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Mi Enfoque #358 Marzo 10,2011

Pero, ¿quieren o no quieren tener un estado?
Una parábola
Pequeña nota autobiográfica
Con profesores como estos, ¿quien necesita enemigos?
Tienen en común el talento y el odio
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Pero, ¿quieren o no quieren tener un estado?
Mi Enfoque #358, Marzo 10, 2011, por David Mandel, www.mandeldavid.com

Los palestinos expresan constantemente su deseo de tener un estado independiente, pero sus acciones no concuerdan con sus declaraciones.

En el año 1947 las Naciones Unidas aprobaron el Plan de Partición de la Tierra de Israel en dos estados, uno judío y el otro árabe. Los judíos aceptaron, pero los árabes lo rechazaron.

En 1949, como resultado de la Guerra de Independencia de Israel, aunque los árabes quedaron en control de la Ribera Occidental los palestinos no exigieron crear un estado independiente en esos territorios, sino que prefirieron ser anexados por Jordania. Los palestinos de Gaza no se rebelaron contra los egipcios.

En el año 1964, (tres años antes de que Israel ocupe la Ribera Occidental como consecuencia de la Guerra de los Seis Días), los palestinos fundaron la Organización de Liberación Palestina, OLP, no con el propósito de liberar los territorios palestinos del control jordano y egipcio, sino con el objeto de destruir el Estado Judío.

En el año 1967, pocas semanas después de la Guerra de los Seis Días, Israel ofreció retirarse de todos los territorios que habían quedado bajo su control a cambio de firmar la paz. Los árabes se reunieron en Khartoum, entre el 29 de agosto al 1 de setiembre, y unánimemente rechazaron la propuesta con los famosos tres No de Khartoum, (No a la paz con Israel, No al reconocimiento de Israel, y No a las negociaciones con Israel).

En julio del año 2000, en la Reunión de Camp David, el presidente Clinton y el primer Ministro Barak, presentaron una propuesta a Yasser Arafat, presidente de la Autoridad Palestina, (institución basada en la OLP), que incluía prácticamente todo lo que pedían los palestinos. Arafat la rechazó, (dijo que si la aceptaba sería asesinado), regresó a Gaza donde fue recibido como héroe triunfador, y dos meses más tarde dio inicio a la Guerra del Terror (también llamada Segunda Intifada) cuyo resultado fue la muerte de miles de personas, tanto israelíes como palestinos.

El Primer Ministro Ehud Olmert ofreció a Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, una oferta de paz que incluía el retorno a las fronteras del armisticio de 1949 (en vigencia hasta 1967), la división de Jerusalén, y un arreglo demográfico del territorio. Abbas nunca contestó.

Benjamín Netanyahu, al asumir el cargo de primer ministro, pidió negociaciones directas, dio un discurso en la Universidad de Bar Ilan expresando su deseo de dos estados para las dos naciones, removió cerca de 400 puestos de control para facilitar la economía palestina, aceptó paralizar durante diez meses las construcciones judías en la Ribera Occidental. Nada de esto logró convencer a los palestinos a sentarse a negociar, escudándose detrás de un pretexto, (construcción en los asentamientos judíos) que nunca utilizaron anteriormente.  Por el contrario, glorifican a los terroristas y asesinos de israelíes como acaba de suceder esta semana al celebrar un campeonato de fútbol en Ramalah en honor a Wafa Idris, la primera palestina que se suicidó, matando con su bomba a una persona e hiriendo a 150.

Si los palestinos realmente lo quisieran podrían hoy mismo declarar un estado independiente en Gaza, región Judenfrei*, gobernada por una organización palestina.

La verdadera razón por la cual los palestinos rehúsan negociar con Israel es que el resultado, dos estados, uno judío y el otro árabe, equivaldría a la aceptación expresa o tácita del legítimo derecho del pueblo judío―sustentado por la historia y por las decisiones de la Liga de las Naciones y Naciones Unidas―a vivir en la tierra de Israel, (o, por lo menos, en parte de ella), derecho que Hamás y la OLP rechazan en sus constituciones.

*  Judenfrei (en idioma alemán: "libre de judíos") era un término empleado en la Alemania nazi para designar territorios donde ya no quedaba un solo judío.
 Fuente: Enfoque@netvision.net.il
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Una parábola
Mi Enfoque #358, Marzo 10, 2011, por David Mandel, www.mandeldavid.com

Y esta parábola la contó a algunos que, confiando en si mismos, se creían justos y despreciaban a los demás. (Lucas 18:9).

