de la población local. Por otro lado, las comunidades estudiadas tienen una identidad biológica distinta de las poblaciones locales, evidencia de que durante siglos fueron escasos los matrimonios mixtos y las conversiones. Estos estudios refutan la teoría de que los judíos descienden en su mayoría de gente local convertida, o de los Khazars, una tribu turca que se convirtió al judaísmo durante la Edad Media.
Otros estudios han demostrado que los judíos tienen relación mucho más cercana con los kurdos, armenios y los habitantes de la Anatolia turca, que con los árabes palestinos, libaneses y sirios. Un estudio realizado por la Universidad Hebrea de Jerusalem demuestra que los kurdos son el pueblo más genéticamente cercano a los judíos. Ambos pueblos parecen haber tenido antecesores comunes que vivían en lo que hoy es el norte de Irak y de Turquía.
Los judíos etíopes descienden en su mayoría de etíopes africanos convertidos al judaísmo, pero también, aunque en menor grado, tienen relación con los judíos yemenitas. Por su lado, los judíos yemenitas descienden de árabes e israelitas. Los judíos del norte de África y de la región kurda de Irak, a pesar de tener más de mil años de separación, comparten los mismos genes, y descienden en línea paterna de israelitas.
Un estudio de judíos israelíes, y de árabes israelíes y palestinos, encontró que dos terceras partes de ambos grupos tienen los mismos antecesores prehistóricos que vivieron hace 8,000 años. Parece también que una gran proporción de los árabes de la región descienden de judíos que fueron convertidos al Islam cuando los musulmanes conquistaron la tierra de Israel en el siglo 7.
Un estudio de cohanim (hombres que se consideran descendientes de Aarón, el primer Sumo Sacerdote y hermano mayor de Moisés) descubrió que los genes de alrededor del 50% de ellos prueban que descendieron de un solo hombre, que vivió hace unos 3,000 años. Otro estudio descubrió que los mismos genes de cohanim se encuentran en abundancia  en la tribu Lemba en Namibia. Estos negros africanos, cuya tradición dice que descienden de judíos, practican la circuncisión, y no comen chancho. Los genes "cohanim", (que se encuentran muy rara vez entre no judíos) aparecen en los Lemba en la misma proporción que entre los judíos.
Un estudio genético que no tiene nada que ver con el origen de los judíos encontró que el 20% de los judíos tiene una mutación genética que los protege contra el alcoholismo, lo cual posiblemente explicaría porque en los matrimonios judíos los invitados se abalanzan sobre el buffet en vez de formar largas colas frente al bar.
  
 

Un reino judío en la Edad Media
Mi Enfoque # 64    18 de setiembre, 2004

Desde el siglo 7 hasta el siglo 10, alrededor del Mar Caspio, en territorios que hoy son de Rusia, Chechenia, Georgia, Ucrania, Crimea y Azerbaiján, se hallaba el reino de Khazaria, gobernado por reyes judíos, con nombres judíos, cuya población hablaba y escribía hebreo, circuncidaba a los varones, tenía sinagogas, estudiaba la Torah y el Talmud, y festejaba las fiestas religiosas judías. En el apogeo de su imperio, en el siglo 9, su dominio fue tan grande que, emulando al Mare Nostrum de los romanos, el Mar Caspio fue llamado "Mar Khazar", nombre por el cual aún se le conoce hoy en los idiomas árabe, turco y persa.
Los Khazares originalmente fueron una tribu turca nómada que probablemente llegó del Asia Central a la zona del Caucaso en el siglo Cinco. A fines del siglo Ocho, luego de un debate religioso entre representantes del judaísmo, cristianismo e Islam, el Rey Bulan y su corte se convirtió al judaísmo, y poco después el pueblo siguió el ejemplo. A diferencia de sus contemporáneos europeos, el reino de Khazaria fue un modelo de tolerancia y de libertad de cultos. Su corte suprema, compuesta de 7 personas, incluía judíos, cristianos y musulmanes.
En el siglo 10 el reino fue conquistado y destruido por los rusos. Parte de la población logró escapar hacia el occidente a Hungría, Rumania y Polonia, donde se mezclaron e integraron con las comunidades judías del lugar.
Judah Halevi, el famoso poeta judío-español del siglo 11, se basó en la historia de Khazaria para escribir su diálogo filosófico Kuzari.
Arthur Koestler, autor de Oscuridad a mediodía, considerada una de las más grandes novelas políticas del siglo 20, y de Ladrones en la noche, donde relata la historia del conflicto árabe-judío durante la época del Mandato Británico, escribió La treceava tribu donde sugiere que los judíos europeos son descendientes de los Khazares, teoría que, aunque Arafat la ha adoptado con gran entusiasmo ya que su conclusión lógica es negar el vínculo de los judíos ashkenasitas con la tierra de Israel, ha sido refutada por estudios lingüísticos e históricos, y últimamente también por estudios genéticos, que han demostrado que la contribución de los Khazars al ancestro judío es mínima.

 

Pasado, presente y futuro del Yiddish
Mi Enfoque # 64    18 de setiembre, 2004

Durante casi mil años yiddish fue el principal, a veces el único, idioma hablado por los judíos ashkenasitas de Europa Central. En contraste a la mayoría de los idiomas que son hablados solamente por los residentes de una región o de un país, el  yiddish, durante su apogeo, era el idioma de millones de judíos en muchos países del mundo. El Holocausto nazi liquidó a millones que hablaban yiddish y a la cultura originada por dicho idioma. Hoy continúa siendo una lengua viva pero la población que lo habla, principalmente los judíos ultra-ortodoxos, se ha reducido considerablemente. En los últimos años ha revivido el interés por el yiddish y hoy es estudiado en universidades judías y no judías.
Hace mil años judíos de Francia y del norte de Italia, que hablaban un dialecto judío-francés llamado "laaz", establecieron comunidades en lo que hoy es Alemania. El alemán medieval que aprendieron lo mezclaron con palabras y expresiones en laaz, hebreo bíblico y talmúdico, y arameo. La segregación forzada que se les impuso a los judíos después de las cruzadas hizo que el idioma alemán de los no-judíos y la versión hablada por los judíos se desarrollasen en direcciones distintas.
En el siglo 13 los judíos emigraron hacia Polonia, y otras regiones del este de Europa, para escapar de las persecuciones. Allí el yiddish recibió influencias de los idiomas eslavos. Tres siglos más tarde Europa Oriental, especialmente Polonia, se convirtió en el centro más importante del judaísmo, y en esa época cuando el yiddish empezó a ser escrito con caracteres hebreos, como lo es hasta hoy.
El hecho de que los judíos hablaban su propio idioma, distinto del que hablaban las poblaciones donde vivían, les facilitó llevar su propia vida económica y cultural, comerciar entre ellos, y desarrollar redes internacionales de comercio entre las numerosas comunidades judías de Europa.
A fines del siglo 18 y principios del siglo 19 el movimiento de Haskalah promovió la educación secular y la adopción de la cultura de la sociedad exterior. Esto hizo que los judíos alemanes, por la necesidad de comunicarse con los no-judíos abandonasen el yiddish, y lo mirasen con el mismo desprecio que los no-judíos sentían por un idioma que consideraban "bastardo" del alemán. Simultáneamente el hebreo, una lengua que había sobrevivido en los rezos y en los libros sagrados, empezó a resurgir por ser considerada una "lengua más pura", y fue usada por los pioneros que emigraron a la tierra de Israel.
El yiddish pasó a ser el idioma de los shtetel, pequeños pueblos judíos, hablado por gente que, aunque menos cosmopolita y menos educada secularmente, empezaron a expresar y describir su cultura yiddish en literatura, poesía, drama y música. Por primera vez se publicaron periódicos en yiddish, y se escribieron novelas, cuentos, y poemas. Surgieron escritores como Mendele Mocher Sforim, Shalom Aleichem, e Isaac Leib Peretz.
Numerosos grupos de teatro presentaron obras en yiddish en las grandes ciudades y en los pequeños pueblos. Su repertorio incluía obras clásicas como las de Shakespeare traducidas "y mejoradas" al yiddish, y obras escritas en yiddish especialmente para ser representadas.
Los nazis le dieron al yiddish un golpe casi mortal asesinando a seis millones de judíos que eran la mayoría de los que hablaban yiddish en el mundo. Después de la guerra Stalin en Rusia prohibió el uso del yiddish. En Estados Unidos y en Israel la mayoría de las nuevas generaciones dejaron de hablarlo. Se empezó a considerar que el yiddish tenía los días contados.
Pero hoy el yiddish sigue vivo y vibrante. Es la lengua diaria de la población ultra-ortodoxa en los Estados Unidos y en Israel. Se enseña en las universidades judías y no-judías, donde recibe el respeto que se merece con una lengua viva. En Polonia hay un grupo teatral no-judío que se especializa en presentar obras en yiddish.
En 1978 Isaac Bashevis Singer, (1904-1991) recibió el premio Nobel a la Literatura por sus novelas y cuentos en yiddish, que han sido traducidos a decenas de idiomas.

 

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