En una ciudad, hace mucho, mucho tiempo, vivía una familia judía, ni rica ni pobre. El hombre era honesto, trabajador, buen esposo y buen padre. La mujer era una excelente esposa y una madre cariñosa. Los hijos, tres muchachos y una niña, eran estudiosos, considerados y sentían respeto y amor a sus padres. Una familia normal, corriente, nada excepcional.

En una casa cercana vivía el alcalde del pueblo. Era católico como todos en el pueblo, excepto la familia judía. El alcalde era laborioso, caritativo, devoto y creyente hacía todo lo que podía por sus prójimos, de acuerdo a las enseñanzas de su religión. Le daba mucha pena que la familia judía, a la cual él solía ver pasar en el barrio, estaba condenada al infierno, por ser, según le habían enseñado en la iglesia, deicidas, asesinos de Cristo.

Un día, el alcalde no pudo resistir más y fue a hablar con la familia judía. Tocó la puerta y el dueño de casa lo invitó a entrar. Luego de conversar de esto y de aquello, dijo a la familia que debían reconocer la divinidad de Jesús y convertirse al cristianismo pues de lo contrario serían torturados en el infierno durante toda la eternidad. El judío le agradeció su preocupación, y le contestó que él consideraba que Jesús fue un buen hombre, que sus enseñanzas merecían ser seguidas por sus fieles, pero que él continuaría en la religión de sus padres, cumpliendo los mandamientos que Dios dictó a Moisés en la Torah.

El visitante se fue desilusionado, y no pudo evitar sentir cierta antipatía hacia esa terca familia, que no quería comprender el error en el que vivía. Visitó a los judíos un par de veces más, pero siempre con el mismo resultado negativo. La antipatía, gradualmente, se fue convirtiendo en un odio obsesivo.

En esos días ocurrió una desgracia en el pueblo. Un niño desapareció, y a pesar de que se realizaron intensas búsquedas, no fue encontrado. Esto ocurrió en la semana durante la cual la familia judía festejaba su fiesta religiosa de Pesaj. El alcalde, en su mente, relacionó los dos eventos, la desaparición del niño con la fiesta religiosa del judío, y llegó, horrorizado, a la conclusión de que el judío había matado al niño para usar su sangre en un ritual religioso.

Lo hizo arrestar y juzgar por asesinato y blasfemia. El judío negó todos los cargos, pero el alcalde encontró testigos que juraron haberlo visto matar al niño. El acusado fue condenado a morir en la hoguera, su casa fue incendiada por la turba, sus bienes fueron confiscados, su hijo menor fue entregado al cura de la iglesia para que lo eduque en la religión católica, y su esposa y los otros hijos fueron expulsados del pueblo, y nunca más se supo de ellos.

Un par de días antes de la ejecución se produjo un alboroto en el pueblo. El alcalde salió de su casa para averiguar que es lo que pasaba, y le dijeron que el niño había regresado, sano y salvo, contando que, debido a una pelea con sus hermanos, se había escapado al pueblo vecino donde vivían unos parientes.

El alcalde fue a la cárcel e informó al judío que lo exoneraba del crimen del cual él, el alcalde, lo había acusado, juzgado y condenado. Era cierto que su casa había sido incendiada, que el cura se negaba a devolver a su hijo, y que su esposa y sus otros hijos habían sido expulsados del pueblo, pero, lo más importante, el judío había sido exonerado del crimen.

Esa es la parábola.

El Papa Benedicto XVI acaba de publicar un libro en el cual exonera a los judíos del crimen de deicidio. ¿Qué podemos decir? ¿Gracias?

La Iglesia acusó, la Iglesia juzgó, la Iglesia condenó. Cientos de miles murieron por causa de una acusación históricamente falsa. Murieron quemados vivos en la hoguera, fueron torturados, expulsados de sus hogares, las mujeres violadas, muchos fueron convertidos a la fuerza, otros fueron víctimas de pogroms, y finalmente millones fueron exterminados en el Holocausto.

De todos modos, gracias Papa Benedicto por la exoneración. Más vale tarde, aunque sea demasiado tarde, que nunca.
Enfoque@netvision.net.il
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Pequeña nota autobiográfica
Mi Enfoque #358, Marzo 10, 2011, por David Mandel, www.mandeldavid.com


Charles Dickens comenzó su novela David Copperfield llamando al primer capítulo: I am born ("Nací"). (Es interesante el hecho de que en castellano con una sola palabra decimos lo mismo que en inglés dicen con tres palabras. Y hebreo es aún más compacto, lo cual explica porque los libros traducidos del inglés al hebreo tienen, en su versión hebrea, un 30% menos de páginas. Gran ahorro de papel y de tiempo de lectura).

Pero, estoy divagando. Volviendo a mi tema, copio el título del capítulo de Dickens, y comienzo: Nací. Nací en el Perú, país, que, en esos años, era profundamente católico. Me crié en el seno de una familia judía tradicional. Estudié en un colegio de misioneros protestantes, donde la tercera parte del alumnado era judío.

En mi hogar recibí con orgullo la herencia religiosa milenaria que me impartió mi abuelo, viudo que vivía con nosotros, y me enseñaba en las tardes el Tanaj, (la Biblia hebrea). Los viernes en la noche y los sábados en la mañana iba con él a rezar en la sinagoga.

Cada mañana, de lunes a viernes, empezaba el día escolar en el salón de actos del colegio, en compañía de todos los otros alumnos, escuchando al director del colegio leer y explicar el Nuevo Testamento. En la clase de religión estudiamos la vida de Jesús, sus enseñanzas que transmitía mediante parábolas, y los viajes de Saúl de Tarso, más conocido como el apóstol Pablo.

Aprendí que, bajo la superficie de los dogmas, las religiones comparten las mismas leyes morales y éticas que Hillel resumió en la frase "No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti", y que Jesús citó de la Torah, cuando dijo "Ama a tu prójimo como a ti mismo", (Levítico 19:8).

Si la humanidad siguiese estas leyes, "el reino de Dios estaría entre nosotros", (Lucas 17:21).
Enfoque@netvision.net.il
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Con profesores como estos, ¿quien necesita enemigos?
Mi Enfoque #358, Marzo 10, 2011, por David Mandel, www.mandeldavid.com

El rey Salomón, el más sabio de todos los reyes, sentía asombro por tres cosas, y una cuarta no podía comprender: el rastro del águila en el cielo, el rastro de la serpiente en la roca, el rastro del barco en alta mar, y el comportamiento del hombre con una mujer joven, (Proverbios 30:18-19). Si viviese hoy, podría añadir a su lista de cosas que producen asombro, o son incomprensibles, el odio obsesionado que un número de académicos israelíes sienten hacia el país donde han nacido.

A continuación menciono algunos de los académicos israelíes que toman parte activa e importante en el Festival Anual de Odio a Israel, (conocido también como "Semana de Apartheid de Israel") o actúan contra Israel:

Dra. Dalit Baum, Universidad de Haifa
La Dra. Baum hablará en representación de una organización llamada "Code Pink", cuyos miembros, según el Washington Post, protestaron, hace algunos meses, contra una conferencia pro-israelí de AIPAC, cargando carteles que decían "Dios odia a los judíos", y "Comerán a sus bebes". También hablará en la conferencia anual de Jewish Voice for Peace, organización considerada por la Liga de Anti-Difamación como una de las diez organizaciones más anti-israelíes en los Estados Unidos.

Shir Hever, Universidad de Tel Aviv
Hever dará una conferencia en Holanda. Titulada. "La política económica de Israel es una forma de apartheid", en la cual, según información en Internet, "denunciará la discriminación existente en Israel contra mujeres, contra nuevos inmigrantes, contra judíos nacidos en países árabes, contra árabes israelíes, y contra palestinos".

Elinor Amit, ex-profesora de la Universidad de Tel Aviv
Dará una conferencia en la Semana de Apartheid de Israel en Boston.

Eyal Sivan, Sapir College
Hablará en la Semana de Apartheid de Israel en Neuchatel, Francia, presentando una película sobre las naranjas de Jaffa, "metáfora sobre la negación de la existencia de los árabes palestinos".

Amir Locker-Biletzki, estudiante de doctorado en la Universidad de Guelph
Amir, que se negó a hacer su servicio militar, hablará en Ontario, Canadá, sobre porqué "Anti-sionistas israelíes no reconocen el derecho de Israel a existir como un estado judío".

Profesora Rachel Giora, Universidad de Tel Aviv
Pidió al gobierno de Polonia que actúe contra "los crímenes de ocupación" realizados por Israel.

Merav Amir, Universidad de Tel Aviv
Provee información al movimiento palestino de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra Israel. Acusó a Israel de "robar tierra palestina" para ejecutar el proyecto de tren rápido de Tel Aviv a Jerusalén.

Shlomo Sand, Universidad de Tel Aviv
Escribió un libro, gran éxito de librería en Europa, negando que los judíos sean un pueblo, que nunca fueron expulsados por los romanos, y por lo tanto "no hay derecho al retorno". Los judíos son descendientes de diversas tribus, como los Khazar en el Caucaso y los Berberes en el norte de África. Últimamente dio una conferencia en Londres sobre la posibilidad de que los israelíes masacren a los no judíos en Israel.

Roy Kreitner, Universidad de Tel Aviv
Hace un mes dio una conferencia a la Sociedad Islámica de Harvard proponiendo que se boicotee a Israel.

Neve Gordon, Universidad de Ben Gurión
Escribió un artículo en el Los Angeles Times proponiendo un boicot comercial, cultural y académico contra Israel. Apoyó a la flotilla turca que desafió el bloqueo marítimo de Gaza.

Eyal Ben Ari, Universidad Hebrea de Jerusalén
Auspició una tesis de doctorado que acusaba a los soldados israelíes de racismo por "no dignarse a violar a mujeres palestinas". Hoy está acusado por varias de sus alumnas y ex-alumnas de molestarlas y forzarlas a tener sexo con él. Es evidente que su interés en violaciones no es unicamente teórico sino que se basa en inclinaciones personales.
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Tienen en común el talento y el odio
Mi Enfoque #358, Marzo 10, 2011, por David Mandel, www.mandeldavid.com

José Saramago, (difunto) ganador del Premio Nobel a la Literatura Mel Gibson, ganador del Oscar al mejor director Oliver Stone, ganador de tres premios Oscar John Galliano, diseñador principal de la firma Christian Dior y Mikis Theodorakis, afamado compositor de la música de Zorba el griego, son gente de enorme talento, prominentes en sus respectivas profesiones.

Los cinco también comparten otra característica. Saramago, ("Ramalah es peor que Auschwitz") Gibson, ("Malditos judíos, son responsables por todas las guerras del mundo") Stone, ("Los judíos dominan los medios. Israel ha jodido la política internacional de los Estados Unidos durante años") Galliano, ("Amo a Hitler. Gente como ustedes debería estar muerta. Sus madres, sus antepasados, deberían haber sido matados con gas") Theodorakis, ("Los judíos son la raíz de toda la maldad"), tienen en común un sentimiento obsesivo e irracional contra los judíos. A pesar de su indudable inteligencia, generalizan, culpan a millones de personas sólo por tener la misma religión o la misma identificación étnica, y expresan frases que avergonzarían a un idiota, por ir contra los hechos y la lógica.

Por ejemplo, en el caso de Theodorakis, su frase, "raíz de todo la maldad",  incluye a los médicos judíos, varios de ellos ganadores del Premio Nobel, que merecen el reconocimiento y gratitud de la humanidad por sus investigaciones y descubrimientos, tales como Baruj Blumberg, ganador del premio Nobel por sus investigaciones en epidemiología Andrew Schally, ganador del premio Nobel, por sus contribuciones a endocrinología Bernard Katz, ganador del premio Nobel por sus estudios en transmisiones neuro musculares Joseph Goldstein, premio Nobel en medicina Paul Ehrlich, premio Nobel por haber encontrado un tratamiento para la sífilis Elie Metchnikoff, premio Nobel, por su investigación en la inmunidad en enfermedades infecciosas Albert Sabin y Jonas Salk, creadores de la vacuna contra el polio, y muchos otros.

Pero, tengo una confesión: dos de mis diez nietos, (todos ellos judíos), ambos de 4 años de edad, sumamente traviesos, hacen la vida imposible a sus exasperadas mamás. A pesar de eso, considero que llamarlos―como lo hace Theodorakis―"raiz de toda la maldad", es una exageración.
 Enfoque@netvision.net.il

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